jueves 12 Feb 2026
Pico y placa: 1 - 2

TRANSACCIÓN

6 enero 2026 9:00 pm
Compartir:

Lo que presenciamos este 3 de enero en las vísperas de 2026 sobre Caracas, Venezuela, no tiene precedentes en la aldea global. Arrancamos el año codificados y teledirigidos como bien lo definió Sartori. Una nueva escena de guerra simbólica del gobierno de Donald Trump se desató sin sonrojo, una invasión militar convertida en un show de acción para consumo multimedia.

El rostro y tono poco modesto ya característico de Trump en la rueda de prensa calificó el episodio de «ataque quirúrgico», “preciso”, “de alta complejidad”, “sin ninguna fatalidad”. Antes de esto, Europa, buscando a su estilo un pedazo del pastel, ya había gestionado su golpe blando entregándole el premio nobel de paz en Oslo a María Corina Machado. 

Sin embargo, a Trump no lo cabalgan y menos con diplomacia. Él, que es nieto de migrantes, se apoderó del espíritu Monroe y en clave que aplasta el derecho internacional, volvió a decir «América para los americanos», o más bien, América para los gringos.

Como pasó en Irán, brilló la ausencia de la protección del guante de hierro de Rusia, y el rugir del verdadero tigre, China, sobre sus socios venezolanos. Quedó claro que finalmente negocios son negocios, se aplicó el «que cada uno se salve como pueda»; y antes de que la nueva era del tecnofeudalismo emerja con la inteligencia artificial, el viejo capitalismo salvaje y extractivo fue por todo. 

Esto sin duda nos demuestra que el mundo se reordena por las buenas o por las buenas, aquí ya no hay romanticismo, aquí no hay ideología, aquí la “transición democrática” es transacción.

Nuevamente, el tablero se dejó ver y mostró que las potencias ya acordaron. Jinping, en su alocución del 31 de diciembre para el mundo, dijo que la reunificación con Taiwán era imparable y tenía fecha. A Selenski, que ha sido un prolífico payaso de carrera, tanto la Unión Europea como Estados Unidos lo dejaron sólo para permitir que Rusia avance decodificando a sangre los bastiones culturales ucranianos. Esto, mientras Alemania, la meca de las vanguardias y el futurismo europeo, se diluye en su propio retroceso tecnológico, sin poder hacer nada para detener a los rusos que vuelven a marcar bandera roja.

Dadas todas estas cosas, tenemos un escenario muy peligroso para Latinoamérica pero sobre todo para Colombia, con un Trump que divorcia la política del militarismo y «un quijote» que desde la Casa de Nariño da bramidos de poeta galáctico, y entre trino y delirio, desafía. Ya vimos todos cómo nos leen, nosotros somos los de la desprestigiada e icónica frase «plata o plomo», como le escribió Musk a Petro; como si esta fuera la única marca visible de lo que somos para el mundo.

Y es que aún en medio de todo esto, quisiera siempre hablar de ciencia, tecnología e innovación como proyecto nacional, que es de lo que procuro sean mis columnas. Pero en esta y a estos niveles, es imposible no comentar sobre algo que no tenemos pero que sí anhelamos impulsar, porque termina siendo determinante para cualquier nación y más cuando de soberanía entre transacciones se trata: Lamentablemente la dinámica histórica del desarrollo del país nos sigue ubicando como encomenderos, o si se quiere, como mensajeros caros al estilo de los congresistas de este país. Y no estamos haciendo nada para remediarlo.

Por ello, llego a dos conclusiones prematuras que me atrevo a esbozar:

1. No aplaudamos lo que es y será una tragedia prolongada para el pueblo venezolano o ¿Acaso pueden seguir pensando que a Venezuela la liberaron?

2. No invoquemos con irresponsabilidad lo que no alcanzamos a dimensionar, y más cuando hemos sufrido tanto la guerra naturalizada. O si no, ¿cuál sería el resultado para el pueblo colombiano de una «extracción quirúrgica» del bramador de la Casa de Nariño?

Auguro que lo que venimos viendo como algo natural, la IA descontrolada, las masacres de niños para legitimar poderes territoriales como acontece en Palestina, y ahora, las extracciones quirúrgicas y sincronizadas sumadas a la desarticulación del multilateralismo, no es avance, es retroceso para la humanidad.

Nuestros ancestros republicanos lucharon por soberanía y autodeterminación como esencia de la paz desde un proyecto nacional. Somos los hijos Grancolombianos y ahí siguen estando las claves orientadoras que debemos redescubrir con audacia, la invitación es a pensar que actuar como servidumbre ha sido nuestra condena y lo que nos ha mantenido en el completo atraso. Mientras que vernos soberanos es el principio de la paz. Los billetes no piensan.

PD: Rechazar a Maduro y rechazar la invasión norteamericana y los actos de guerra ejecutados no es contradicción: es coherencia de principios. El derecho internacional existe para proteger a los pueblos de dos amenazas: la tiranía interna y la agresión externa. Maduro violó el primer componente. Estados Unidos violó el segundo. Condeno ambas violaciones simultáneamente.

Te puede interesar

Lo más leído

El Quindiano le recomienda