Desconexión entre el conocimiento académico y el saber popular.
Un proyecto de grado del programa de Biología de la Universidad del Quindío demuestra que la clave para controlar la broca del café (Hypothenemus hampei) no está solo en los laboratorios, sino también en el conocimiento ancestral de los caficultores.
La investigación, titulada ‘Prácticas culturales para el control de la broca en agroecosistemas cafeteros’, destaca el diálogo de saberes entre la academia y la comunidad como un camino hacia una caficultura más sostenible.
Observación
El trabajo fue desarrollado por las estudiantes del pregrado de Biología, María del Mar Restrepo Hernández y Martha Liliana Ortega Moreno, bajo la dirección de la docente Mónica Patricia Valencia Rojas. Lo que inició como un proyecto de control biológico tomó un rumbo distinto y humano tras un encuentro con un caficultor, quien les compartió una visión del manejo de la plaga basada en la observación y el vínculo con el territorio, alejada del uso de insecticidas convencionales.
Metodología
El proyecto combinó una rigurosa revisión bibliográfica con trabajo de campo en fincas cafeteras de los departamentos de Quindío, Valle del Cauca y Tolima. En estas visitas, las investigadoras identificaron una gran diversidad de prácticas culturales transmitidas por generaciones, como la recolección oportuna de frutos (re-re) y el repase, que evidencian una relación respetuosa con la biodiversidad.
Uno de los hallazgos más relevantes fue la escasa documentación disponible sobre estas prácticas tradicionales, lo que reveló una desconexión entre el conocimiento académico y el saber popular.
Resultados
Como producto final, el equipo creó una cartilla educativa que recopila las experiencias y saberes de los caficultores. Este material surge para llenar ese vacío de información y actuar como un puente entre la academia y el campo.
Además, se desarrolló el foro ‘Encuentro de sentires y saberes’, un espacio en el que los panelistas centrales fueron los caficultores participantes, quienes compartieron sus experiencias directamente con la comunidad académica y el público en general.
Este proyecto contó con el apoyo de la universidad de los quindianos, el Grupo de Investigaciones en Ciencias Básicas y Educación, el profesor Carlos Alberto Chacón Ramírez y la Asociación de Productores Mixtos (Asopromix) de Chaparral, Tolima.
La iniciativa se consolida como un modelo ejemplar de investigación participativa, demostrando que la unión entre la ciencia y los saberes ancestrales no solo es posible, sino necesaria para enfrentar los desafíos del sector agropecuario de manera sustentable y con respeto por la cultura local.