Su presencia en África, América y Australia, evidencian la deriva continental.
Cuando escuchamos la palabra fósil, imaginamos la evidencia de un organismo que existió en el pasado de nuestro planeta Tierra y que, por distintas razones, dejó de existir. Algunas de esas razones están relacionadas con la incapacidad de adaptarse a los cambios que la Tierra ha sufrido a lo largo del tiempo, así como a eventos que provocaron su extinción.
Sin embargo, no todos los organismos del pasado se han extinguido: algunos han persistido a través del tiempo con escasas modificaciones morfológicas, lo que nos lleva a pensar que han sido extraordinariamente exitosos. A estos organismos se los conoce como fósiles vivientes.
Secretos
Esta es la primera de varias publicaciones en las que se darán a conocer algunos de los fósiles vivientes de nuestro planeta, seres que comparten la vida con nosotros a pesar de haber habitado la Tierra mucho antes de que la especie humana surgiera.
Comenzamos con los onicóforos, invertebrados registrados en el planeta desde el Cámbrico, periodo geológico caracterizado por la diversificación explosiva de la vida marina y la aparición de los principales filos animales modernos, hace aproximadamente 500 millones de años.
Mannelly Del Carmen Ramírez de Zanabria, docente de geociencia, laboratorio de biología y ética profesional del programa de Biología de la UQ, mencionó que es asombroso observar cómo estos organismos aún existen, a pesar de que la Tierra ha cambiado considerablemente a lo largo del tiempo, presentando en la actualidad ambientes y condiciones climáticas muy distintas a las de aquella época.
Encuentro
El miércoles 18 de febrero, a las 9:00 de la mañana, Juan Esteban Romero Martínez entró al sendero Cedro Rosado de la UQ junto con dos compañeras para realizar un trabajo de la asignatura de ecología. Mientras buscaban miriápodos (artrópodos terrestres como los cienpiés o milpiés) y, como suelen suceder la mayoría de cosas sorprendentes, sin esperarlo vieron una especie de gusano en un tronco con musgo, en ese momento se acercaron más y se dieron cuenta, con cierto grado de dicha, que era un onicóforo. Fue muy emocionante, expresó Romero Martínez, porque es un fósil viviente nunca antes registrado ni en la Universidad del Quindío ni en el departamento.
Es como desmentir un mito, dijo el uniquindiano: “Ver ese bicho en vivo y en directo es realmente sorprendente. Toda la vida había querido ver un onicóforo, incluso le había dicho a la profe Rocío, con la que teníamos visita al sendero el 19 de febrero, que yo en esa salida necesitaba ver un onicóforo”. En ese momento, decidió contemplarlo y tomarle un par de fotos y videos, además de observarlo con una lupa y confirmar que, efectivamente, era un fósil viviente.
Juan Esteban Romero Martínez es estudiante de quinto semestre del programa de Biología. Para él, estos organismos siempre han sido fascinantes y los conocía por su importancia entre los invertebrados y artrópodos, porque es un puente entre ambos. “Es como ver un gusano con patas”.
“Gusanos de terciopelo”
De estos organismos poco se sabe. De acuerdo con Monge-Nájera (1996), se distribuyeron globalmente debido a la fragmentación del supercontinente Gondwana hace más de 200 millones de años, transportados pasivamente en las placas tectónicas hacia sus ubicaciones actuales en los trópicos, dado que son organismos terrestres antiguos incapaces de cruzar océanos; su presencia disyunta en África, América y Australia, lo cual evidencia la deriva continental.
La palabra onicóforo proviene del griego onykhos, que significa «uña» o «garra», y phorós, que significa «portador», es decir, son portadores de uñas o garras. Se les conoce comúnmente como gusanos de terciopelo, por la semejanza de su piel con ese material textil. En un principio fueron acuáticos, pero se adaptaron exitosamente a la vida terrestre, lo que les permite habitar hoy sitios húmedos asociados al suelo o a la hojarasca de bosques y relictos boscosos, como el Sendero Cedro Rosado del campus de la Universidad del Quindío, donde es posible observarlos.
Leonardo Delgado Santa, docente uniquindiano de biología de invertebrados y artrópodos, explicó que un onicóforo es un organismo invertebrado, es un filum dentro del reino animal de la familia peripatidae, que vive en el suelo o en la hojarasca y está asociado a lugares húmedos porque su cuerpo no tolera mucha desecación. Todo lo que se encuentra en la literatura sobre este organismo lo referencia como depredador, cazador, que necesita atrapar a sus presas vivas, matarlas y comérselas. Es muy difícil verlos, y así mismo es difícil encontrar especialistas sobre estos organismos.
Importancia ecológica
Ver un onicóforo no es fácil. Y que, en la Universidad del Quindío, dentro de su relicto boscoso Cedro Rosado podamos encontrarlos y observarlos, es una gran noticia para la biodiversidad. “Que la comunidad pueda conocer organismos que no son visibles a simple vista, que han sobrevivido a más de 500 millones de años y que sólo pueden vivir allí gracias a que tenemos un bosque en medio de la ciudad, es fascinante y de gran importancia”, aseguró el docente Delgado Santa. Además, al ser depredadores, generan un equilibrio ecosistémico dentro del bosque que habitan.
Un comentario
Que maravilla de encuentro !!! Tendremos futuro si si recuperamos y protegemos estas especies raras