Por Francisco Cifuentes
El “Animal Político” y los guerreros primitivos
Es en “La Política”, texto del filósofo griego del siglo IV a.C. Aristóteles, donde por primera vez se halla una consideración categorial acerca del desempeño de los hombres como miembros de la “polis”, al considerarlos un “Animal político” (“Zoon Politikon”) por naturaleza, en la medida en que es un ser que solo puede realizarse plenamente y alcanzar la felicidad, viviendo dentro de una comunidad organizada como la “nación – estado” de la Grecia clásica.
A diferencia de otros animales y seres vivos, es al hombre al que se le caracteriza fundamentalmente por poseer la capacidad del “logos” y, por eso, con esta dotación sustancial, él se va a diferenciar de los otros animales simplemente gregarios, en la medida en que se vale de la razón y de la palabra para expresar y compartir conceptos morales acerca de lo justo, lo injusto, lo bueno y lo malo. Ahí es cuando precisamente nace lo que hoy se considera como lo “ético político”, pilar fundamental para la acción de los gobernantes y de sus ciudadanos.
El resto serían simplemente “bestias” y más adelante se les categorizaría como “bárbaros” a aquellos miembros que estaban fuera de la “polis” y atentaban contra su integridad, primero grupal y después nacional. Aquel otro animal, dotado de palabra y su capacidad para dialogar (dia “logar”), estaría potenciado tanto para el ejercicio del poder como para su desempeño ciudadano.
Pero mucho antes de la antigüedad greco-romana los hombres de la “Era del Fuego” como se ve en la obra “El Mono Desnudo” de Desmond Morris, en la que se basó la película “La Guerra del Fuego”, los hombres primitivos cazaban y despellejaban a los animales para poderse vestir y proteger de las inclemencias de su abrupto ecosistema. Es decir, fue una necesidad vital asumir el ropaje animal para defenderse de las fieras.
Ahora bien, los hombres de las guerras primitivas asumían como “tótem” algunas figuras y partes de los animales más cercanos para insuflarse fuerza y darse cierta identidad y con ello iban al combate dotados de una capacidad espiritual y física que les permitía defender su territorio y su grupo social. Esto puede encontrase en la obra “Tótem y Tabú” del sicoanalista Sigmund Freud y en muchos antropólogos que han estudiado originalmente el tema de la fuerza, la representación y la conducción original de las masas.
Por su parte el químico y literato Elías Canetti en su gran ensayo “Masa y poder” describe y explica, entre muchas cosas y procesos sociales, como en los inicios del control de los grupos humanos, los guerreros iban ataviados con máscaras de animales, cascos con cueros que simulaban la fuerza de las fieras y sonidos semejantes a estos seres, para darse una fuerza especial y amedrentar al enemigo; es decir, que es de vieja data esta condición animalesca que ahora reencarnan los políticos modernos para azuzar a sus súbditos y enfrentarse a sus opositores. De tal forma que se trata del mecanismo original y bestial del ejercicio de la política y el poder.
Los animales bíblicos y su simbolismo
“La Biblia” en su calidad de texto fundador de la tradición judeocristiana no solamente coloca a funcionar los personajes divinos y humanos en sus relatos fundamentales y ejemplares, sino que también acude a una serie de animales relacionados con la cohesión espiritual, su degradación y la representación de esa fuerza originaria de la sociedad y, por supuesto su Iglesia; lo que evidentemente ha influido hasta nuestros tiempos. Así, los animales en la Biblia están por todas partes: en el “Génesis” como criaturas divinas y dotados de bondad originalmente, pues poseen “nefesh”, aliento o fuerza vital. Las “ovejas” se mencionan más de 500 veces, simbolizando la pureza, el sacrifico y el pueblo guiado por Dios; pero a los dirigentes como Jesús, los designa “Buenos Pastores” asignándole a los líderes una categoría de inteligencia y bondad para con su pueblo; lo que ha quedado lastimosamente muy alejado de la verdad en estos tiempos aciagos de liderazgos enrevesados por la mentira, la máxima ideologización y la esclavitud a través de medios sofisticados, como las redes y la inteligencia artificial.
