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DESDE EL OCTAVO PISO: DEL INSOMNIO Y OTROS DEMONIOS.

29 marzo 2026 1:48 am
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Fáber Bedoya Cadena

Son muchas las mañanas en las cuales mi alma se despierta primero que mi cuerpo, apreciamos que, si hoy seguimos respirando es porque El no ha terminado de escribir nuestra historia. En esos días, todo mi ser se apresta a existir, pues parece que ya estuvieran escritas todas las actividades a realizar en este nuevo empezar. Hay algo muy definido, dormí bien. Otras veces, me despierto cansado, como si hubiera librado una gran batalla, o trabajado físicamente, escalado una montaña, lidiado con muchos estudiantes, o despierto sobresaltado porque me estoy cayendo, dice una amiga que son “viajes astrales”, pero así es muy aburridor viajar. O despertarse después de haber soñado mucho y no recordar nada, hablar en sueños con personas que hace tiempo no ve, o con seres queridos fallecidos, o discutir, terminar conversaciones con amigos y siguen muchos relatos de la vida onírica de los adultos mayores.

Y en la última reunión de nuestro grupo, nos preguntamos y usted cómo durmió anoche, y estaban muy repartidas las respuestas, por lo general duermen bien, eso sí con ayuda de pastas o aguas aromáticas. Como pertenecemos a la generación disruptiva, conocimos de primera mano, lo que era dormir cuando se apagaban las velas, la caperuza, la planta eléctrica, la luz eléctrica del municipio, que apagaba don Eleuterio a horas acordadas. No se trasnochaba en público, era prohibido para los menores de edad, en privado sí, en las fiestas familiares. De niños y jóvenes teníamos una excelente higiene del sueño, y ese fue una valija muy importante en el equipaje, que nuestros ancestros nos entregaron. para enfrentar este largo caminar y que, a estas alturas de la final del campeonato, empezamos a extrañar. La próstata que nos hace levantar de noche varias veces, nos la presentaron de viejos, la incontinencia urinaria apareció hace algunos años, pero en esas épocas de eso no se hablaba.

Nosotros teníamos un conjunto de hábitos, rutinas, comportamientos y factores destinados a mejorar la calidad y cantidad del descanso nocturno. Horarios regulares, ambientes oscuros y tranquilos, sin distracciones antes de retirarse a la cama, nos acostábamos y levantábamos a la misma hora, para regular lo que después supimos que se llamaba “reloj biológico”. Los mayores nos decían a dormir, y era una orden que se cumplía, y como no teníamos alarmas, nos tenían que llamar para levantarnos y alistarnos para ir al colegio, “cinco minuticos más, decían los hijos”, siempre nos bañábamos con agua fría, fue algo muy extraordinario pasar del agua echada y fría, a la ducha con agua caliente. Pero dormíamos muy bien, solo para los exámenes nos trasnochábamos y eso fue al final del bachillerato y desde luego en la universidad, tuvimos que convertir las horas del sueño en tiempo de estudio.

Rara vez nos desvelábamos, era muy escaso el que decía “anoche no pude dormir, preocupado por… pensando en…, y a propósito, cuando aparecieron en mi vida las preocupaciones por lo que hice, dije, o deje de hacer, o tengo que hacer mañana. Necesariamente, le tuve que dar espacio en mi vida mental, y precisamente de noche, no podía ser en el día, no, tiene que ser cuando voy a dormir. Diferente es una enfermedad. Y empezamos a recorrer un camino de la vida plagado de horas de sueño gastadas en mirar para el techo, en pensar pensamientos, en voltearse en la cama, en resolver lo insoluble, tomar medicinas, y cuantas técnicas para combatir el demonio moderno, el imbatible, señor Insomnio.

El cual es un trastorno que dificulta conciliar el sueño, mantenerlo por suficiente tiempo, o nos despertamos varias veces durante la noche y no se vuelve a dormir, provocando un descanso deficiente. Y el nuevo día lo enfrentamos con fatiga, irritabilidad, baja concentración, mal humor, somnolencia, dolor de cabeza. Y la lista es tan larga como personas lo hemos sufrido. Y en esas largas noches, cuando el reloj parece que se detuviera, pensamos y otra vez pensamos, que me puede provocar esta larga abstinencia de sueño. Aparece en primer lugar, el estrés laboral, familiar, ansiedad, depresión, o preocupaciones. Malos hábitos de sueño, horarios irregulares, el uso de televisión, celulares en la habitación, entornos ruidosos, o los factores físicos como dolores crónicos, problemas respiratorios, digestivos, porque nos acostamos con hambre o muy llenos, las apneas.

Pero después de exámenes, resonancias, tacs, endoscopias, radiografías, y lo último, las polisomnografías, que son estudios clínicos para medir el tiempo total de descanso, el tiempo real dormido, y la estructura de sus fases, ligero, profundo y REM, que ocurre después de 90 minutos de sueño, y es su fase profunda, se descubre que se duerme poco y hay que estudiar las causas, y mientras tanto, empezamos otra etapa de la vida, el consumo de ansiolíticos, inductores del sueño, antidepresivos, y otras yerbas en las cuales mi vecino Hernando es experto, porque duerme muy poco, pero se levanta muy tarde, debe de ser que concilia el sueño a altas horas de la noche, o ya de madrugada.

Entonces padecemos de insomnio, tenemos que recurrir a un especialista, nos formula y dependemos de esas medicinas, claro que también le hemos mezclado de todas las técnicas habidas para mejorar la cantidad y calidad del sueño, la última que me sugirió Ofelia, que duerme con un niño chiquito, son las ondas alfa y ahí estoy, espero en la próxima reunión contar cómo me ha ido.

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