domingo 9 Ago 2026
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El relevo del poder; entre la herencia y la esperanza

24 julio 2026 11:12 pm
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Colombia está a escasos días de presenciar un nuevo relevo presidencial. En pocos días terminará un gobierno y comenzará otro. Sin embargo, el simple cambio de mando no garantiza que el país deje atrás sus dificultades. El verdadero desafío será administrar la herencia recibida, recuperar la confianza institucional y demostrar, con decisiones concretas, que es posible gobernar con resultados, responsabilidad y visión de futuro.

«A rey muerto, rey puesto» es uno de los refranes más antiguos del español. Nació para expresar la continuidad del poder: cuando un rey moría, otro asumía de inmediato para evitar cualquier vacío de autoridad. Aquí la expresión se utiliza exclusivamente en sentido metafórico para referirse al cambio de gobierno, no a la muerte de quienes entregan o reciben el poder, recordándonos que cambian los gobernantes, pero permanecen las instituciones y las responsabilidades del Estado.

Lo que sí cambia es la forma de ejercer el poder, y allí el contraste resulta evidente. El gobierno saliente deja un proceso de transición rodeado por la desconfianza. Desde el inicio del empalme surgieron cuestionamientos sobre el acceso a la información, persistieron dudas frente a cifras oficiales y aparecieron señalamientos relacionados con contrataciones realizadas en los últimos días de la administración.

Pero, más allá del debate político, la realidad del país habla por sí sola: solo en lo corrido del año se reportan decenas de masacres, un número similar de líderes sociales asesinados, una criminalidad fortalecida y unas Fuerzas Militares que hoy enfrentan serias limitaciones operacionales. Los reportes conocidos desde el Ministerio de Defensa indican que cerca del 50 % de las aeronaves de las Fuerzas Militares permanecen fuera de servicio, una situación que plantea profundas preguntas sobre el estado real de la capacidad estratégica y operacional del país.

A ello se suma un discurso que, lejos de facilitar una transición institucional serena, ha privilegiado la confrontación permanente. Resulta difícil comprender que un presidente saliente anuncie públicamente que no facilitará una guarnición militar para la posesión de quien, por decisión democrática de los colombianos, será el nuevo comandante supremo de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional. Esa actitud no fortalece la institucionalidad; por el contrario, proyecta la imagen de un gobierno que concluye entre confrontaciones, divisiones y profundas fracturas políticas.

En contraste, el presidente electo ha comenzado a transmitir un mensaje distinto. Antes de asumir formalmente el cargo ha conformado un equipo con perfiles técnicos y profesionales, ha iniciado acercamientos con distintos sectores políticos, empresariales y sociales, y ha promovido contactos internacionales encaminados a recuperar la confianza y atraer inversión. Naturalmente, las expectativas deberán convertirse en resultados, porque gobernar siempre será mucho más difícil que hacer campaña.

También se percibe un cambio en la relación con las regiones. Mientras el gobierno saliente fue cuestionado por privilegiar escenarios de confrontación y discursos dirigidos principalmente a sus simpatizantes, el mandatario electo ha optado por escuchar, dialogar y construir consensos. Esa diferencia de actitud, aunque todavía incipiente, abre una oportunidad para recuperar la confianza ciudadana.

Finalmente, una reflexión personal. Buena parte de la controversia gira hoy alrededor de si la posesión presidencial debe realizarse o no en una guarnición militar. A mi juicio, la decisión más inteligente sería posesionarse ante el Congreso de la República, como máxima expresión de la institucionalidad democrática, evitando un debate innecesario que solo alimenta la polarización.

Una vez investido como jefe de Estado y comandante supremo de las Fuerzas Militares, podrá trasladarse a la guarnición militar que considere pertinente e impartir allí sus primeras directrices. Con ello enviaría un mensaje de serenidad, respeto por las instituciones y liderazgo, desactivando una controversia estéril que solo beneficia a quienes pretenden prolongar el enfrentamiento político.

Porque, al final, Colombia no necesita únicamente un nuevo presidente. Necesita un nuevo rumbo. Y ese será, más allá de los discursos, el verdadero juicio de la historia.

*Máster en Gestión de Riesgos. Especialista en Seguridad.

www.kiavik.com

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