Entre 1976 y 1980 el Quindío se convirtió en el departamento más rico del país gracias a la gran bonanza cafetera. Con la riqueza y el auge cafetero se arraigó una cultura que llegaba del campo, trajes típicos, sombrero, camisa, vestido, música andina, tangos y milongas.
La cultura llegaba de las montañas donde estaban las chapoleras, desde los cafetales donde estaban los hombres con sus rostros alegres, llenos de canciones de Los Trovadores de Cuyo y El Conjunto América, saturados de sol y de sudor, con sus camisas manchadas de plátano y naranja, con olores fuertes que se confundían entre toronjas y limones.
En los campos y en las calles de Armenia había alegría, en los ojos de los hombres y las mujeres crecían los sueños, la cosecha era próspera y ofrecía proyecciones de futuro.
Pero como todo en la vida, la prosperidad del café se derrumbó, los sueños fueron cortos y la gente fue adoptando una cultura llamativa que venía de los Estados Unidos, la forma de vestir, el rock, las baladas en inglés, y mientras esto pasaba, también se iba creando una contra cultura, identificada con la revolución cubana, el inicio y posicionamiento de las guerrillas y el ritmo rebelde del rock en español.
Los quindianos y los colombianos hemos adoptado culturas relevantes que han cambiado a la sociedad, culturas curiosas, graciosas, extravagantes, especiales, de admirar, pero nunca habíamos acogido una cultura tan vergonzosa y ruin como la del traqueto.
A pesar de que el narcotráfico permeó nuestro departamento desde los años 80’s, es hasta ahora que la cultura del narco sale a relucir en todo su esplendor.
Y es que se respira en el modo de actuar de las personas, en su apariencia, en los hombres se evidencia en su patanería, en las ínfulas de patrones, en creerse intocables, más que los demás, con esos jeans apretados con huecos y las camisillas pegadas y tenis estrambóticos y motilado de reguetonero y mirada de revólver y el gusto por dar lora, por el trago, la Toyota, el caballo, la música popular y la mujer trompona de clínica de estética, que tiene también trompón el culo y las tetas.
Lo más preocupante de todo es que hay personas que en su apariencia no personifican la cultura del narco pero que los dignifican y los ponen como héroes, exaltan y veneran sus hazañas y el modo en que consiguieron dinero y poder.
La más reciente situación que floreció la cultura narco en el Quindío y en Armenia fue la reaparición de Carlos Lehder, recuerdo que tuvo lugar en una sancochada en el barrio Santander, acompañado por un periodista que personifica tal cual la cultura narco y donde fue aclamado como un héroe, un actor de Hollywood.
Desde esa reaparición ha continuado el fervor por la figura de este exnarco, y es que es tanta la admiración y la cultura mafiosa que hasta la Gobernación del Quindío se le rindió a sus pies, aceptándole la estatua de la infamia, en un evento donde se le vio al secretario de Cultura del departamento teniendo una erección y mojando sus calzoncillos.
Lo que sigue ahora es que probablemente Lehder sea candidato al Concejo de Armenia, obviamente por el Centro Democrático, y asegurando curul, porque la gente lo ama, lo idolatra y cree que es un verraco.