“La serpiente” que aparece en el huerto de “El Edén” iniciando su existencia con la caracterización de astucia, tentación y causa de la caída del hombre; lo que ahora tiene más significado en el ejercicio de la politiquería y el abuso del poder. La “paloma” estará desde siempre vinculada a la paz y la esperanza; pues recordemos que según el relato bíblico ella regresa con una rama de olivo donde Noé y su Arca, y estará presente en el bautismo de Jesús. Ahora con la representación y el significado de este animal todos los poderosos del mundo juegan para apostarle dizque a la paz, mientras alientan cada vez más los conflictos bélicos, sus crímenes de lesa humanidad y los genocidios, tanto en el oriente como en el occidente, tanto en las potencias de izquierda como en las de derecha.
También aparece en el texto bíblico la figura del “león” para denotar fuerza y ferocidad; que son unos de los elementos que persiguen representar a los políticos como Milei en la Argentina, con un discurso lleno de animalidad como ideología, pero con el cual ha conseguido muchos adeptos. Referente al “becerro” es preciso recordar que estuvo aliado al significado de la adoración maligna (“El Becerro de Oro”), a lo que podíamos llamar hoy día como insignia de las ideologías; pues aquel pueblo distante estaba preso de su embrujo; es decir, seguirlo implica tergiversación que es lo que prima en el consumismo moderno y en la despersonalización del individuo.
Los animales y “el trastocar de todos los valores”
Pero en otra dirección el pensador alemán Federico Nietzsche, que pretendió “trastocar todos los valores” y “filosofar a martillazos” dando en parte al traste con la tradición occidental hasta ese momento, en su obra fundamental “Así habló Zaratustra” trae a colación la figura de “el águila” considerada por él como “el animal más orgulloso bajo el sol” para simbolizar la inteligencia, la amplia visión y la fuerza del hombre para superarse a sí mismo, su mediocridad y vencer “el espíritu de pesantez”; es decir, el pesimismo y las cargas morales. Cuando se permite ligar el águila con la serpiente piensa en la altura del espíritu y la astucia terrenal, vinculo necesario para lograr la plenitud humana.
El mismo filósofo en la obra mencionada trae un discurso titulado “De las tres transformaciones” en las cuales el hombre pasaría por “camello”, “león” y “niño”, expresando así un tránsito entre la obediencia, la rebeldía, el olvido y el nuevo comienzo. Todo lo anterior será necesario para lo que él denominó “la voluntad de poder” y otros filósofos le han agregado “la voluntad de saber”.
Los animales y su simbolismo en la antigüedad greco-roma
En el antiguo Imperio Egipcio el “halcón” estaba vinculado al dios Horus representando al cielo y al Faraón mismo como máxima reencarnación de ese poder. El “toro” como “Toro Apis” para mostrar la fertilidad y la virilidad y así garantizar el orden divino en la tierra. Mientras que el “león” y la “leona” eran deidades guerreras, implacables contra los enemigos. La “cabra” está en la frente de la corona del Faraón, mostrando el poder ígneo y su destrucción. El “buitre” y la “cobra” eran los protectores del Alto Egipto y con ellos mostraban el dominio sobre su amplo territorio conquistado y mantenido con base en las guerras. Por su parte el “cocodrilo”, además de la fuerza del rio Nilo, simbolizaba el poder absoluto de los faraones.
En la antigua Grecia, precisamente en “La Ilíada” y “La Odisea”, el águila era el ave fiel de Zeus, mostrando su gran poder y visión total sobre los hombres, la nación y el territorio del imperio. “El toro” era la fuerza bruta y la fertilidad. “El caballo” y “el león” dominaban los mares con corceles, mientras que Apolo o Artemisa usaban fieras y animales salvajes para marcar su dominio en la naturaleza. Todo lo anterior se transmitía a través de la escritura, los cantos, la poesía, los ritos y la arquitectura para que su pueblo los venerara y le obedecieran tanto a los dioses como a los gobernantes, que eran encarnaciones de los mismo. Es decir, tanto la religión como la política acude a la mitología y a la religión para el ejercicio del poder y su justificación. Por eso Pegaso era un “caballo alado” que ayudaba a los héroes griegos en sus batallas. Y los hombres que querían ser líderes en la guerra debían mostrar su fuerza y su valor venciendo a monstruos como la Quimera y la Hidra, formados por partes de león, cabra o serpiente.
