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Cultura  |  04 febrero de 2024  |  12:00 AM |  Escrito por: Administrador web

Retazos de la memoria

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Un texto de David Lara Ramos, escritor, periodista, reportero gráfico y docente Universidad de Cartagena. Publicado en el libro Colcha de relatos.

La memoria es una entidad que habita nuestro interior. Creemos que se aloja en nuestro cerebro, quizá por una obviedad racional, pero no. La memoria nos recorre como una vibración permanente. Se alimenta de experiencias, consume tiempos y espacios. La memoria nos siente. Su dominio está en los sentidos. Es capaz de alucinar olores del pasado; sentirlos sin que nadie más los detecte; trae músicas del goce de alguna fiesta callejera; recrea conexiones con seres humanos que son apenas fragmentos de la vida. Todo puede suceder sin la conciencia de un mundo exterior. Es un espacio que se levanta muy adentro de los silencios del cuerpo.

 

Escribió el novelista y cronista norteamericano, Norman Mailer, en su libro Un arte espectral, que una experiencia puede ser evitable o inevitable. Recuerda que su presencia en algunos centros psiquiátricos cuando tenía 19 años, estaba sustentada en la idea de exponerse de forma consciente a esas vivencias, como forma de aventura. Según cuenta, una semana en aquel centro psiquiátrico bastó para tomar historias y luego convertirlas en una novela. Luego, al ser reclutado para ingresar a las filas del ejército de los Estados Unidos, durante la Segunda Guerra Mundial, algo que no pudo evitar, a pesar de que buscó mecanismos para evadirse del servicio militar. Le tocó irse a la guerra. Así, llegó a la conclusión que esas experiencias que no pudo controlar son las que terminaron moldeando su ser, configurando un nuevo sujeto y por supuesto a otro escritor.

El Libro de la memoria, del escritor Paul Auster, arranca con estas líneas que ahora cito: Coloca una hoja en blanco sobre la mesa y escribe estas palabras con su pluma:  Fue. Nunca volverá a ser. No hay memoria en blanco, parece decirnos. Sin trazos ni cicatrices ni marcas ni señales. La memoria es evidencia. Esa evidencia puede estar sumida en un relato, en la voz que la cuenta, en el ser que toma la hoja en blanco y arroja sobre ella las palabras. Es ejercicio de armar y desarmar esa vida que fue y ya no será. Puede llegar a ser doloroso sin importar si el relato obedece a la tragedia o al goce.

La memoria es también un dolor en reposo.   

Los integrantes del taller de escritura café&letras renata de Armenia se auto impusieron la tarea de colocar la página en blanco sobre la mesa. Visitar esa entidad vibrante para ahondar en sucesos que han gravitado en el cuerpo. Establecieron que debía tener la forma de un relato, de una crónica que plasmara retazos de una vida, en últimas, declararon que se trataba de hacer en conjunto una colcha de sus propios dolores, de pesares, de experiencias inevitables con las que siguen acompañando sus vidas.

La memoria es una compañía que se resiste a deshabitar el cuerpo.

También las han llamado historias de resiliencia, así esa palabra sea hoy parte de ese grupo de términos que de tanto repetirse terminan por degradarse, por expandir sus sentidos o minimizar sus alcances. Al final, en el taller también se escribe para autorreconocerse, poner en balanza cada recuerdo, sentir su peso, cargarlo, para luego arrancar una conversación que lo deja con ímpetus de levedad.    

La escritura se convirtió en un taller para exteriorizar nuestro ser; limitar nuestra reflexión a partir de esos hechos que vamos dándole formas con ejercicios de autoindagación, una reportería del yo, como la llamé cuando escribí mi Diario del confinamiento, que será publicado en 2024.

Luego de meses de taller, los integrantes de café&letras renata han hecho de esa memoria llena de pliegues, capas y subcapas, un relato único. 

Walter Benjamin establece en su texto El narrador, que la muerte del relato oral está en la posibilidad de escribirlo, de hacerlo texto (único). ¿Funciona acaso la memoria como un relato oral que nos habla a toda hora sobre nosotros mismos?

La memoria también rumia. La memoria también se transforma con nuestra propia mirada interior. La memoria es múltiple, amorfa, secreta, clandestina, si se quiere, se guarda, se esconde ante el escrutinio externo. Como una especie de descubrimiento, escribir aquello que fue y ya no será, no genera la muerte de la memoria, por el contrario, intensifica su nivel de vibraciones. Al publicarla, mediante un ejercicio creativo, se involucran otros seres para interrogarla y analizarla (hasta juzgarla, claro).  

Lo que hacen ahora cada uno de los miembros del taller café& letras renata es revelarse en su sinceridad, limitar también esa condición trascendente, infinita que es carácter entrañable, inspirador de los sentidos; los sentires.  

Visité en septiembre 14 y 15 de 2023 la ciudad de Armenia, Quindío, con el fin de conocer el resultado de esa autoindagación. Ofrecí un taller de crónica como una forma de escritura que podría ajustarse a sus relatos. El punto más complejo fue qué llevar al papel y qué seguir dejando en la memoria, una decisión de autor que es también una forma de discernir sobre las confrontaciones a nuestra propia humanidad, a las maneras de haber vivido y a las maneras de dejar para la posteridad relatos de hombres y mujeres que cargan el peso y el dolor de su propia existencia.

La vida de un militar que representa a su patria en territorio lejano; una mujer que sufre los maltratos de un padre; las atrocidades sucedidas en una región; el colapso de un puente; estirpes signadas por la tragedia y la  fatalidad; épocas de violencias que se repiten como marcas territoriales; una mujer que supera adversidades y logra el camino de su realización personal; enfermedades que marcan y hacen grande a un ser humano, son algunas de las historias que encontramos en esta antología de memorias que por un momento dejan de vibrar en el cuerpo para que un lector anónimo las sienta en el papel o en su propia entidad interior.

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