Gongpa Rabsel Rinpoché *
El tablero geopolítico de Oriente Medio ha sufrido un sismo de magnitud histórica. En una conversación telefónica que trasciende el protocolo, el presidente ruso Vladimir Putin y el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán, han trazado una línea roja que coloca a la administración de Donald Trump en una posición de fragilidad inédita. No fue un saludo de cortesía; fue una cumbre estratégica entre los dos hombres que hoy sostienen las riendas de la energía mundial.
Los protagonistas del conflicto: para entender la gravedad de esta llamada, es necesario identificar a los jugadores y sus sedes de poder: Riad es la capital y el centro político de Arabia Saudita. En el lenguaje diplomático, decir ‘Riad’ es referirse al gobierno saudí y a la monarquía que controla las mayores reservas de crudo del planeta.
Vladimir Putin, presidente de Rusia, ha logrado posicionarse como un mediador indispensable en Oriente Medio, utilizando la influencia de la Opep+ (la alianza de productores de petróleo) para desafiar la hegemonía del dólar. Por su parte, Mohamed bin Salmán, príncipe heredero y gobernante de facto de Arabia Saudita, es el arquitecto de la modernización del reino y quien ha decidido diversificar sus alianzas más allá de Washington, buscando una autonomía que hace una década era impensable. A tu turno, Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, con su estrategia de «máxima presión» y su retórica belicista contra Irán busca proteger los intereses estadounidenses, pero ha generado grietas con sus aliados tradicionales.
El factor Ormuz y la crisis energética: la urgencia de este acercamiento responde a una realidad brutal: el Estrecho de Ormuz, la garganta por donde fluye el 20% del crudo mundial, está bajo un bloqueo que ha disparado los precios. Con el petróleo WTI y el Brent (los dos estándares principales de precio) alcanzando niveles alarmantes, el mercado ha dejado de creer en las promesas de estabilidad de la Casa Blanca.
La amenaza de Trump de devolver a Irán a la «Edad de Piedra» no ha calmado las aguas. Por el contrario, ha provocado un repliegue en las bolsas de Nueva York, Tokio y Seúl. Mientras el dinero huye de la incertidumbre, los líderes de la OPEP+ —liderados por el eje Moscú-Riad— han decidido tomar las riendas para evitar un colapso total.
El fin de una era de lealtades: lo que realmente incomoda en Washington es la constatación de que Arabia Saudita parece haber perdido la fe en la capacidad de protección estadounidense. Al coordinarse con el Kremlin, Riad envía un mensaje devastador: en tiempos de crisis, la diplomacia de Putin se percibe hoy como un ancla más sólida que los ataques conjuntos de EE. UU. e Israel. Incluso los aliados de la OTAN se han mostrado reticentes a participar en una coalición naval, dejando a Trump en una cruzada militar que muchos consideran un callejón sin salida.
* Contador público, exfuncionario bancario.