No podemos olvidar y ahora está de moda el famoso “Caballo de Troya” por la película de Christopher Nolan, “La Odisea”, que funcionó como una estrategia para destruir desde adentro la ciudad de Troya por parte de los guerreros griegos. Los señuelos se han seguido usando en muchas contiendas militares por el poder nacional e internacional; por ejemplo, es el caso del mariscal de campo alemán Erwin Rommel, apodado “El Zorro del Desierto” por sus tácticas engañosas en el Afrika Korps en el norte de África durante la II Guerra Mundial, donde peleó a nombre de Hitler.
También en la antigua Roma los animales simbolizaban el poder divino, político y militar así: empecemos por “la loba” en la narrativa histórica de la fundación por parte de Rómulo y Remo, quienes fueron alimentados y protegidos por ella. El Águila cual representación de Júpiter que era el dios supremo, y cada legión militar para ir a la batalla portaba su estandarte.
Otros animales que identifican algunos imperios
Otros casos especiales donde los animales son símbolos de poder, se pueden encontrar por ejemplo en la Alemania de la época de Adolfo Hitler, en la cual “El Águila del Reich” (“Reischsadler”) aparecía en el escudo oficial posada sobre una cruz esvástica encerrada en una corona de roble, constituyéndose así en el emblema del nacionalsocialismo que tantos estragos causó a la humanidad y cuyos rebrotes siguen vigentes en la actualidad por juventudes neonazis, entre otros grupos nacionales, sociales y políticos.
En el Japón ya es una tradición mítica, cultural y nacional la identificación con el “faisán verde” (“Kiji”), la “grulla japonesa” (“tancho”) y el “Yatagarasu” (“cuervo de tres patas”) que está en el escudo de los guerreros conocidos como “Samuráis Azules” e incluso identificó a su selección de futbol en las recientes competencias mundiales.
En el mundo oriental también podemos hallar “el león con una espada” en la bandera de Siri Lanka, simbolizando el poder y la fuerza nacional. Y en el caso de Irán, “el león y el sol” estaban en la bandera hasta 1980, cuando se identificaban con la antigua Persia, que eran dos pilares del Estado, la sociedad y la religión islámica; pero esto se reemplazó con la revolución de 1979 con lo que se conoce como “El Escudo de Armas de Irán”, demostrando mayor militarismo por la Guardia Islámica, aunque conservan su identidad religiosa.
Desde la época de los Zares el “Águila Bicéfala” representa el vuelo y el poderío de Rusia, igual que el “Oso pardo” u “Oso ruso”, símbolos de la cultura popular tradicional, pero que muestran la fuerza de un imperio que se reíste a caer después de la debacle de la URSS y cuyos embates aún están causando estragos por ejemplo en la invasión hacia Ucrania; pero, además, con tentáculos en muchas regiones del mundo oriental y occidental. Es decir, el vuelo del águila y la fuerza del oso aún son muy poderosos en el ajedrez de la geopolítica internacional.
Por su parte la China tiene como animal nacional “el oso panda gigante”, que por un lado simboliza la paz y la amistad y por el otro nos da a entender el famoso “abraso del oso”; juego en el cual están cayendo cantidad de países tal vez sin darse cuenta que están quedando atrapados en el nuevo expansionismo del comunismo oriental, que está modificando la geopolítica internacional.
Los EE.UU. con el fin de representar su nación y los relatos de guardianes de la libertad, la democracia y la independencia del país adoptaron el “águila calva” como símbolo nacional y que podemos observar el billete de un dólar. Todos sabemos que de cuenta de este simbolismo se ejerce un poderío mundial, aunque ahora parezca tener alguna decadencia por sus derrotas militares y competencia económica con los BRICS.
Los animales en la identidad de México y la Argentina
En América Latina un caso muy significativo es el de México, donde la simbología fundacional de la nación está representada por “el águila real y la víbora de cascabel”, con el fin de representar la fuerza, el valor y el triunfo del pueblo mejicano, tanto desde su fundación, como durante la Revolución Mexicana hasta la actualidad en calidad de una de las potencias más fuertes de Sur América; poderío con el cual le permite negociar con los EE.UU en su embate neocolonizador.
