También en papel y sensores ambientalmente viables
Un proyecto con impacto territorial y ambiental titulado Aprovechamiento y valorización integral de residuos agrícolas de la industria platanera y bananera: Una alternativa económica y ambientalmente viable, fue realizado por Cristian Camilo Villa Zabala, director del Doctorado en Ciencias y Alejandro Arboleda Murillo, investigador e integrantes del Grupo de Investigación en Fisicoquímica Ambiental y Computacional (GIFAC) de la Universidad del Quindío en alianza con otros coinvestigadores de dos universidades colombianas.
El proyecto fue financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación gracias a la convocataria 890 del 2022, la cual buscaba hacer investigación aplicada en articulación con dos universidades y un instituto técnico universitario. En ese sentido, las alianzas fueron: Universidad del Quindío, Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) de Santander y el Politécnico Colombiano Jaime Isaza de Medellín.
Valoración
La investugación buscó, principalmente, proponer diferentes estrategias y metodologías eficientes y viables para la valorización de residuos agrícolas de la industria platanera y bananera a través del uso de nanocelulosa en diferentes aplicaciones industriales. El docente Villa Zabala explicó que escogieron los residuos de la industria platanera que se encuentran en los tres departamentos (Quindío, Santander y Antioquia) para transformar tallo, seudotallo, cáscara y demás residuos en nanocelulosa, que es un material de alta demanda, para reforzar empaques alimenticios, papel y generar sensores para contaminantes en alimentos.
La misma incluía la financiación de una estudiante de doctorado, que fue la uniquindiana Cindy Vanessa Restrepo; un estudiante de maestría: Alejandro Arboleda Murillo, y varios estudiantes de pregrado de las tres universidades. Durante estos tres años de trabajo alrededor del proyecto se han realizado pasantías internacionales, publicaciones y productos finales.
Las nanocelulosas son una industria muy importante a nivel mundial. En Colombia, señaló el director del Doctorado en Ciencias, no está muy desarrollada aún, entonces la idea era aportar a esta industria.
El proceso permite una generación de economía circular: “Tenemos unos residuos que los podemos transformar en celulosa, tratamos de que los procesos sean lo más amigable posible con el medio ambiente, y luego buscamos que estos productos le generen una ganancia adicional al productor. Es importante tener presente que esos residuos no se pierden, los productores los usan para compostar o para otras necesidades, sin embargo, este proyecto quería crear productos que le aporten tanto a la economía del productor como a la conservación ambiental”.
Amigables
El trabajo colaborativo fue el principal método que se usó para esta investigación. En cada una de las universidades se hizo la extracción de celulosa; Alejandro Arboleda Murillo viajó a España a optimizar dicha celulosa y luego, cada institución por su parte, trabajó en un problema y un producto.
Desde la Universidad del Quindío se han desarrollado nuevos tipos de empaques biodegradables, específicamente activos y fotoactivos para conservar alimentos. En el Politécnico Colombiano Jaime Isaza de Medellín se generó papel con mejores propiedades y ya se han tenido asesorías con empresas que trabajan el papel y, por último, con la UNAD de Santander se trabajó el desarrollo de sensores electroquímicos y fotoquímicos, “de bolsillo”, para determinar contaminantes en alimentos. Todo esto, a base de la celulosa del plátano.