domingo 14 Dic 2025
-

LA MESA HERIDA

2 diciembre 2025 11:03 pm
Compartir:

No obstante las adversidades existenciales que ofrece el tiempo que corre, el universo del arte respira aires eufóricos con ocasión de la súbita “aparición” del cuadro LA MESA HERIDA, creación de la iconoclasta y fantástica pintora mexicana FRIDA KAHLO.

De esta espléndida y surrealista obra, no se tenía registro desde el año 1955, cuando misteriosamente y sin causa aparente desapareció en Varsovia (Polonia), ciudad anfitriona de diversos eventos culturales en los que se promocionaba el arte y folclore mexicano.

Desde antes de la inexplicable evaporación de la obra, FRIDA había decidido donarla al Kremlin de Moscú —sede central del gobierno de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas—, sin prever que éste, en reprochable postura inamistosa rechazaría el fraternal y valioso obsequio argumentando que la pintura tenía una elaboración «burgués, formalista y decadente”.

LA MESA HERIDA, además de ser la obra que catapultó la carrera de FRIDA, residía en el imaginario de prestigiosos críticos pictóricos de todas las latitudes, como la estampa de mayor relieve artístico en el devenir del arte latinoamericano.

FRIDA, quien repetitivamente fue muy dada a ser sujeto e imagen de sus propios trabajos, hasta derivar inconscientemente en mujer de culto, logró con LA MESA HERIDA — óleo sobre madera —, trazar el autorretrato con más afinidad antropológica y sociológica con las raíces mexicanas, toda vez que reivindicó la muerte, hecha fiesta, como uno de los símbolos supremos de la identidad nacional de México.

FRIDA KAHLO, por encima de sus sobresalientes virtudes como artista —si se quiere artista exótica—, también se destacó por poseer una personalidad arrolladora y transgresora de los convencionalismos sociales de su época. De hecho, aun remando por la vida en edad adolescente, no tuvo prejuicios para entregarse en tormentosos e inequitativos amores con DIEGO RIVERA, el más importante y legendario muralista azteca de todas las épocas.

Al margen de lo expuesto, RIVERA, quien junto a su monumental colega malagueño PABLO PICASSO fue censurado como un irredimible «depredador de mujeres», ejerció en FRIDA influencias capitales, tanto por ser el espejo en el que ella se miró para moldear su estelar vocación artística; como por haber obrado como el delineante de sus abiertos y pluralistas patrones comportamentales.

Consecuente con tales antecedentes, resultó evidente que DIEGO RIVERA, se constituyó en el amor de la sufrida y frenética vida de FRIDA. Para ésta, la desmedida entrega en amores por aquel, le significó una frustración mayúscula de nocivos efectos emocionales. De hecho, DIEGO desde la génesis de su tormentosa relación con FRIDA, le estableció inamovibles fronteras pues en su trato cotidiano le volvió costumbre de típico proceder patriarcal la reiteración del obsceno apotegma de que él, a sus mujeres —y ella no fue la excepción—, les profesaba «lealtad más no fidelidad”.

RIVERA, que paralelo a su trasegar estético, se distinguió por su beligerante militancia en el Partido Comunista de su país, vinculó en amistad a FRIDA con el lider revolucionario y escritor ruso LEÓN TROTSKI, quien en condición de asilado vivió en Ciudad de México, hasta que fue asesinado el 21 de agosto de 1940.

Con las cartas puestas sobre la mesa, FRIDA, fruto de su decepción sentimental, no tuvo sesgos ni escrúpulos para compartir, a título de desfogue, instantes de tórrido erotismo tanto con TROTSKI como con CHAVELA VARGAS, la exuberante cantante de boleros rancheros de origen costarricense.

LA MESA HERIDA, recobró efímera vigencia hace cinco años en Londres, justo en el furor de la pandemia del covid 19, luego de que un marchante español, al parecer de ascendencia gallega —y a quien no se le atribuyó mayor credibilidad—, afirmara tenerla en su poder, dispuesto a subastarla por un valor superior al precio de puja por él insinuado: cuarenta millones de euros.

Debo advertir que, este pequeño ensayo, escrito con ánimo autocomplaciente,  lo tuve sumido en el olvido hasta un día cualquiera de la semana anterior, en el que lúdicamente regresó a mi memoria, gracias a noticia de trascendencia global en la que se divulgó  que, “El sueño (La cama)”, óleo sobre lienzo de FRIDA KALHO, había sido rematado en la casa Sotheby’s de Nueva York, por una suma cercana a los cincuenta y cinco millones de dólares, convirtiéndose de paso en el cuadro de autoría femenina con mayor valor en la historia del arte y, como no, en la pintura latinoamericana más cotizada sin perjuicio del género de su autor.

“El sueño (La cama)”, es un autorretrato pintado sobre mediados del siglo anterior, en el que a primera vista se aprecia una de las escenas pictóricas más dramáticas de FRIDA. Menester sea recordar que la angustia, como hilo conductor de la evolución pictórica de FRIDA, fue inducida, sin duda alguna, por los  múltiples vaivenes que a ésta le correspondió padecer, entre ellos, el ultraje sistemático con el que siempre RIVERA la avasalló a lo largo de su cíclica relación; y una preexistente poliomielitis que le atacó en su más temprana infancia, a la que se sumaron devastadoras secuelas provocadas por un terrible accidente de tránsito, posiblemente determinantes de una fibromialgia; enfermedad catalogada  por la ciencia médica como una de las patologías más dolorosas. No en vano, en “El sueño (La cama)”, FRIDA aparece durmiendo en una cama con dosel, justo debajo de un esqueleto ensortijado con dinamita.

Tal vez tenga matiz de verdad que entre la memoria y los sueños se teje el rastro de nuestras vidas

Te puede interesar

Lo más leído

El Quindiano le recomienda