El presidente Javier Milei en Argentina ha expresado “Yo no me metí acá para guiar corderos, me metí acá para despertar leones”; pues ha adoptado el león y el águila como las imágenes corporativas de su partido “La libertad avanza”, con el cual ha pretendido desafiar a sus contendores nacionales y extranjeros, resimbolizando la identidad nacional; lo que muchos critican porque le ruge a cierta tradición y a las izquierdas. Este animal acompañado de música rock, le ha permitido posicionarse así sea en términos coyunturales y por eso su rugido no trascenderá.
La fauna colombiana de la política y el poder
Cuando en Colombia se definieron las identidades y los símbolos nacionales de la nueva república, se adoptó “el cóndor” por su grandeza y amplia visión, pues esa era la apuesta de la nueva entidad; pero en parte este intento ha fracasado ya que en gran medida “el animal político estatal” no ha podido cubrir todo el territorio, lo que ha originado muchas guerras civiles, incluyendo los actuales conflictos con narcotraficantes, delincuentes comunes, paramilitares y guerrilleros. Sin embargo, este simbolismo está representado en las famosas y coloridas pinturas del maestro Obregón en el salón elíptico del capitolio nacional, donde abundan otros animales de la política y la politiquería tradicional, sin una renovación sustancial a la vista, ya que en parte las nuevas generaciones de congresistas también han caído en prácticas non santas.
“Los caballos” fueron el vehículo principal de los guerreros de la independencia en los inicios del siglo XIX; incluso, el más conocido fue “Palomo”, el que cargó al General Simón Bolívar en grandes jornadas y extensos territorios. Tras la muerte del Libertador y la caída en desgracia de su compañera Manuelita Sáenz “La libertadora del Libertador”, allá en Paita en el Perú; ella para vengarse de los supuestos traidores de su general, bautizó a sus “perros” como “Santander” (Francisco de Paula Santander) y “Páez” (José Antonio Páez conocido como “El león de Apure”), para nombrarlos con desdén histórico y personal.
En la fratricida época de la “Violencia Bipartidista” abundaron “los pájaros”, como se les llamaba a los bandoleros liberales frente a la “chulavita”, nombre identitario de la chusma conservadora. Un caso bastante representativo de esta fauna es el del temible paramilitar conservador cuyo nombre de pila era “León” María Lozano, que aparece muy bien retratado en la obra “Cóndores no se entierran todos los días” del escritor vallecaucano Gustavo Álvarez Gardeazabal y la cual fue llevada al cine por Francisco Norden.
Los “Caballos” que siempre han sido animales identitarios de la labranza y el campesinado en el país, con la llegada del fenómeno del narcotráfico, pasaron a otro tipo de representación con la ostentación poderosa de los capos.
Los “Asnos” y los “Burros” siempre han identificado el trabajo paciente y laborioso de nuestro campesinado, además jugando un papel prioritario durante la llamada “Colonización Antioqueña” y otras vertientes de la emigración entre finales del siglo XVIII y principios del XX; pero ahora identifican al pueblo humilde y trabajador.
En la obra de nuestro Noble Gabriel García Márquez titulada “El coronel no tiene quien le escriba”, nos presenta un militar de la famosa Guerra de los Mil Diaz en la Colombia de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, ya en franca decadencia y cuyo único recurso era su amado “gallo”, representando la memoria viva de su hijo asesinado, la dignidad, la resistencia y la lejana esperanza de ganar otras peleas.
En la gran novela “La otra raya del tigre” del escritor Pedro Gómez Valderrama se narra la vida y las aventuras del alemán Geo von Lengerke, un colonizador y latifundista del siglo XIX, cual testimonio de las guerras civiles decimonónicas. Posteriormente el cineasta caleño Carlos Mayolo la llevó a la televisión.
El escritor y aristócrata de estilo inglés Alfonso López Michelsen fue bautizado “El pollo López” y las huestes de su Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) alzaban un “gallo de pelea” en las manifestaciones donde intervenía el candidato, para azuzar a las masas. Pero también hacía parte de su identidad una “perra dálmata” y su pipa, las que aparecían en más de una caricatura crítica por lo que se denominó el “Mandato Caro”; ya que había prometido un “Mandato Claro” y fue castigado con más de un “paro cívico” durante su gobierno
“La paloma de la paz” insignia del presidente conservador Belisario Betancur fue enarbolada por todo el país para significar las negociaciones y las posibles conquistas pacíficas con las guerrillas; pero esta ave fue destrozada en forma sanguinaria durante la “Toma del Palacio de Justicia” por los guerrilleros del M-19 y por la retoma por parte de los militares, que defendían el establecimiento. Así este benévolo animalito quedó en el nostálgico recuerdo de un poeta de la provincia colombiana, que pagó con sangre nacional su ingenuidad.
