El economista Álvaro Patiño Pulido vivió hace 27 años una de sus peores tragedias: enfrentar como alcalde de Armenia el terremoto del 25 de enero de 1999, que destruyó gran parte de la ciudad, con un saldo de más de mil muertos, centenares de heridos, personas desaparecidas y casi toda la infraestructura de servicios públicos derruida.
Hoy, 27 años después, Álvaro Patiño Pulido vive otra tragedia, más íntima, más personal, pues hace un par de meses sufrió un Accidente Cerebro Vascular, que lo ha mantenido por fuera de sus actividades y al cuidado de su familia. Inicialmente, el exalcalde Patiño perdió algunas de sus facultades como el habla y su movilidad en una de sus piernas, pero, por fortuna, y después de una intervención quirúrgica cerebral, ha ido recobrando ambas cosas.
Por eso, hoy, día en que se conmemora la tragedia del terremoto del 25 de enero del año 1999 en Armenia, hacemos una evocación del trabajo de este hombre que le ha dado todo a su ciudad, y que sin vacilación, sin fatiga, con tesón y un inmenso amor por su pueblo, lo sacó adelante y pudo entregarlo con todos los elementos técnicos, de planeación y financieros para su reconstrucción.
“Es necesario abandonar las mezquindades políticas y aunar esfuerzos hacia la solidaridad y la hermandad de la quindianidad”, dijo el alcalde Álvaro Patiño Pulido en esa semana del terremoto del 25 de enero de 1999, la peor tragedia en la historia del departamento del Quindío y de su ciudad capital.
Patiño Pulido, ante la que el mismo llamó mezquindad política tuvo que salirle al quite a los señalamientos de los dirigentes políticos locales que mostrando su ambición particular y parroquialismo, no respetaron ni los muertos ni el drama que estábamos viviendo los armenios con la ciudad en el suelo.
Se atrevieron a decir que el alcalde y el gobernador, Henry Gómez Tabares, “no pudieron ponerse de acuerdo por intereses políticos particulares, para manejar el desastre que trajo el terremoto el 25 de enero”, a lo que Álvaro Patiño Pulido con la mayor tranquilidad manifestó: “Sólo aquellos que no conocen nuestra realidad, nuestra identidad, nuestra idiosincrasia, pueden pensar que en medio de una tragedia de las proporciones del terremoto del 25 de enero haya tiempo para actuar con intereses políticos particulares. Quienes así lo pensaron, tienen mentes torcidas”. Y hoy, desde esta tribuna lo reiteramos.
Esa afirmación del mandatario, cierta en todas las dimensiones, la corroboró el hecho de que una hora y media después del terremoto, cuando todos los secretarios de despacho, el propio alcalde y gobernador habían averiguado por sus propias familias, se reunieron en un terraplén, frente a la alcaldía en donde los consejos de gobierno conjuntos del municipio de Armenia y el departamento con los comités de emergencia local y departamental, se pusieron de acuerdo en la forma de actuar. El gobernador coordinaría todo lo que fuera municipios diferentes a Armenia, en tanto que el alcalde Patiño Pulido estaría al frente del desastre en la ciudad.
Las primeras horas y días después del terremoto se convirtieron, por lógica, en prioridad de atención tanto para el gobierno municipal como para el departamental. El equipo de funcionarios sobrevivientes no descansó durante los momentos más álgidos del infortunio. “Primero se atendió la tragedia en los frentes más urgentes: atención de heridos, para lo cual se improvisaron tres sitios más como hospitales con equipo y personal: Parque Cafetero, parqueadero del Supermercado La Candelaria, y la Unidad Intermedia del Sur. Se decidió atender el levantamiento de cadáveres en la universidad del Quindío a través de la dirección regional de fiscalías y se inició una ardua labor de remoción de escombros en busca de heridos. Todo esto se hizo con personal del municipio de Armenia, su secretaría de Salud y del departamento del Quindío, su Instituto de Salud, con los obreros y empleados del municipio”.
La magnitud de la catástrofe, considerada por el alcalde Álvaro Patiño Pulido como las más grande de la historia de Colombia, lo llevó, tanto a él como al gobernador Gómez Tabares, a acudir al llamado nacional e internacional. En ese sentido, el entonces presidente de la República Andrés Pastrana Arango se hizo presente en la zona y empezó la solidaridad proveniente de toda la nación y el mundo con los sobrevivientes. Pastrana tomó el protagonismo de los acontecimientos y de las atenciones como era su deber de mandatario nacional. Tal vez ello opacó para la prensa local y nacional la labor de las administraciones municipal y departamental de la época, que siguieron luchando sin ningún afán de egocentrismo en los diferentes frentes de desdicha que había dejado el evento natural.
Nadie puede desconocer la labor de esos equipos de gobierno “solo las mentes torcidas” como dijo el alcalde Patiño. Sobre todo los de Armenia, que tuvieron que enfrentar el peor desastre en la historia de la ciudad: muertos, heridos, edificios destruidos, barrios enteros en el suelo, damnificados con hambre, sed, una población que jamás imaginó que la furia de la naturaleza fuera más grande que sus ambiciones y sus sueños. Y no se debe olvidar que tal atención tenía el agravante de que las instituciones como la Policía y organismos de socorro como el Cuerpo de Bomberos vivían su propia tragedia con sus sedes destruidas y con un número lamentable de policías y bomberos muertos.
Si a alguien hay que rendirle un homenaje hoy 27 años después del terremoto del 25 de enero de 1999, es al exalcalde Álvaro Patiño Pulido, hoy en su lecho de enfermo.
No dudamos en manifestar que el GRAN HÉROE del terremoto y la reconstrucción de Armenia, a quien debemos gran parte de lo que somos después de esa tragedia, se llama Álvaro Patiño Pulido que, seguramente, desde su lecho de enfermo, se reencuentra hoy con sus recuerdos, con la firme convicción de que lo dio todo, sin mezquindades y sin miramientos, por esta Armenia que tanto ama.
EL QUINDIANO manifiesta, con convicción, el absoluto agradecimiento al exalcalde Patiño y eleva oraciones de fe por su pronta recuperación.