Llegué a Armenia en 1969, tres años después de la creación del departamento. La misión que llevaba era la de permanecer un par de meses en la ciudad, mientras se designaba el gerente titular. En el momento de la selección, fui yo mismo quien propuse mi nombre, y en el Quindío me quedé quince años. La amabilidad de su gente y el encanto de sus paisajes fueron determinantes para enamorarme de la región. Allí inicié mi carrera de escritor y periodista, que hoy cumple catorce libros publicados y más de dos mil artículos de prensa.
El 19 de enero de 1966, el Congreso de la República aprobó la ley que le dio vida al nuevo departamento, pequeño territorio de apenas 1.845 km2 y doce municipios que desde años atrás luchaba por su independencia. El café era el motor que movía su economía. Años después (1975-1977), vino el mayor auge cafetero con sucesivas bonanzas que significaron un hecho desconocido, a la vez que perturbador por sus efectos inflacionarios, y que surgía como por arte de magia a raíz de las heladas del Brasil, el mayor productor y exportador del grano en el mundo.
Esa fue la época de las vacas gordas, para la cual la gente no estaba preparada. Tiempo después ocurrió la destorcida, cuando el grano entró en crisis. Como la región no se había preocupado por la creación de industrias de alto poder, la situación se tornó calamitosa. Sin embargo, el quindiano se ha caracterizado por su espíritu de lucha, de resistencia y creatividad, de empuje y progreso, dotes que en semejante coyuntura lo llevaron a idear otros medios de subsistencia.
La solución estaba en el turismo, que no se había sabido explotar. En los campos comenzó a adaptarse buen número de residencias típicas, dotadas de comodidad y embrujo. La noticia fue extendiéndose por el país y atraía continuas corrientes de visitantes. La creación del Parque del Café, bajo el liderazgo del agrónomo Diego Arango Mora y el patrocinio de la Federación Nacional del Café, fue el principal aliciente para los viajeros, y convirtió al Quindío en uno de los principales destinos turísticos del país.
Un halago adicional estaba en Panaca, parque temático que enseña la belleza rural en medio de animales domésticos y distracciones diversas. Frente a este panorama seductor, grandes hoteles establecieron su sede en la región. Hoy, el resurgimiento regional no puede ser más evidente. La época de corrupción comandada por Carlos Lehder está desvanecida en la actualidad, si bien quedan focos criminales que aún alteran la paz local. En la vida oficial se ha degradado la moralidad de otros tiempos, y este es quizás el mayor lastre.
El terremoto de 1999 es el suceso más catastrófico sufrido por el Quindío en toda su historia. Con él, una cadena de desgracias cayó sobre el Eje Cafetero, siendo el Quindío la zona más afectada. Armenia quedó destruida. Este episodio terrorífico lo narra Diego Arango en libro que pronto pondrá en circulación. A pesar de ese derrumbe arrasador, la ciudad fue levantada de nuevo en poco tiempo gracias al empeño y la tenacidad de los quindianos. Entre triunfos y dolores, caídas y levantadas, sombras y luces, llega el Quindío a sus 60 años de vida. Es todo un itinerario de glorias y reveses que celebro con emoción y alborozo, como un homenaje entrañable a la tierra amada.