Gongpa Rabsel Rinpoché *
El panorama político en América Latina acaba de recibir un impacto de proporciones sísmicas. Lo que inicialmente parecía un indulto polémico en el cierre del mandato de Donald Trump, se ha transformado en un escándalo de proporciones globales bautizado como ‘Hondurasgate’. La filtración de una serie de audios comprometedores, ha dejado al descubierto una operación transnacional que vincula a Estados Unidos e Israel en una estrategia para convertir a Honduras en el epicentro de una ofensiva política, económica y militar contra los gobiernos progresistas de la región.
El corazón de la noticia reside en la liberación de Juan Orlando Hernández, el expresidente de ese país que cumplía condena en Nueva York por narcotráfico. Según las revelaciones, su indulto – más que un gesto de magnanimidad – es el resultado de una compleja negociación financiada presuntamente por sectores cercanos al gobierno de Benjamín Netanyahu. El objetivo es pragmático y perturbador: reinstalar a Hernández y a su círculo, representado por el actual mandatario Nasry Asfura, como piezas clave en un tablero geopolítico diseñado desde fuera de las fronteras latinoamericanas.
Los audios detallan planes que parecen sacados de una novela de espionaje de la Guerra Fría. Se habla de la creación de una «nueva Palmerola» en la isla de Roatán, una base militar que permitiría al Pentágono proyectar poder sobre el Caribe, apuntando directamente hacia Cuba, Venezuela y México. A esto se suma la expansión de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (Zede), enclaves que funcionan prácticamente como estados independientes dentro de la nación centroamericana, entregando soberanía a inversores extranjeros y empresas tecnológicas de Silicon Valley.
Pero la trama no se limita a lo militar. El ‘Hondurasgate’ revela la existencia de una «célula informativa» operada desde suelo estadounidense, financiada con fondos que involucrarían incluso aportes del gobierno argentino de Javier Milei. Esta red tendría la misión de fabricar expedientes y campañas de desprestigio contra líderes como Gustavo Petro en Colombia y figuras de la izquierda mexicana, buscando «extirpar el cáncer» del progresismo en el continente mediante la desinformación y el ciberataque mediático.
Mientras el silencio impera en los grandes medios tradicionales de Honduras, el resto del continente observa con estupor cómo la soberanía de una nación parece haberse convertido en moneda de cambio. Este escándalo no es solo un asunto interno hondureño; es una señal de alerta para todas las democracias de la región. La sombra de un nuevo Plan Cóndor, esta vez impulsado por algoritmos, bases militares y financiamiento opaco, se cierne sobre una América Latina que lucha por definir su propio destino sin tutelajes externos.
* Contador público, exfuncionario bancario.