domingo 7 Jun 2026
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Charlas con un maestro sammasati / El guardián del silencio

14 mayo 2026 10:23 pm
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Vivimos en una era de ruido incesante. La palabra se ha vuelto barata, lanzada al viento digital sin filtros ni reparos, olvidando que cada sílaba posee un peso kármico. Como practicantes del camino del Budha, entendemos que el lenguaje es una extensión de nuestra mente. Si la mente está agitada, nuestras palabras serán dardos; si la mente está en paz, serán bálsamo. Para navegar esta tempestad comunicativa, el budhismo nos ofrece una herramienta milenaria, tan sencilla como radical: la práctica del habla consciente a través de tres filtros esenciales.

El primer filtro es la verdad. En la filosofía búdhica, la honestidad no es solo la ausencia de mentiras, sino la alineación con la realidad. ¿Lo que voy a decir es algo veraz o simplemente una percepción distorsionada por mi ego? A menudo hablamos para llenar vacíos o proyectar una imagen que no nos pertenece. Si la palabra no nace de una raíz honesta, únicamente contribuye a la confusión del mundo.

El segundo filtro es la no violencia. Una verdad dicha con malicia es, en ocasiones, más destructiva que una mentira piadosa. El seguidor budhista se pregunta: ¿Mis palabras causarán daño innecesario? ¿Busco elevarme rebajando al otro? La palabra debe ser constructiva. Si lo que vas a decir es cierto, pero su único propósito es herir, la compasión nos dicta que es mejor el silencio. La lengua puede ser un bisturí que sana o una espada que degüella; la elección depende de nuestra presencia espiritual.

Finalmente, el tercer filtro es la utilidad. En este mundo saturado de opiniones irrelevantes, cabe cuestionarse si nuestra intervención aporta algo de valor. ¿Es necesario este comentario? ¿Ayuda a resolver un conflicto o simplemente alimenta el caos ambiental? Muchas veces, el deseo de hablar proviene de una ansiedad por ser reconocidos, una trampa del deseo que el budhismo busca desmantelar.

La conclusión de este ejercicio es de una belleza profunda: solo debemos hablar si lo que tenemos que decir es más hermoso, útil o verdadero que el silencio. Perturbar la quietud es una responsabilidad sagrada. Cuando pasamos nuestras intenciones por estos tres tamices, nuestra comunicación se vuelve una ofrenda. Un artículo en este periódico no es diferente a un mantra; debe servir para despertar, no para adormecer. Antes de abrir la boca o teclear un mensaje, respira. Si tu palabra no supera estas pruebas, abraza el silencio. Allí, en la calma, es donde reside la verdadera naturaleza búdhica.

Tashi delek para todos y todas.

*    Lama sammasati para Latinoamérica.

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