El Instituto Calarcá encierra un universo. Con una experiencia que ya supera los 91 años de vida, hoy en día puede ser visto, sin lugar a dudas, como el ejemplo de la inclusión y la diversidad. “Hoy tenemos el mayor número de población desplazada, de población migrante, de personas con discapacidad, de privados de la libertad y de adultos. Manejamos una gran cantidad de situaciones siempre propendiendo a que ese ser humano cada día sea mejor y por el tejido social de Calarcá”, expresó al respecto, el rector Gustavo Zamudio Barbosa.
Lo más interesante es que la sede la comparten con estudiantes regulares. Pese a no compartir aula, debido a la diferencia en los contenidos curriculares, son los pasillos, los escenarios deportivos y la cafetería, entre otros, los lugares en los que las diferentes realidades se miran entre sí. Una olla de presión, se diría de manera apresurada. Sin embargo, el contacto entre los diferentes modelos de aprendizaje que convergen en sus instalaciones ha resultado ser un ejercicio exitoso de respeto por la diferencia.
“En el caso de los estudiantes con discapacidad son, por ejemplo, los que más participan de los actos culturales, en los que muestran sus capacidades en lectura, danza o teatro”, destacó el docente Andrés Fabián Moreno Cortés. “Los reciben con cariño, los ayudan e incluso los protegen. No hay ninguna clase de discriminación: esa es la verdadera inclusión, que los niños con discapacidad están incluidos en el proceso académico de los demás”, complementa Zamudio.
Y es que, para la atención efectiva de la comunidad con discapacidad, tanto física como cognitiva, la Institución Educativa trabaja de la mano con la fundación Enlazar, que les brinda el almuerzo, así como la jornada complementaria de mediodía a las 4:00 de la tarde, enfocada a actividades culturales, y que complementa las clases dictadas por el equipo docente de la IE, de acuerdo a las capacidades de cada alumno. Así mismo, se cuenta con un equipo de docentes y profesionales de apoyo, psicólogos e intérpretes, que hacen posible que esta comunidad saque adelante sus estudios y con ellos, un proyecto de vida.
“Lo más significativo ha sido encontrarme con personas muy capaces, que han superado adversidades en la vida, y que se desenvuelven en la sociedad. Al principio tenía mis prevenciones y estigmas, pero me di cuenta de su potencial, su capacidad de respuesta y su disposición siempre para aprender”, reconoce Moreno. Zamudio lo ratifica: “La institución se caracteriza por brindar la atención a esas personas que muchos olvidan, que no son protegidos, para que salgan adelante”.Tal vez sea ese espíritu el que hace que un establecimiento de casi un siglo de antigüedad se sienta siempre radiante, lleno de vida y sinónimo de un mejor mañana.