El sábado en la madrugada del 3 de enero de 2026, medios de comunicación internacionales empezaron a informar que estaba en desarrollo una invasión militar de los Estados Unidos a Venezuela. Por medio de sus redes sociales, la gente que vivía los acontecimientos en Caracas comenzó a subir videos donde se mostraba una ciudad sin energía; en otros reportaban explosiones en puntos estratégicos y se mostraban sobrevuelos de aviones que no eran derribados por el sistema antiaéreo venezolano. La última imagen que reportó la prensa fue la de un convoy de helicópteros tipo Boeing CH-47 Chinook y Sikorsky MH-60 Black Hawk que transportaban las unidades de la Delta Force, que tenían una misión muy específica esa noche.
Horas después de que iniciara la invasión militar de Caracas, las redes sociales se inundaron con información, donde se afirmaba que Nicolás Maduro Moros había sido extraído en la madrugada de ese sábado y que ya estaba rumbo a una cárcel de Nueva York. El hecho resultaba asombroso, ya que Maduro era el hombre más custodiado de Venezuela, y este había hecho alarde semanas antes de que era prácticamente inalcanzable para sus enemigos del norte.
Las especulaciones terminaron cuando, en la mañana del sábado a las 11 a.m. (hora del Este de EE. UU.), el presidente Donald Trump, con su gabinete, dio una rueda de prensa en la que anunció que habían capturado a Nicolás Maduro y que la operación la ejecutó un grupo de Fuerzas Especiales de la Delta Force. Los cuales llegaron hasta el Fuerte Tiuna y, en una operación relámpago, aprendieron a Maduro y a su esposa Cilia Flores. Del lugar fue sacado en un helicóptero, lo llevaron hasta el buque de guerra USS Iwo Jima y de ahí lo subieron en un avión de la Fuerza Aérea de EE. UU. Y fue transportado hasta la ciudad de Nueva York, donde fue puesto en prisión.
La noticia parecía sacada de una película de acción del subgénero bélico, y luego Trump presentó otro dato inédito de la Operación Resolución Absoluta. Este informó a los medios de comunicación que la ubicación exacta de Maduro fue proporcionada por un infiltrado que tenía la CIA dentro del círculo íntimo del gobierno. Esta persona los mantuvo informados en tiempo real de todos los movimientos de Maduro y su esposa desde aproximadamente hace tres meses.
La oposición venezolana pensaba que Trump iba a dar su respaldo como presidente del país a Edmundo del Castillo y a su fórmula vicepresidencial, María Corina Machado, pero Trump tenía otros planes. Causó asombro al declarar que reconocía ahora como presidenta a Delsi Rodríguez y que con ella se iban a entender para definir los términos de la transición política en el país.
Dos días después, Delsi Rodríguez se posesionó ante la Asamblea Nacional como presidenta de Venezuela, y aunque en su discurso mantenía la línea dura frente a los Estados Unidos, lo que empezó a suceder en Caracas mostró que ya estaba alineada con los intereses de Washington. El 9 de enero de 2026, un avión que representa al gobierno de EE. UU. llegó al Aeropuerto Internacional de Maiquetía en Caracas, llevando a un grupo oficial de la administración de Donald Trump, que contaba con personal diplomático, siendo notable la inclusión de John McNamara, quien es el encargado de negocios de la Unidad de Asuntos Venezolanos (VAU) ubicada en Colombia.
Los sucesos avanzaron muy rápido y no se alcanzaba a procesar lo que ocurría en el país vecino. Medios de comunicación como Tele Sur y Venezolana de Televisión empezaron a matizar lo que estaba pasando, tratando de mostrar que aún el gobierno venezolano era antiimperialista y que se mantenía intacta la “institucionalidad revolucionaria”. Sin embargo, a pesar de la narrativa que quisieron implantar, lo que hablaban eran los hechos, y era innegable que había una claudicación de facto, y ya el gobierno seguía a pie juntillas el libreto impuesto desde Washington.
El hecho que dejó desconcertado hasta al más fiel seguidor de los hermanos Rodríguez fue la visita del director de la CIA, John Ratcliffe. El jefe de la inteligencia de EE. UU. llegó a Venezuela y se reunió con Delsi Rodríguez y varios miembros de su equipo de gobierno. Lo que manifestó la portavoz de la Casa Blanca es que este encuentro tuvo como propósito acordar el futuro de Venezuela. Las imágenes mostraban a una Delsi sonriendo al lado de quienes hace unos días habían raptado al presidente en ejercicio del país; era un hecho surrealista.
