Colombia no está viviendo una crisis aislada. Está atravesando una acumulación de fracturas institucionales, sociales y de autoridad que hoy generan una sensación colectiva difícil de describir, pero imposible de ignorar. La incertidumbre, la inseguridad y el desgaste de la confianza pública ya no son una percepción de unos pocos; son una realidad que golpea a millones de ciudadanos que sienten que el país avanza sin dirección clara, atrapado en el caos, la confrontación y la improvisación.
Lo preocupante no es únicamente el deterioro en materia de seguridad y orden público, visible hoy en amplias zonas del territorio nacional. El problema es mucho más profundo. Cuando se observan simultáneamente las dificultades en salud, energía, abastecimiento de gas, educación, sistema penitenciario, combustibles, productividad del campo y gobernabilidad territorial entre muchos otros, resulta inevitable concluir que no se trata de hechos aislados, sino de una peligrosa desestructuración del Estado y de sus capacidades técnicas para responder. Para muchos, esto no parece accidental, sino parte de una orientación política que hoy muestra sus consecuencias.
Hoy se gobierna desde la confrontación permanente, desde el discurso del caos y desde una narrativa que divide, polariza y destruye confianza. Una dinámica que abre espacio a la anarquía, al oportunismo y al fortalecimiento de estructuras criminales que siempre encuentran terreno fértil en el desorden.
El país está operando sobre la improvisación a conciencia, el populismo y la confrontación ideológica. Mientras que, los ciudadanos honestos los que trabajan, producen, estudian y sostienen este país terminan atrapados entre la incertidumbre y la impotencia, prácticamente a la deriva frente a un Estado debilitado y cada vez menos capaz de proteger y fortalecer a su población.
Aquí ya no se trata de izquierda, derecha o centro. Colombia ya recorrió esos caminos. El péndulo político ha pasado por todos los extremos y, al final, muchos terminaron cobijados bajo las mismas prácticas, intereses y decepciones. Por eso, el verdadero debate nacional ya no debería centrarse en ideologías, sino en capacidad, coherencia, liderazgo y preparación.
El país necesita recuperar autoridad, pero una autoridad legítima, técnica y transparente. Necesita liderazgo con visión de Estado, no de campaña. Necesita gobernantes rodeados de los mejores, capaces de construir confianza nacional e internacional, atraer oportunidades y devolverle estabilidad a la nación.
Colombia merece mucho más que el caos permanente. Merece volver a creer en sí misma. Pero para lograrlo, el país necesita algo más fuerte que el miedo o la rabia: necesita convicción colectiva. La convicción de que aún es posible recuperar el rumbo, defender las instituciones, fortalecer la democracia y construir un futuro donde el orden, la seguridad y el progreso no sean un privilegio, sino una garantía para todos.
A algunos este tema podrá generarles poco interés, pero lo que realmente está en juego es la libertad y el futuro de todos. Venezuela ya vivió un proceso similar del que no han salido, y países como Argentina, Bolivia, Ecuador y Chile, entre otros, alcanzaron a experimentar escenarios de profunda polarización, confrontación social y debilitamiento institucional.
Sin embargo, Colombia enfrenta un ingrediente aún más complejo; la presencia de estructuras criminales de todo tipo que hoy ejercen presión territorial y política, muchas veces favorecidas por discursos disfrazados de paz y por amplios márgenes de actuación que terminan debilitando la autoridad, la institucionalidad y la capacidad real del Estado para garantizar el orden y la seguridad.
Esa es la diferencia que hace mucho más delicado el momento que vive el país y la lucha desigual en la que nos encontramos.
O nos unimos en el camino correcto para bien, o nos jodimos.
*Máster en Gestión de Riesgos. Especialista en Seguridad.
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2 respuestas
Te felicito por estos comentarios muy acertados.Pero este nos hace reflexionar.sobre la realidad política que estamos viviendo. Llena de incertidumbre ,e inseguridad…Pero si con esperanza de tener un cambio positivo para ,esta amada y maltratada patria..
Mi entras en Colombia primen los egos de los políticos, no tenemos como salir adelante