Final de la década de los años treinta del siglo XX, Pijao, departamento de Caldas; hoy Quindío y llamado “el pueblo sin prisa” por la tranquilidad que reina en sus lares, nace allí una hermosa niña con ojos verdes, nariz respingada que después con el paso del tiempo seria la hermana mayor de otros dos niños con rasgos físicos similares.
Son los recuerdos que afloran al tener en mis manos su fotografía. Bautizada con el nombre de Ana Sucel Vásquez Alzate y cuyo origen era antioqueño, como muchos pobladores de Pijao migrantes de ese departamento. Vivió su infancia con el amor de sus padres. Luego ante la ausencia de padre debido a una enfermedad que causo su fallecimiento, estuvo bajo la tutela de sus abuelos.
Hizo sus estudios de educación elemental en el colegio Santa teresita; administrado y dirigido por monjas; en general tuvo una niñez y adolescencia plena de alegría y gozo. Joven destacada por su belleza, su actitud positiva frente a la vida y la adversidad y por el amor a su madre, sus abuelos, otros parientes y su pueblo.
Aún adolescente con dieciocho años de edad (en aquellos días se llegaba a la adultez legalmente a la edad de veintiún años) conoció a mi padre Mario Buendía Uribe, hijo de José María Buendía y Genoveva Uribe propietarios de la hacienda «Rio azul» localizada en la cordillera de Pijao.
Mario, comerciante propietario del almacén de víveres y el bar conocido como » La chispa» que aún existe en «el pueblo sin prisa» como lo llaman hoy, se enamoraron y contrajeron matrimonio por la iglesia católica. En este matrimonio procrearon seis hijos; dos mujeres y cuatro hombres a quienes dedicaron su atención y cariño con abnegación y ternura.
En los años de la violencia dada por el enfrentamiento armado entre el partido liberal y el partido conservador que afectó la población cordillerana, asediada por bandoleros partidistas conocidos con apodos como » chispas» y » sangre negra», ella supo ser el apoyo y confidente que por pertenecer al partido liberal temía ser asesinado.
Posteriormente ante el deceso por enfermedad de mi padre, se trasladó a la ciudad de Armenia con sus hijos, dónde les dio educación primaria, secundaria y universitaria formando así profesionales en las ramas de: ingeniería civil, ingeniería forestal, administración de empresas, licenciatura en biología y química, enfermería profesional en jefe y secretariado profesional.
Fue amante de la pintura, la poesía y las plantas. Perteneció a la organización «Damas grises» de la Cruz Roja que realiza actividades sociales y de caridad. Patrocinadora de seminaristas, altruista, ferviente, dadivosa, amable, noble. Oh madre tu ausencia es soledad, tu casa quedó vacía sin tu presencia, sin tu alegría, sin tu amor. Aún pasados los años desde tu partida, te extrañamos, te añoramos, te recordamos cada día. Viene a mi memoria parte de una melodía de los años setenta que decía así:
Porque tu casa tan vacía? Porque será la noche y día? Oh mami! Dime donde estas, di Oh mami! Oh mami.