Ahora la fauna típica de la política colombiana la representan dos personajes grandilocuentes, megalómanos y narcisistas como lo son el presidente Gustavo Petro y el próximo gobernante Abelardo de la Espriella: pues los extremos siempre se tocan por la cola. Ambos dirigentes políticos ingresaron el mismo juego de los jóvenes identificados como “therians o teriantropos”, para esconder su verdadera identidad; dando a entender graves problemas sicológicos y por supuesto políticos; pues cuando una persona ya no tiene recursos filosóficos, económicos y jurídicos para argumentar sus posiciones, recurre a la animalidad e incluso a la bestialidad y con ello atemoriza de muerte al contendor y azuza a sus fervientes seguidores. Este es el caso de la pelea entre “el jaguar” de Petro y “el tigre” de Abelardo. Y por esta vía se emparentan con “El león” de Milei en la Argentina.
El político de izquierda Iván Cepeda tuvo en sus manos momentáneamente el liderazgo de la oposición al nuevo gobierno; pero le entregó esta nominación popular a Petro, quedando como un “simple borrego” del expresidente, demostrando así, lastimosamente, su bajo talante. Entre tanto la masa gregaria entra a hacer parte de los “borregos” y las “ovejas” de siempre, cual seguidores ignorantes e ideologizados dispuestos a una confrontación que desde ya amenaza con el carácter de guerra civil, mientras no regresemos a la sana confrontación y al diálogo civilizado de las reales diferencias.
Pero en ese juego de los animales de la política y el poder nacional no podemos dejar de lado las “Abejas” del expresidente Álvaro Uribe Vélez, que amenazan por picar por todas partes y endulzar a los insensatos e ignotos ciudadanos; producto de lo cual ya entraron en el juego de ajedrez de la política parlamentaria en la repartición de las directivas del Senado y la Cámara.
Mientras tanto en las montañas de Colombia existe un animal que actúa en forma permanente como lo es “Iván Mordisco”, clavándole sus dientes a la “Paz Total” y a todo lo que se venga. Y los ciudadanos de a pie seguirán lidiando con las “Culebras” de sus deudas para poder sobrevivir. Pero los verdaderos “Lagartos” rondarán por el Congreso y los ministerios a ver que dejó el antiguo gobierno y que hay del nuevo administrador de la Casa de Nariño. En este escenario es necesario estar alerta de parte y parta, ya que las “Liebres” saltarán por todas partes ante la corrupción y los incumplimientos pasados y ante cualquier patraña de lo que se viene. Ojalá se renueve la vitalidad y el verdor de la “rana verde” la insignia de nuestra gran empresa Ecopetrol, en los términos de sostenibilidad y de evolución en la transición energética, pero con sensatez.
Para entender todo lo anterior es muy interesante la reciente obra del sicólogo y antropólogo colombiano Carlos Granes titulada “El rugido de nuestro tiempo. Batallas culturales, trifulcas políticas” (Taurus. Barcelona. 2025), en la cual parte desde el arte y termina en los discursos y recursos mediáticos para analizar los casos de Trump, Maduro, Milei y Petro; sin alcanzar a analizar el mismo fenómeno de Abelardo de la Espriella; denunciando todos los que se creen salvadores de pueblos y demiurgos de sociedades, haciendo tabula rasa de tradiciones y construcciones buenas y malas que ya están en las sociedades modernas, aunque tengan síntomas de decadencia.
2 respuestas
El rugido del tigre trasplantado se escucha en las masas populares como una amenaza para el progreso de sus vidas y la conquista de sus derechos.
También lo escuchan como sonidos de guerra quienes se alimentan de ese ser apocalíptico y destructor de sueños. Un tigre bienvenido para las élites y señores de la guerra y un rugido destructor de sueños para los más pobres.
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