Gongpa Rabsel Rinpoché *
En el tablero de la geopolítica actual, las voces que claman por un cambio estructural suelen encontrarse con muros de escepticismo o con la fuerza bruta de las instituciones tradicionales. Sin embargo, en un mundo que parece arder bajo las tensiones del capital y los vestigios de la era del petróleo, surge un discurso que intenta romper las burbujas de prejuicios para proponer una alianza por la vida.
Esta es la esencia de la reciente reflexión que ha sacudido los cimientos diplomáticos entre Europa y el continente americano, planteando una disyuntiva radical: codiciar hasta la extinción o apostar por una democracia global que trascienda las fronteras del Estado-nación. La crisis del modelo actual no es solo económica; es una falla en los instrumentos de poder que, durante siglos, prometieron seguridad y hoy se muestran impotentes ante genocidios o pandemias.
La propuesta que resuena con fuerza desde escenarios internacionales aboga por una ‘descarbonización’ de la política, sugiriendo que la dependencia del carbón y el crudo – además de asfixiar el planeta – corroe la autonomía de las naciones. En este contexto, el acercamiento entre líderes de visiones opuestas – como el histórico encuentro cara a cara entre mandatarios de las «dos Américas» – revela que, cuando se rompen las jerarquías de «rey y cortesano», es posible hablar de tú a tú sobre un pacto que priorice la existencia humana sobre los intereses de las mafias multinacionales.
Pero el camino hacia esta transformación está empedrado de realidades crudas: el avance de extremismos que capitalizan el miedo, la criminalización de la migración y la persistencia de una guerra fallida contra las drogas que solo ha dejado un rastro de sangre. La respuesta a estos retos no parece estar en el autoritarismo, sino en una «democracia multicolor» que entienda la movilidad humana como un enriquecimiento de cerebros y no como una amenaza.
Se plantea así la necesidad de gobiernos de concentración que generen confianza, especialmente en territorios fracturados como Venezuela, donde el petróleo ha pasado de ser una bendición a una ‘maldición’ que atrae conflictos. Al final, la gran incógnita reside en el legado y en la parresía: el coraje de decir la verdad a pesar de las consecuencias. El futuro de este proyecto político depende de si los pueblos eligen el camino de la vida o si condenan estas ideas al ostracismo. La moneda está en el aire, y el resultado definirá si las Américas logran exportar esperanza o si sucumben al eterno retorno de sus propias sombras.
* Contador público, exfuncionario bancario.