Por: Jorge Hernando Delgado Cáceres
“Uno va por una esquina y gritan: poeta… y se voltean cuarenta y ocho mínimo, porque todo el que junta dos palabras es poeta y estar en desacuerdo con eso es que uno es elitista, que uno no piensa, carreta. La realidad es que la poesía no se da tan fácilmente y hay que seguir dudando, yo dudo permanentemente de lo que hago, por eso me emocionan tanto esas cosas que yo escribo, se afiancen en la cabeza, en la memoria y en el corazón de las personas”. Juan Manuel Roca.
Con estas palabras intervino el nieto de Luis Vidales, Juan Manuel Roca, considerado uno de los poetas vivos más importantes de la poesía colombiana, quien nos visita con motivo del homenaje nacional a Suenan timbres, obra del quindiano Luis Vidales que cumple cien años de su publicación. Roca, en compañía del rector de la Universidad del Quindío Luis Fernando Polanía, del secretario de Cultura, Felipe Robledo; y de los integrantes del XXIV Foro de Estudios Didácticos Lingüísticos y Literarios, participó en la inauguración del Foro, realizada este miércoles 15 de abril en el auditorio Euclides Jaramillo Arango de la Universidad del Quindío.
El evento fue resultado de un trabajo conjunto entre la Secretaría de Cultura de la Gobernación del Quindío, la Biblioteca de Autores Quindianos, el programa de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana de la Universidad del Quindío y Corónica Editorial. El XXIV Foro de Estudios Didácticos Lingüísticos y Literarios, dedicado a resaltar la obra poética de Vidales, se desarrollará hoy jueves y culminará este viernes 17 en horas de la noche en el auditorio Euclides Jaramillo Arango.
Uno de los momentos de mayor significación para los asistentes fue la entrega en formato digital de Suenan timbres, disponible para su lectura y descarga. Esta obra capital de Luis Vidales se erige como uno de los hitos fundacionales de la poesía de vanguardia en Colombia. Publicado por primera vez en 1926 en Bogotá bajo el sello de Editorial Minerva, el libro irrumpió en el panorama literario nacional con una propuesta estética que desafiaba abiertamente las convenciones líricas de su tiempo.
En Suenan timbres, Vidales introduce una escritura desacralizadora, marcada por la ironía, el humor y una sensibilidad urbana poco frecuente en la poesía colombiana de comienzos del siglo XX. Su lenguaje fragmentario, su mirada crítica sobre la vida cotidiana y su capacidad para poetizar lo aparentemente banal, los objetos, los sonidos, los gestos mínimos de la ciudad moderna, constituyen una ruptura con el tono solemne y retórico que predominaba en la tradición anterior. En este sentido, la obra no solo inaugura una nueva forma de escribir poesía, sino también una nueva manera de percibir la realidad: más inmediata, más lúdica y, al mismo tiempo, profundamente reflexiva.
A lo largo de casi un siglo, Suenan timbres ha sido objeto de múltiples reediciones, lo que da cuenta de su vigencia y de su permanente capacidad de interpelación. Lejos de perder actualidad, su propuesta estética continúa dialogando con lectores contemporáneos, que encuentran en sus páginas una crítica sutil sobre las estructuras sociales, así como una invitación a reconfigurar la experiencia poética desde lo cotidiano. Cada nueva edición no solo preserva su legado, sino que reactualiza su potencia, reafirmando su lugar como texto fundacional dentro del canon literario colombiano.

En este contexto, la presencia de Juan Manuel Roca en el Quindío adquiere una relevancia particular. Su participación no solo fortalece el homenaje a la obra de Vidales, sino que también establece un puente entre generaciones de poetas que, desde distintas búsquedas estéticas, han contribuido a expandir los límites de la poesía en Colombia. Su visita se inscribe, así, como uno de los acontecimientos culturales más significativos para la región, al propiciar un espacio de encuentro, memoria y reflexión en torno a una obra que, a cien años de su publicación, sigue sonando con inusitada claridad.
Uno de los datos más significativos que compartió el poeta Roca fue el origen del título Suenan timbres. Según explicó, su tío Luis Vidales eligió este nombre en 1926, en un momento en que la Bogotá fría y gris comenzaba a experimentar una transformación social y urbana. Aún persistían rasgos del siglo XIX, cuando el llamado a la puerta se hacía mediante la aldaba, una pieza metálica fijada a la madera que se levantaba y se dejaba caer para producir un golpe seco. Sin embargo, la irrupción del timbre eléctrico introdujo un cambio notable, generando impacto y sorpresa entre la población. Hasta allí, la anécdota relatada por el poeta. No obstante, en un sentido más amplio, Suenan timbrestambién puede leerse en clave política y cultural: como el anuncio de nuevos aires y nuevas ideas que comenzaban a abrirse paso en un país aún marcado por un carácter pastoril y provincial.
Dentro de los discursos de la ocasión, el secretario de Cultura enfatizó: “Hoy más que nunca necesitamos esa educación que Vidales encarna: una educación que no domestica, sino que despierta. Que no repite, sino que transforma. Que no teme a la complejidad, sino que la abraza. Celebrar a Vidales es, entonces, reivindicar la literatura como un acto educativo en sí mismo. Es afirmar que formar lectores y escritores es también formar sujetos críticos, sensibles y libres”.
4 respuestas
Interesante homenaje en el auditorio Euclides Jaramillo Arango y el apoyo Cultural del Dr.Luis Fernando Polania Obando ,Dr.Felupe y Jorge Hernando , un significativo aporte a los escritores de nuestra región, poesía. Y escritos que nos enmarcan nuestro entorno.
Los Vidales marcan huella y ovaciono con afecto Cultural .
El solo hecho que en plena época de dominio clerical y de hegemonía conservadora (simpatizantes del fascismo y el nazismo en Colombia), surgieran figuras culturales, rebeldes y contestatarias como el gran escritor y poeta LUIS VIDALES, ya de por si es un HECHO HISTÓRICO Y ADMIRABLE!!!
Apreciado Jorge Hernando: Juan Manuel Roca es sobrino de Luis Vidales; no nieto.
Saludos.
Tiene razón Juan Manuel Roca: la poesía no es cosa de sentarse en un café a escribir pensamientos en una servilleta y después autoproclamarse vate. ¿Cuántos poetas han escrito, con suficiencia, un soneto, siquiera imperfecto?