Néstor Ocampo
Hace más de 40 años denunciamos cómo el “Domingo de Ramos” estaba acabando con la Palma de Cera del Quindío, especie vegetal emblemática que, por entonces, fue declarada “Árbol Nacional” y “Símbolo Patrio” (Ley 61 de 1985). Nos llamaron irreverentes, ateos, comunistas, impíos, y hasta “terroristas”. Hoy, la misma iglesia invita a sus feligreses a usar pañuelos o ramas de otras especies vegetales, y hay autoridades civiles que penalizan el uso de las hojas de Palma de Cera en estos rituales de Semana Santa. Podemos cambiar, pero ¿por qué tan lento en el Quindío?
41 años después de la Ley 61 se ha reducido el uso de la Palma de Cera en Semana Santa, pero se sigue usando, persiste un daño que se suma a otras presiones sobre el hábitat de la especie como ganadería, cambio de uso del suelo, turismo, apertura de vías, deforestación y cultivos de aguacate Hass y eucalipto.
No bastan campañas apresuradas, de último momento, por parte de la “autoridad ambiental” y la iglesia. La degradación del ecosistema, en particular en el Quindío, exige acciones más serias, de mayor fuerza y permanencia. No unos días al año. La CRQ debería dedicar más tiempo, esfuerzos y recursos al control y vigilancia de empresas y personas que causan daños al entorno natural; trabajar más en educación ambiental e información pertinente y transparente para la ciudadanía, en promover la participación efectiva de la ciudadana en la protección de la palma.
¿Por qué en otros departamentos avanzan más rápido en lo que debe hacerse? En Roncesvalles, Tolima, por ejemplo, el Domingo de Ramos pasado, una entidad de iniciativa ciudadana regaló a los feligreses plántulas de árboles nativos y el sacerdote los bendijo en misa para que luego fueran sembrados en los alrededores del pueblo. Eso está mejor. Aquí todo lo que hemos hecho es cambiar la Palma de Cera por otra especie para dañar, como pueden ver en las fotos.
