Guillermo Salazar Jiménez
Responder a las preguntas dónde y porqué estoy aquí, ¿quién me abandonó en este inhóspito lugar?, le permitió a Rusbel Caminante saberse vivo. La muerte cobró la vida a doce y siguió abismo abajo por otros accidentados. Rusbel temió morir, desaparecer para nunca más volver a ver a su familia ni regresar a las aulas universitarias. Recordó a los amigos y los partidos de fútbol. Quiso cerrar los ojos y pensar sin dormir, deseó vivir de otra manera, más despacio para admirar atardeceres y hablar más tiempo con la familia y amistades. Hacer de los momentos una experiencia de vida diferente: Vivir, no existir.
Juanita Lectora expresó que vivir implica hacernos conscientes de la muerte porque esta puede ocurrir en cualquier momento; por tanto, el valor de cada minuto revindica el valor de la vida. A propósito, consultó El libro de los Muertos, texto funerario del antiguo Egipto que contiene conjuros, oraciones y demás fórmulas para ayudar a los difuntos a superar obstáculos encontrados para llegar al Más Allá o Duat.
Rusbel Caminante sintió la muerte tan cerca que revivió el pasado, lo obligó a pensar sobre las huellas que dejó en los días trasegados, revivió preocupaciones por lo que dejó inconcluso ya fuera por desidia o control del tiempo. Por Juanita, Rusbel supo de las cuatro sesiones de aquel libro, de las cuales la primera trata sobre el ingreso del alma y el cuerpo al inframundo y la segunda acerca de los orígenes de los dioses y la preparación de los cuerpos para la resurrección.
Juanita Lectora agregó que El libro de los Muertos fue descubierto en Luxor, 1888, por comerciantes -traficantes egipcios y fue adquirido por el filólogo Wallis Budge, quién lo entregó al Museo Británico, donde permanece. Cuentan historiadores que el Hechizo 125 del libro es famoso porque manifiesta las explicaciones que el extinto debe declarar ante los dioses para demostrar su inocencia.
Intrigado por el contenido del libro mencionado, Rusbel Caminante consultó el Conjuro II Para Resucitar tras la Muerte: ¡Oh tú, dios del Disco lunar, /que resplandeces en las soledades nocturnas! / ¡Yo también estoy junto a ti, /entre los moradores del Cielo que te circundan! /Yo, Osiris, muerto, accedo a mi voluntad/ ora en la Región de los Muertos, /ora en la de los Vivos en la Tierra, /a cualquier lugar donde me guíe el deseo.
Juanita Lectora averiguó que actualmente se editó dicho libro de 448 páginas con los 190 conjuros para acompañar el tránsito de los muertos a la otra vida. Copió el Conjuro 132 para Volver a la Tierra y Volver a su casa: Yo soy el dios-León. /A grandes pasos recorro el Cielo. /Es así que tiendo mi arco y mi presa es abatida. /Ahora llego ante los canales /paso a través del Ojo de Horus. /En realidad, ¡yo mismo soy el Ojo de Horus /! ¡Oh dioses! ¡Permitidme que avance en paz! Concluyó con el poeta uruguayo Benedetti, “Después de todo/ la muerte es solo un síntoma/ de que hubo vida.”