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Andemos despacio para llegar más rápido

17 marzo 2026 11:27 pm
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Existe una convicción muy arraigada entre muchos conductores: para llegar más rápido hay que conducir más rápido. Sin embargo, la evidencia científica y la experiencia de numerosas ciudades del mundo muestran exactamente lo contrario. En el tráfico urbano, la velocidad moderada no retrasa el flujo vehicular: lo hace más eficiente.

El debate que se ha generado en Bogotá alrededor de los controles estrictos de velocidad y del límite de 50 km/h en muchos de sus corredores principales es un buen ejemplo de ello. Para algunos conductores, esta medida parecería significar inevitablemente trayectos más largos. Pero la ingeniería de transporte demuestra que, en vías urbanas densamente transitadas, mantener velocidades moderadas y constantes permite que el tráfico fluya mejor y de manera más estable.

La razón es sencilla. Cuando los vehículos circulan a velocidades excesivas, los conductores deben aumentar las distancias de seguridad y reaccionar con frenazos más bruscos. Esto genera las llamadas “ondas de congestión”, pequeños frenazos que se multiplican hacia atrás en la fila de vehículos hasta convertirse en trancones. En cambio, cuando la velocidad es homogénea —por ejemplo alrededor de 50 km/h— la vía puede transportar más vehículos al mismo tiempo y con menos interrupciones.

Diversos estudios internacionales lo confirman. Investigaciones sobre seguridad vial muestran que cada aumento de apenas 1 km/h en la velocidad promedio incrementa aproximadamente en un 3 % la probabilidad de accidentes y entre un 4 % y un 5 % la gravedad de los mismos. No se trata únicamente de seguridad —que ya sería razón suficiente— sino también de eficiencia del sistema vial.

Por ello, muchas ciudades del mundo han convergido hacia un estándar similar: 50 km/h como límite general en áreas urbanas, e incluso menos en zonas residenciales o con alta presencia de peatones y ciclistas.

Bogotá se ha venido alineando con esa tendencia internacional. Los primeros resultados muestran que, en varios corredores donde se implementaron controles y gestión de velocidad, los tiempos de viaje no aumentaron y la accidentalidad se redujo de manera apreciable.

Sin embargo, la regulación por sí sola no basta. La movilidad urbana depende también, y mucho, de la cultura ciudadana.

Si los conductores adoptáramos prácticas elementales de convivencia vial, el impacto sería inmediato. Permitir el cambio de carril a quien activa la direccional. Aplicar con naturalidad el sistema “cremallera” o “uno a uno” cuando un carril se reduce por una obra o un obstáculo. Evitar la tentación de acelerar para ganar unos pocos metros que inevitablemente se perderán en el siguiente semáforo.

Son gestos simples, pero multiplicados por miles de conductores pueden transformar por completo la dinámica del tráfico.

Las ciudades que han logrado una movilidad más fluida no lo han hecho solamente mediante radares o sanciones. Lo han conseguido porque sus ciudadanos comprendieron que la vía pública es un espacio compartido, donde el comportamiento individual tiene efectos directos sobre el bienestar colectivo.

El tráfico urbano se parece mucho a una coreografía. Cuando cada conductor intenta ir más rápido que los demás, el resultado es desorden y congestión. Cuando todos mantienen un ritmo razonable y predecible, el sistema funciona mejor.

La paradoja es clara: no llegamos antes porque corramos más, sino porque avanzamos mejor juntos.

Quizás por eso, en las calles —como en tantas otras dimensiones de la vida— conviene recordar una sencilla verdad:andemos despacio para llegar más rápido.

4 respuestas

  1. La explicación de las ondas es correcta y responde a la física. Más exactamente a la mecánica de los fluidos, aplicada al tráfico. Veo la necesidad de educar a los colombianos en el buen uso de las dobles calzadas.

  2. Mucho que ver con:
    1- Por más que madrugue no amanece más temprano
    2- Como decía Napoleón, vístame despacio que estoy de prisa

    Y nada que ver la medida de 50 km en Bogotá con 30 km en algunos sectores de las carreteras colombianas.

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