Fue hallada en la ciudad de Ibagué
Un nuevo hallazgo científico vuelve a poner a Colombia en el mapa de la biodiversidad.Se trata de una nueva especie de araña del género Pikelinia, encontrada en el departamento del Tolima, que no solo amplía el conocimiento sobre estos artrópodos, sino que también revela detalles importantes sobre su comportamiento y su papel en los entornos urbanos.
Ibagué
Leonardo Delgado Santa biólogo de la Universidad del Quindío junto a otros investigadores hicieron parte del estudio. La especie, llamada Pikelinia floydmuraria, fue hallada por los investigadores en un parqueadero en la ciudad de Ibagué, Tolima. Por eso es posible encontrarla principalmente en espacios urbanos como muros y estructuras cercanas a la luz artificial. Su nombre tiene un guiño curioso: combina “floyd”, en honor a la banda Pink Floyd, y “muraria”, que hace referencia a su hábito de vivir en muros. Este tipo de arañas pertenece a la familia Filistatidae, conocidas como “tejedoras de grietas”, y suelen convivir muy cerca de las personas, aunque pasan desapercibidas.
Y es que más allá de su descubrimiento, la investigación también permitió conocer mejor a estas arañas. Por ejemplo, se describieron por primera vez detalles del sistema reproductivo de otra especie del mismo género, Pikelinia fasciata, presente en las islas Galápagos.
Cazadoras
Uno de los aspectos más llamativos del estudio fue el análisis de la dieta. Los investigadores encontraron que estas arañas se alimentan principalmente de insectos como hormigas, moscas y escarabajos. En algunos casos, incluso son capaces de capturar presas mucho más grandes que ellas mismas, lo que demuestra su capacidad de adaptación y su eficacia como depredadoras.
Este comportamiento no es menor: las arañas cumplen un papel fundamental en el equilibrio de los ecosistemas. El investigador Delgado Santa expresó: “se estima que, a nivel mundial, consumen millones de toneladas de insectos cada año, incluyendo especies que pueden convertirse en plagas o transmitir enfermedades. En entornos urbanos, como los de ciudades intermedias en Colombia, podrían estar ayudando silenciosamente a controlar poblaciones de insectos sin que lo notemos”.