Frente a todos estos sucesos, Daniel Stulin, ex agente de contrainteligencia del FSB (Servicio Federal de Seguridad) de Rusia y autor de más de una docena de libros centrados en geopolítica, manifestó en su programa de YouTube que Delsi Rodríguez y Jorge Rodríguez, su hermano, habían acordado con la CIA la entrega de Maduro y habían negociado su continuidad en el poder. Aunque esto pareciera una teoría de la conspiración, al mirar con detalle cómo han evolucionado los hechos, resulta innegable que hubo una traición desde el más alto nivel a Maduro y que, a pesar de que fue raptado por orden de Trump, el país que gobernaba no respondió militarmente de ninguna forma y ha recibido con los brazos abiertos a quienes hace solo unos meses consideraban sus enemigos más acérrimos.
El enigma de Delsi
Los hermanos Rodríguez controlan hoy Venezuela; por un lado, Jorge Rodríguez preside la Asamblea Nacional y su hermana, ahora por obra y gracia de Trump, es la presidenta del país y, desde que asumió el cargo, ha demostrado acatar fielmente las instrucciones que le llegan desde la Casa Blanca. Esta mujer no tiene carisma, no construye su poder desde el mito o la narrativa antiimperialista; su poder está en que conoce al detalle cómo funcionan las instituciones del poder. La razón por la que el rapto de Nicolás Maduro no generó una ruptura institucional irreversible la explica Stulin en una publicación en su perfil de la red social. X:
“Se administra el legado de Chávez sin destruirlo, pero vaciándolo de capacidad decisoria real. Blindar el sistema antes que al líder. Maduro no es protegido en tanto función, no en tanto figura. Si deja de ser útil, se gestiona su remplazo sin trauma sistémico. No busca legitimidad popular. Busca control de nodos: finanzas, petróleo, sanciones, seguridad jurídica informal”.
Frente a la reacción prácticamente de parálisis de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana a partir de la agresión de los Estados Unidos, habría que buscar la explicación que da Freud en Psicología de las masas y análisis del yo; este plantea que “cuando el líder de una masa cae, la identificación que unía a sus miembros se rompe, liberando una intensa frustración, desilusión y agresión”.
Con la extracción exitosa de Nicolás Maduro por parte de las Fuerzas Especiales de los EE. UU. Lo que se demostró es que el despliegue de poder militar exterior que exhibía el gobierno venezolano era de papel; fue así como se rompió su centro de gravedad, que Von Clausewitz lo definió como “el eje de todo poder y movimiento, del que todo depende”. Una especie de centro nervioso y, por tanto, atacar ese centro de gravedad, neutralizarlo o destruirlo es la máxima estrategia de la guerra.
Fueron constantes las demostraciones de poder militar de Maduro, tanto que retaba a Trump a ir por él a Caracas. En videos se le veía bailando al lado de su esposa, Cilia Flores, rodeado de personas que lo aclamaban, y parece que subestimó la determinación de Trump. Maduro ignoró mensajes muy dicientes, como lo que dijo a Glenn Diesen en su programa de YouTube. Douglas Macgregor, ex coronel retirado, veterano de combate y ex asesor principal del Secretario de Defensa de EE. UU., ante la pregunta: «¿Cree usted que Trump ha movido la Cuarta Flota Naval al mar Caribe simplemente por hacer un alarde de poder?», Macgregor respondió:
“l despliegue no era solo una «postura» o intimidación vacía. Explicó que el despliegue de activos navales significativos en el Caribe y cerca de las costas de Venezuela tenía como objetivo real establecer una capacidad de intervención operativa en caso de que fuera necesario proteger los intereses de seguridad nacional de EE. UU.
Ahora nadie sabe cuál será el siguiente en ser invadido por EE. UU. El mundo que conocíamos ha llegado a su fin; se ha hecho pedazos el orden internacional basado en reglas establecido tras la Segunda Guerra Mundial, y lo que hoy prima es el unilateralismo y la fuerza como los principios que gobiernan el mundo.