Ha terminado el presente gobierno con un debate sobre la pobreza. Trata Petro de señalar que su mandato procuró darle una atención debida a este tema y explicó en forma didáctica los cuadros estadísticos en los que basaba su optimismo.
Pero sus revelaciones, a nuestro juicio, se quedaron cortas. Si bien la definición usual suele ser que la pobreza es la situación en la que una persona o un hogar no cuenta con los recursos suficientes para satisfacer sus necesidades básicas, como alimentación, vivienda, salud, educación y acceso a servicios esenciales, otra es la realidad del país.
Pero además hay varias clases de pobreza y existen varias formas de medirla: la pobreza monetaria ocurre cuando los ingresos de una persona o familia no alcanzan para comprar una canasta básica de bienes y servicios; la pobreza extrema se presenta cuando los ingresos no son suficientes ni siquiera para cubrir las necesidades mínimas de alimentación; y la pobreza multidimensional: considera que, además del ingreso, hay otras carencias como falta de educación, acceso limitado a la salud, empleo precario, vivienda inadecuada o ausencia de servicios públicos.
Como en cierto momento de su discurso pareció hablar de la desigualdad en el mismo tono, es necesario explicar que no es lo mismo: La desigualdad se refiere a la distribución desigual de los ingresos, de la riqueza, las oportunidades o el acceso a servicios entre las personas de una sociedad. Puede existir desigualdad en aspectos tales como ingresos y riqueza, educación, salud, empleo y acceso a tecnología y servicios públicos.
La diferencia entre ambos términos cabe repetirla: La pobreza mide si las personas tienen lo necesario para vivir dignamente; la desigualdad en cambio mide cómo se distribuyen los recursos y las oportunidades entre la población. Si bien la pobreza se centra en las carencias de las personas, la desigualdad se ocupa de las diferencias entre grupos e individuos. Si bien en un país todas las personas tienen vivienda, alimentación y atención médica , allí no habría pobreza. Pero si allí mismo hay personas que se ganan un salario mínimo en tanto otras ganan 50 millones, sí habría desigualdad porque los ingresos están distribuidos desigualmente. Todo el cuadro de la vida colombiana está montado sobre esta anomalía ancestral.
Hay que revisar los cuadros petristas pues son discutibles y examinar los aciertos o errores que su discurso propone en términos de sus propuestas iniciales de hacer un socialismo a la colombiana.
Armenia 24/07/2026
Un comentario
Buen intento, el del viejo, de tratar de decir algo aparentemente técnico sobre la pobreza y la desigualdad. Pero estos discursos fascistas a la colombiana, inducen implícitamente los mismos lemas que nos quieren inculcar: «El pobre es pobre porque quiere» y el «rico es un benefactor social y un héroe del mercado» El viejo quiere hacernos crecer que la desigualdad y la pobreza son vectores ortogonales y que su producto punto es cero. Nos quiere hacer creer que relacionarlos es como confundir la gimnasia con la magnesia. Vale la pena que revise, con datos, el valor que tiene en sociedades menos pobres el índice de de Gini (solo por mostrar un pequeño ejemplo). Es hora de desprendernos de esa gerga fascistoide, con la que quieren maquillar el gobierno fraudulento del ciudadano estadounidense De La Espriellla, que desde el 7 de agosto se posesiona como embajador plenipotenciario en Colombia por mandato del rey Donald Trump. A disfrutar lo votado mis Aberrardistas!