domingo 9 Ago 2026
-

INFLUENCER*, PROMOTOR O CRÍTICO

14 diciembre 2025 10:15 pm
Compartir:

Iván Restrepo R.

En la era de las redes sociales, todos hablan, muchos opinan y pocos asumen responsabilidad. Hoy convivimos con una peligrosa confusión de roles que ha terminado por trivializar la información, degradar el criterio y convertir la conversación pública —y particularmente la turística, cultural y empresarial— en un espectáculo de aplausos, likes y complacencia. El problema no es nuevo, pero sí cada vez más evidente: no es lo mismo ser un influencer, promotor o crítico, aunque muchos se empeñen en jugar a ser todo al mismo tiempo.

El influencer, por definición, busca influir. Su moneda es la atención. Vive del alcance, del impacto inmediato. No necesariamente de la profundidad, ni de la verdad, ni del contexto. Su objetivo es generar reacción: admiración, deseo, consumo, conversación. Y no hay nada malo en ello, siempre que se entienda su rol. El problema surge cuando el influencer se disfraza de analista, de experto o de juez moral, sin serlo, y su opinión —muchas veces patrocinada, condicionada o superficial— se presenta como una verdad revelada.

El promotor, en cambio, tiene un objetivo claro y legítimo: vender, posicionar, visibilizar. Promueve destinos, marcas, proyectos, ideas. Habla bien —porque ese es su trabajo— y selecciona cuidadosamente lo que muestra y lo que omite. Un promotor no está obligado a ser neutral; está obligado a ser estratégico. Lo preocupante aparece cuando el promotor se autoproclama crítico independiente, mientras cobra, recibe beneficios o responde a intereses concretos. Allí se rompe la ética básica de la comunicación.

Y luego está el crítico (este es el me gusta a mi), una figura cada vez más escasa y, por eso mismo, más incómoda. El crítico no busca agradar, ni vender, ni acumular seguidores. Busca analizar, contextualizar, incomodar si es necesario. Su herramienta principal no es la cámara frontal ni el filtro de moda, sino el conocimiento, la experiencia y la honestidad intelectual. El crítico no aplaude por compromiso ni destruye por protagonismo. Evalúa. Argumenta. Sustenta. Y asume el costo de decir lo que muchos prefieren callar.

El gran problema de nuestro tiempo es que el influencer quiere ser crítico sin perder marcas, el promotor quiere ser influencer sin perder contratos, y el público ya no distingue quién habla desde la experiencia y quién desde el canje. Así se construye una narrativa falsa, edulcorada, peligrosa. Todo es “maravilloso”, “imperdible”, “el mejor”, “único en el mundo”. No hay matices, no hay análisis, no hay advertencias. Solo entusiasmo prefabricado.

En el turismo —un sector que conozco bien— esto es especialmente grave. Destinos sobrevendidos, experiencias infladas, promesas incumplidas, viajeros decepcionados. Nadie dice que un lugar está saturado, que el servicio es deficiente, que la infraestructura no da abasto, que la sostenibilidad es solo un discurso bonito en la web. ¿Por qué? Porque criticar hoy es visto como traición, y opinar con criterio se confunde con “tirar mala vibra”.

Hemos reemplazado la crítica por la complacencia, el análisis por el algoritmo, la opinión informada por el reel de 30 segundos. Y así, poco a poco, se empobrece el debate, se infantiliza al público y se castiga a quien se atreve a pensar distinto.

No se trata de atacar a los influencers ni de demonizar la promoción. Ambos roles son válidos y necesarios. Lo que sí es inadmisible es la falta de honestidad. Si está promocionando, no está demás decirlo. Si le están pagando, aclárelo. Si opina, susténtelo. Y si critica, que sea con argumentos, no con odio ni con oportunismo.

Tal vez ha llegado el momento de reivindicar algo que hoy parece pasado de moda: la credibilidad. Esa que no se compra con seguidores, ni se mide en liques, ni se negocia en contratos. La que se construye con coherencia, experiencia y, sobre todo, con el valor de llamar las cosas por su nombre.

Al final, cuando todos quieren influir, promover y agradar, alguien tiene que atreverse a pensar. Y eso, hoy más que nunca, es un acto de resistencia.

Hasta la próxima,

[email protected]

Te puede interesar

Lo más leído

El Quindiano le recomienda