
Después del proceso de reconstrucción en el Eje Cafetero, afectado por el terremoto de 1999, en el barrio Comuneros (MZ 1 A LT 1) del municipio de Montenegro, quedaron unos remanentes (lotes) de uso común. Uno de ellos se convirtió en parque para el disfrute de la comunidad. Años después, de manera irregular, le vendieron el parque a un particular.
Como se ve en la imagen, los almendros, una araucaria de aproximadamente 25 años, la acacia y la palma botella le dan sombra a quienes frecuentan el lugar. Las especies de árboles que allí están —y que pronto podrían desaparecer— regulan el clima en tiempos de fuerte verano y, en invierno, se convierten en barrera rompe vientos.
En el parque, las personas se reúnen bajo su sombra, conversan y habitan el espacio. No se trata de árboles dispersos en un lote vacío, sino de un lugar vivo, apropiado por la comunidad. Allí no hay aislamiento: hay encuentro.
Los árboles allí identificados forman un ecosistema regulador y protector de otras especies, especialmente aves que lo tienen como su hábitat. Sin embargo, a diferencia de esta realidad evidente, la Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ) concluyó en la Resolución No. 149 del 26 de enero de 2026 que se trata únicamente de “ocho (8) individuos aislados”, y complementa señalando que son “árboles aislados fuera de la cobertura de bosque natural”.
La definición puede ser válida en términos normativos, pero resulta profundamente limitada frente a la realidad ecológica y social del lugar. Porque estos árboles no están “aislados”: durante más de dos décadas han conformado un sistema ambiental que regula temperatura, mitiga el viento y sirve de refugio para fauna, además de ser punto de encuentro comunitario. Reducirlos a “individuos aislados” no solo simplifica el análisis, sino que invisibiliza su verdadero valor.

Más aún, el propio concepto técnico de la CRQ contiene una afirmación que debería ser determinante: “los árboles evaluados presentan un buen estado físico y sanitario, con excepción del individuo correspondiente a la especie Araucaria (Araucaria heterophylla), el cual presenta una inclinación significativa… condición que podría representar un riesgo potencial”.
Es decir, de ocho árboles, solo uno presenta una condición que justificaría una intervención por riesgo. A pesar de ello, la decisión fue autorizar la tala total. Y complacer al que compró el parque.
El mismo informe agrega que “los individuos arbóreos se encuentran en contacto o proximidad con redes eléctricas…”. Pero este criterio, por sí solo, no parece suficiente ni excepcional. Basta con recorrer otros parques del departamento para encontrar situaciones similares. La pregunta entonces es la siguiente: ¿se aplicará el mismo criterio en todos los casos?
Aquí es donde surge una preocupación de fondo. El análisis que se presenta como “técnico” parece limitarse a clasificaciones y condiciones puntuales, dejando de lado el valor ambiental, social y comunitario del espacio. La categoría de “árbol aislado” termina funcionando más como una herramienta administrativa que como una lectura integral del entorno.
La consecuencia es evidente: un parque construido durante años por la naturaleza y la comunidad es reducido, en un documento oficial, a una suma de individuos susceptibles de ser eliminados.
Y aunque se plantea una medida de compensación —la siembra de nuevos árboles—, resulta difícil sostener que plántulas recién sembradas puedan sustituir el papel que cumplen árboles maduros con más de 25 años de crecimiento. No se reemplaza un ecosistema con una promesa.
Preocupa, además, el criterio con el que se toman este tipo de decisiones. Porque cuando una autoridad ambiental reconoce que la mayoría de los árboles están sanos y, aun así, autoriza su tala total, el problema deja de ser únicamente técnico.
Ahora bien, ¿cómo es posible que mediante una resolución se autorice la desaparición de un conjunto de árboles que, en su mayoría, no representan riesgo alguno? ¿No debería existir una segunda evaluación independiente que permita contrastar este tipo de decisiones? ¿dónde está la procuraduría ambiental?
Un comentario
Hace algunos años ocurrió lo mismo con el parque del barrio el Jubileo en Armenia.
Siendo el parque del barrio, resultó siendo propiedad de un particular y pues con autorización de la CRQ, tumbaron los arboles que porque iban a construir allí, al cabo del tiempo, no han podido construir allí porque posiblemente el lote pertenece al municipio.
Esos entes de control estan manejados por meros corruptos.