Por: Jorge Hernando Delgado Cáceres
Cada 18 de mayo el mundo conmemora el Día Internacional de los Museos, una fecha instaurada en 1977 por el Consejo Internacional de Museos (ICOM) con el propósito de reflexionar sobre el papel fundamental que cumplen estas instituciones en la construcción de la sociedad. La conmemoración de 2026 llega bajo un lema profundamente pertinente para nuestro tiempo: “Museos uniendo un mundo dividido”. Una frase que parece escrita para una humanidad atravesada por guerras, intolerancia, polarización política, desigualdades y crisis de memoria.
EL TESORO QUIMBAYA
Para conmemorar el Día Internacional de los Museos resulta pertinente referirse al Tesoro Quimbaya, colección actualmente en disputa con el Estado español y conservada en el Museo de América de Madrid. En España se ha abierto una profunda reflexión sobre el origen y la legitimidad de muchas piezas patrimoniales custodiadas por sus museos, tal como lo ha señalado la revista El Cultural. El debate incluye casos como el de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, el patrimonio subacuático, las reclamaciones nacionalistas del País Vasco para que el Guernica sea exhibido en el Guggenheim, así como las obras incautadas durante la Guerra Civil Española y el periodo colonial, entre ellas el Tesoro Quimbaya.
Ante estas discusiones han surgido preguntas inevitables: ¿debe una institución pública limitarse a custodiar aquello que ha heredado?, ¿tiene la obligación de devolverlo o, al menos, de abrir el debate sobre su procedencia?, ¿le corresponde narrar el conflicto histórico detrás de las piezas en lugar de ocultarlo bajo la vitrina? Los museos no son espacios inocentes. En ellos no solo reposan objetos de oro, pinturas o memorias; también permanecen conflictos, expolios, guerras, despojos y disputas entre naciones que reclaman el derecho legítimo sobre su pasado.
MUSEOS Y COLONIALISMO: ¿DE QUIÉN ES EL PASADO?
En el tema de Tesoro Quimbaya o Colección Quimbaya, la investigadora María Marco, lo define “una herida abierta” y lo señala como un problema delicado porque aglutina según Marco: “cuestiones de rabiosa actualidad: descolonización, restitución, dignidad de los pueblos originarios y revisión del museo como instituciones nacida en un marco colonial”. Desde España se insiste en que el tesoro fue un regalo diplomático realizado por el presidente colombiano Carlos Holguín Mallarino (1829–1894), figura del conservatismo y de la política de la Regeneración. En 1893, durante su mandato, Holguín entregó a la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena una colección de 122 piezas de orfebrería precolombina elaboradas en oro y tumbaga por la cultura quimbaya entre los siglos IV y VII d. C.
Las piezas habían sido guaqueadas en 1891 en Filandia, Quindío, y posteriormente adquiridas por el Estado colombiano por 70.000 pesos para ser exhibidas en la Exposición Histórico-Americana de Madrid de 1892, realizada con motivo del IV Centenario del Descubrimiento de América. La decisión fue tomada en Consejo de Ministros, por iniciativa del entonces subsecretario de Relaciones Exteriores, Marco Fidel Suárez, sin aprobación explícita del Congreso colombiano, circunstancia que posteriormente fue cuestionada desde el punto de vista jurídico.
En 2017, la Corte Constitucional de Colombia declaró ilegal dicha donación por considerar que violaba la Constitución de 1886, la cual exigía autorización legislativa para enajenar bienes del Estado. En consecuencia, ordenó al gobierno colombiano adelantar las gestiones diplomáticas necesarias para reclamar la restitución de las piezas.
EL TESORO QUIMBAYA Y LA DESCOLONIZACIÓN DE LOS MUSEOS
Sobre este debate, un exministro de Cultura de Colombia declaró a la revista El Cultural: “Debemos entender que la propia idea de museo es una idea colonial que nace para almacenar objetos, y ese sistema de ordenamiento puede ser impugnado y reformado”. Más adelante añadió: “Deberíamos poder llegar a acuerdos que permitan desescalar el colonialismo mediante una restitución de derechos. El conjunto tiene un valor incalculable, cultural, simbólico y profundo para comprender lo que ha significado este territorio, del que nos quisieron convencer que no tenía historia antes de la llegada de los europeos”.
Por su parte, César Antonio Molina, exministro de Cultura de España, ha sostenido una postura distinta: frente al lenguaje de la reparación, defiende el de la custodia nacional y la protección del patrimonio recibido.
Lo que deja claro el artículo “Museos como campo de batalla” es que este debate ya no puede seguir aplazándose. Y la pregunta central es inevitable: ¿qué ocurre cuando el conflicto colonial se traslada al interior mismo de España? El caso Quimbaya no enfrenta únicamente a un antiguo imperio y a una nación reclamante; también interpela el papel ético, histórico y político de los museos contemporáneos.
En ese contexto, corresponde a la Corte Constitucional de Colombia, a través de la Cancillería y el Ministerio de las Culturas, avanzar en las acciones jurídicas y diplomáticas necesarias ante las instancias españolas competentes, incluido eventualmente el Tribunal Supremo de España, para que se determine el destino definitivo de una colección que constituye parte esencial de la memoria histórica y cultural del pueblo colombiano y, especialmente, del Quindío.