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Columnistas  |  28 mayo de 2023  |  12:00 AM |  Escrito por: Johan Andrés Rodríguez Lugo

¡Rocket!

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Johan Andrés Rodríguez Lugo

Guardianes de la Galaxia Vol.3 se nos presenta como el final de una de las mejores trilogías del universo MARVEL. La construcción de personajes ha sido resaltada desde el primer lanzamiento y muchos fans del universo, de los que no conocen los comics, encontraron en este grupo de mercenarios unos referentes sobre la amistad, el amor, la justicia y la irreverencia al poder, pues cada uno de los miembros de este diverso grupo lleva consigo una historia, una cruz, un recuerdo, un pasado que a lo largo de las entregas se fueron revelando y que hacen parte de la construcción misma de los personajes. Desde el lanzamiento en taquilla, a diferencia de otras películas, ha tenido un rotundo éxito a pesar de que pareciera existir un estancamiento en el desarrollo de la Fase 5, quizás sea el karma por haber matado a Iron Man y a Black Widow. ¡Imperdonable!

Está de más aclarar la diferencia entre las películas y los comics, pero intentemos. Se hace molesto – como si todo esto fuera importante, aunque lo es – volver a repetirle a los sabiondos que los formatos audiovisuales funcionan de forma independiente y, que además, si no encuentran en las películas los detalles, palabras, expresiones, escenarios y personajes que están en los comics es porque los guionistas tomaron sus propias decisiones y construyeron una historia propia para presentar en el cine. Esto no quiere decir que no se hayan leído los comics – o que vos, Arnulfo, sepás más –. Aclarando esto, conversemos entonces sobre esta película que ha movido sentimientos en redes sociales y ha provocado llantos en quienes se conmovieron al ver animalitos morir, como si fuera una novedad, sobre todo en Colombia.

Lo que siempre resalto de este tipo de películas es la construcción de los personajes porque parecieran humanos cotidianos haciendo cosas extraordinarias. Es una apuesta de guion que me gusta, pues el personaje que inicia la película no es el mismo que la termina, y aunque esto es lo mínimo que debería ocurrir en una narración, en el universo MARVEL, además, se nos proponen discusiones mundanas y reflexiones sobre lo que sucede a nuestro alrededor, a pesar de que los efectos, estrategias y desarrollos técnicos nos ubiquen en diferentes universos, lo menos relevante para este espacio es el súper uso de la pantalla verde, porque bueno, el diseño es increíble, pero gracias, quiero ver personajes encontrarse.  

En Guardianes de la Galaxia las luchas por el pasado son evidentes, desde el primer instante, de la primera película, con el primer personaje que aparece en escena, encontramos un conflicto sobre la pregunta “¿de dónde vengo?” y a partir de esto se ofrece una construcción sobre la afirmación “aquí estoy y esto es lo que hago, lo que sé hacer”. Esto se repite a lo largo de las películas de MARVEL y funciona. Se me hizo interesante encontrar la forma en que se construye una amistad, para estos mercenarios quien es capaz de dar la vida por el otro o por lo justo es sinónimo de amigo, la construcción social sobre el concepto de amigo se traduce en aquellos quienes constantemente están con nosotros, quienes nos escuchan, quienes nos acompañan, de quienes sabemos cosas que muchos no saben, en quienes encontramos confianza y, sobre todo, a quienes a pesar de las extremas diferencias somos capaces de tolerar, entender y comprender. No hay nada más diverso que las amistades y, sin embargo, en ellas encontramos muchas veces más cariño, compañía y amor que en nuestras propias familias.

La apuesta entonces de la tercera entrega se da a partir de descubrir quién era 89P13, mejor conocido como Rocket, un mapache supremamente inteligente, conocedor de armas, tecnología, escapes, chistes y un experto en decir cosas hirientes a los demás. La forma de expresar cariño se da a partir del juzgamiento, del insulto, del reconocimiento de lo poco que valen para el universo y de lo cruda que es la vida que les tocó. En las 3 películas nos encontramos un personaje con una pregunta sobre su pasado, un comportamiento cuestionable en su relacionamiento, pero un fiel coequipero. El coctel de sentimientos que se encuentra en Rocket es saldado entonces al encontrarnos ante un infante de quien se aprovecharon y a quien utilizaron, ultrajaron y pretendieron matar en un momento determinado cuando ya, pareciera, no serviría para más.

La metáfora de la búsqueda de perfección universal se repite con el personaje del Alto Evolucionador, quien en su búsqueda del bien quiere generar una especie completamente perfecta a partir de la metodología científica del ensayo y el error. La expresión de la objetividad se encuentra reflejada en quien no siente un atisbo de sentimiento por sus objetos de estudio, pues se quedan allí, en cosas usables para fines superiores y, que además, refuerzan el imaginario – no gratis – de que los científicos son malos, la evolución es un error y la locura viene dada con el adjetivo de doctor. Este es otro recurso que ha funcionado durante décadas en la construcción de los villanos, pues la mayoría tienen doctorado, lo que refuerza, inconscientemente, el desdén por el saber a partir del mal que pareciera se hace. Y se logra, sobre todo a partir de una crítica moderna al uso de animales para fines cosméticos que ya nos explicaba el conejito Ralph.

Rocket, entonces, es el resultado de una mutación genética en búsqueda de la perfección que inicia con las capacidades animales combinadas a las humanas y luego a las máquinas, esto también está en Gamora y en Nébula, pero no nos causa tanta indignación como en el conejo, la nutria y la morsa. Sin duda la escena en que luego de reconocerse como amigos deciden nombrarse es una de las más importantes y recuerda que todo existe en cuanto pueda reconocerse por su nombre, ya sea Rocket, Piso, Dientón o Lylla. La lucha de vida que tuvo nuestro mapache se vio dada a partir de la superación de aquel pasado traumático del que nunca se hizo justicia hasta el final de esta película y que nos recuerda que los “problemas paternos” también hacen parte del tipo de sociedad que tenemos actualmente, pero que para conversarlo y reconocerlo, en este caso en MARVEL, se nos llevarían más columnas. Por ahora, dejo la invitación a ver la película y a ir más allá del concepto de película crispetera, que aunque lo sea, deja cosas para la conversación diaria.

 

Johan Andrés Rodríguez Lugo

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