domingo 9 Ago 2026
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Con decencia

4 diciembre 2025 11:30 pm
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No sé desde cuándo se impuso en nuestro medio la grosería. Muy preocupante aceptar que el insulto, las palabras soeces, las afirmaciones temerarias, peligrosamente irresponsables, son ahora “lo normal” en la comunicación de los aspirantes a dirigir los destinos de la patria ¿a quien y a que horas le aprendimos eso? Porque, siendo un país con no muy altos niveles de educación, si algo caracterizaba al colombiano de ruana, era la amabilidad y el respeto: “su mercé”. Al menos y en general, las costumbres pueblerinas no daban para calcular, medir y dañar. Aunque hemos atravesado épocas muy duras, incluso violentas por cuenta del sectarismo, el fanatismo y la política, algo se resistía a escalar como una forma de hacer las cosas, a través del peor ejemplo, el doble mensaje y la tendencia a la corrupción. No hace mucho, todavía, era apasionante escuchar una confrontación entre dos congresistas: era para alquilar balcón y una gran cantidad de compatriotas se “pegaban” a sus radios para no perderse esas sesiones de las cámaras: la erudición, la profunda argumentación, la gallardía y la astucia caracterizaban esas discusiones apasionantes. Ahora, todo se ha ido menguando casi hasta la vulgaridad; la presentación personal, el vocabulario, la actitud, la desfachatez de varios “pseudo padres de la patria” son el termómetro del grado de descomposición social que amenaza con permear gravemente a la sociedad colombiana. Si los aspirantes a liderazgo se acompañan de vulgaridad; si pagan importantes sumas de dinero a un grupo de individuos para que se encierren a vilipendiar y enrarecer el ambiente para causar daño y confundir, muchas veces a través de la desinformación, la tergiversación, la caricaturización como forma de dar un toque humorístico a una investigación, opinión o visión y a través de ello sembrar semillas dañadas en corazones con terreno abonado por el odio y el fanatismo, y si con esa conducta se va enmarcando el proceso electoral colombiano, pues déjenme afirmar que todos estamos de alguna manera cohonestando con la degeneración de la patria. Es cierto que ante la agresión vulgar y baja aparece el instinto de responder con alevosía, también es cierto que alguien debe romper ese círculo: es gravísimo ver que a estas alturas no conocemos planteamientos de gobierno interesantes, coherentes, serios y bien estructurados: lo general, lo de siempre, lo populachero, pero sin responsabilidad. La izquierda conta la derecha cada esquina con generalidades, pero con un denominador común: el egoísmo, la aspiración personal y detrás de ello la pelea, el fantasma de la división y la desesperanza. Necesitamos decencia, firmeza, propuestas claras, pero con presupuestos, análisis financieros y viabilidades. Necesitamos autoridad sin miedo, leyes que se cumplan y plan sin tregua contra el corrupto. Necesitamos decencia, buen ejemplo y generosidad. Necesitamos unión y fuerza porque es claro que necesitamos rescatar a la patria. Nos han mentido, nos han robado, nos han agredido, nos han impuesto mafiosos y corruptos y sin embargo nadie nos obliga: los hemos elegido así y nos merecemos la oscuridad de hoy, pero también merecemos despertar y centrarnos en lo decente y constructivo. Ya es hora de reivindicar, cambiar y mostrar que se aprendió la lección. Piense.  [email protected]            

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