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¿CÓMO VAMOS FINALIZANDO EL 2025?

12 diciembre 2025 10:53 pm
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Al llegar diciembre observo una serie de cambios que me ponen a pensar en cuáles vendrán con la inteligencia artificial, de continuar en esta sociedad neocapitalista.

Las modas han cambiado de acuerdo con los derechos de los y las LGTBQ, reapareció la minifalda o culifalda; antes se usaban metales preciosos para arreglar dentaduras, ahora se llevan en las cejas, los labios, la nariz, etc,; los tatuajes se impusieron para todas las partes del cuerpo de tal manera que más que mirar trajes y sus insinuaciones, peinados, mascotas, perdemos el tiempo en tratar de interpretar las figuras o enigmas corporales; a toda hora estamos conectados con los familiares o amigos a través de los celulares, ya nos interesan muy poco las personas que están a nuestro lado físico; en las instituciones educativas se ha ido cambiando la educación presencial por la virtual y esto está obligando a aprender una serie de algoritmos y de lenguajes que todo lo saben y ya no necesitamos tanto pensar, analizar, memorizar y los jóvenes se van convirtiendo en otras máquinas repetidoras, mas no analíticas o críticas.

En todo caso ya no queda tiempo para analizar nuestro modo de vivir en sociedad, ya ni nos importa el sistema social, si es mejor el igualitario o el esclavista, socialista o esclavista. Lo cierto es que menos de 100 millones de humanos ya se han apoderado de todas las riquezas del planeta y seguirán acumulando hasta cuando dos o tres multimillonarios se queden con él. Desaparecieron los valores sustituyéndolos por los antivalores y con éstos los corruptos se enriquecen temporalmente sirviendo a los multimillonarios, aplicando el dicho popular “El vivo vive del bobo”.

Leyendo algunos pensadores y escritores actuales, me permito transcribir sintéticamente algunas de sus advertencias bien sustentadas: Carlos Medina Gallego en su artículo “Una izquierda secuestrada ideológicamente por la derecha” nos dice: “la izquierda ha sido desplazada del conflicto estructural —económico, social y material— hacia un campo de luchas simbólicas que le restan capacidad de articulación, construcción hegemónica y representación de las mayorías trabajadoras. Y ese desplazamiento no ha sido accidental ni espontáneo; ha operado como un mecanismo de domesticación política.

Para comprender este proceso es necesario situarlo históricamente. Tras la caída del socialismo real y el avance del neoliberalismo en la década de 1990, la derecha global identificó que su mayor fortaleza no era la represión abierta —aunque siguió practicándola en múltiples contextos—, sino la producción cultural y semiótica del sentido común. La hegemonía, como enseñó Gramsci, se disputa en el terreno de la cultura. La derecha lo comprendió y apostó por despolitizar la economía para politizar las identidades.”

Y Cristina de la Torre en “La saga del franquismo en Colombia”, escribe: “Al trípode familia, patria y religión añadió este fascismo español el nacional catolicismo, el anticomunismo y el concepto de hispanidad, tan caro a nuestra muy criolla dirigencia azul en los años 30 y 40. Con ellos ganó Franco su guerra contra la república y a Laureano Gómez le alcanzaron para librar la suya contra la reforma liberal de López Pumarejo, a la que catalogó de comunista”.

De modo que si no retornamos a las ideas de quienes han pensado en cómo construir una sociedad humanista, igualitaria, seguiremos por el despeñadero hasta la desaparición de los más de siete mil millones de esclavos actuales porque en una sociedad competitiva los ganadores son los esclavistas. ¿O nos convertirán en robots metálicos?

Armenia, 9 de dic. de 2025

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