Desde el silencio, nombro. Desde la herida, entrego. Desde el amor, escribo. María Jaramillo
Gloria Chávez Vásquez
La escritora y poeta colombiana María Elena Jaramillo Román (Armenia 1969) evoca en la imaginación, un talentoso juglar medieval que adquirió sus destrezas poéticas con su música, en sus viajes, absorbiendo lo mejor de las culturas, y que de paso por la vida transformó sus canciones en poemas dedicando tiempo y espacio, a enseñar e inspirar a otros, pero, sobre todo, a escribir poesía de alto vuelo.
Junto a su esposo, Roberto, ingeniero de petróleos, ha vivido, estudiado y trabajado en su profesión como Coach (entrenadora) ontológica, en Escocia, España, Perú y Rusia. Con él tuvo dos hijos, Sebastián y Santiago, que se educaron en los países donde vivieron.
Actualmente reside en Montevideo donde comenzó a escribir poesía motivada por un afán de aceptar las pérdidas (entre ellas la de su madre) y el desprendimiento de sus raíces. Desde entonces ha presentado sus libros, a medida que nacen, en festivales de poesía y ferias del libro en Latinoamérica y España. Su trayectoria la ha dotado de una perspectiva global que enriquece su escritura.
Su libro más reciente, Sangrar (Escarabajo Editorial) presentado en Colombia y en Uruguay (Editorial Yauguru) durante el transcurso de 2025 lo explica la autora como “una forma de estar en el mundo desde la herida que elige seguir fluyendo. En esta palabra no se sangra por ruptura, sino por fidelidad a lo que se ha sentido. Es un proceso individual ritualista y sagrado, que aparece después de una conversación contigo misma”.
La vulnerabilidad en la poesía
La poesía “no es resistencia, es vulnerabilidad” declara Jaramillo Román y aclara que la suya “no es una escritura de desahogo ni catarsis. No es un reclamo, ni una denuncia directa. No es una poética del grito ni del lamento. No busca curar, sino recordar con lucidez y celebrar que está viva”.
El investigador y profesor de la Universidad del Quindío, Juan Manuel Acevedo observa que los poemas de María en esta colección, permiten[n] al lector posicionarse de cara a lo místico; atender a ese señalamiento de lo invisible, implica el reconocimiento de un pasado, desacelerar el presente y detener ese tiempo voraz que hoy nos acontece.
La desnudez poética
En el prólogo al Mar de instantes, Editorial Yauguru (2022), la poeta quindiana Esperanza Jaramillo García (ninguna relación) descubre en el lenguaje de estos poemas, que los sentimientos encuentran su forma y su medida mediante versos de velado erotismo, que desnudan ligeramente la sensualidad de la autora en tules de superpuestas transparencias. María descubre con lentitud y economía de palabras toda la poesía que durante años fue silencio.
María Jaramillo R. aprecia en la poesía colombiana, su riqueza y diversidad: “Se parece a su geografía de extremos y contradicciones”. Por otra parte “está teñida por sus acontecimientos sociales” y es “más adjetivada” en relación a otras. Según ella, la poesía quindiana es más tradicional.
La poeta y psicóloga subraya que la literatura requiere del lector para darle vida. “La poesía merece disciplina, lectura, conocer el lenguaje, ampliar el vocabulario, calidad de expresión, evitar el plagio y las repeticiones”. La economía de la palabra tiene que ver con el vértigo en que vivimos en el mundo actual. La escritora reconoce además que “ese aceleramiento hace que las personas se refugien en el yo y eso ha dado pie a una literatura egocentrista”.
El verso, el ritmo y la música
Antes que en la poesía, la escritora se refugió en la música a través de su guitarra, un instrumento que le abrió posibilidades de comunicación en su profesión y presentaciones públicas. “La música mide y le da forma a la cultura_ nos dice_ la economía del lenguaje y la tensión verbal; se sale del lugar explicativo hacia el espacio metafórico”.
Disfruta también, todo tipo de música y por eso considera que el rap es un reflejo de la cultura. Es ingenuo a nivel lingüístico, proviene de la oralidad, es funcional al ritmo, repetitivo, requiere de velocidad en la improvisación, juega con el lenguaje, aprovecha los automatismos y las muletillas y es muy musical.
La poesía del inmigrante

En Escocia, María aprendió de una española que hay dos maneras de vivir la vida: o extrañar todo o maravillarse de todo. “Para conocer un país necesitas permearte de su cultura”, concluye ella. Para esquivar la soledad creó un blog que llamó Café para el alma.
En Lima dio rienda suelta a su talento musical: cantó, tocó guitarra, participó en la música regional y en conciertos. “En mi la música es vital: nuevos ritmos, y maneras de expresarse y de mover el cuerpo”. Como entrenadora ontológica escribió temas de transformación personal. Aprendió que los valores no son estáticos y que su personalidad es muy adaptable.
En Montevideo, Uruguay, acompaña en la actualidad procesos de creación literaria, y aprendizaje transformacional, basados en que la palabra es motor de transformación y liderazgo personal y comunitario.
Aparte de Mar de Instantes y Sangrar, ha publicado Dragonfly (Libélula)Editorial Yaugurú (2020), Sol adentro Biblioteca de Escritores de quindianos (2024).
A la pregunta ¿Por qué escribir poesía? María Jaramillo responde:
No todo es gravedad. La poesía nace del juego con el lenguaje, de explorar su música, de probar metáforas. También puede ser una forma de elaborar un dolor, de transformar una herida. Lo que quiero decir es que en muchas ocasiones no me basta con hablar, entonces la poesía me facilita tocar eso invisible, íntimo y trascendente, en lo cotidiano. Escribo poesía porque el lenguaje común no me alcanza. Porque la vida a veces se desborda y me pide otra forma de respiración.
Escribo para darle cuerpo a mi silencio, para darle voz a lo que duele y no encuentra salida. Para sostener la memoria de un instante, la sombra de un rostro, el temblor de una ausencia. Escribo también por juego: para oír cómo una palabra se roza con otra, cómo el sonido inventa un mundo nuevo. Porque hay una belleza secreta que solo aparece cuando el lenguaje se quiebra y, al quebrarse, ilumina.
Escribo poesía para no estar sola. Para tender un puente hacia quien me lea y que al leerme sienta que no es el único en su soledad. Y escribo, sobre todo, porque hay algo en mi corazón que quiere permanecer, aun sabiendo que todo pasa. La poesía es ese intento: atrapar lo fugitivo, abrazar lo imposible, decir lo innombrable.
Desde el silencio, nombro.
No el silencio de lo callado por miedo,
sino el que respira hondo antes de decir lo necesario.
El que sabe que hay palabras que solo pueden crecer
en la sombra de lo no dicho.
Desde la herida, entrego.
No para mostrarla,
sino para ofrecer lo que brota cuando no se oculta.
Este libro no es un grito ni una defensa.
Es una forma de tocar sin imponer,
de doler sin pedir disculpas.
María Jaramillo
Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora residen en Estados Unidos.