lunes 8 Dic 2025
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Pregúntese

27 noviembre 2025 9:40 pm
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Todo comienza con una pregunta; la curiosidad siempre estará presente en las almas inquietas y esa es una de las razones que nos llevan a afirmar que el conocimiento es infinito: la curiosidad también es inagotable. La historia nos documenta sobre algunos personajes que merecen el calificativo de “sabios” y el común denominador en ellos ha sido su disposición a resolver distintos interrogantes, no a quedarse paralizados con la inquietud, además de no perder nunca la capacidad de asombrarse con la maravilla de un universo lleno de definiciones que aún no han sido definidas, con soluciones que nadie ha solucionado, con respuestas que nadie ha encontrado pero que, para afianzar aún mas la realidad limitada del hombre, existen, ahí han estado siempre y seguirán marcando un hito de misterio en la existencia humana. Es inexorable aceptar que detrás de un misterio resuelto aparece una nueva inquietud como si cada avance en la ciencia o en la investigación fuese solo un eslabón más en una cadena sin fin. En el conglomerado humano, los sabios son pocos, los eruditos, sin ser creativos son más, y están más o menos informados, pero la ignorancia es quizás la característica que distingue a la inmensa mayoría. Los sistemas educativos van encasillando al individuo hasta meterlo en una vía que lo conducirá a dedicarse a un campo determinado del conocimiento y sin remedio, la sociedad de consumo se encargará de consumir el propio tiempo de ese individuo, de tal forma que “no le quede tiempo” para si mismo y entonces el conformismo se torna en algo alienante haciendo que el pasar por la vida obligue a evitar muchas preguntas puesto que no hay tiempo para las respuestas. Me refiero a la población en general: todos estamos de acuerdo con lo apabullante que resulta ver el desarrollo de la tecnología, las ciencias exactas, las ingenierías, los aspectos instrumentales en el ejercicio de la medicina, la conquista del espacio, la inteligencia artificial… en un dispositivo de milímetros cabe toda la información del museo británico, por ejemplo; sin embargo, el ser humano sigue caracterizándose por la ignorancia. Las personas no saben cómo, ni que hacer con lo que saben: tanto avance está conduciendo a la atrofia de muchas vías en el cerebro pues las personas ya no piensan: solo, a través de una máquina, preguntan. Ya no crean, solo se acostumbran a repetir patrones; ya no socializan e incluso ya no saben que es comprometerse a largo plazo con algo pues todo gira alrededor de la inmediatez. El ser humano ha dejado de plantearse preguntas profundas, ha abandonado la empatía en las relaciones con los demás y está labrando un destino solitario para sí mismo pues cada vez se le dedica menos tiempo a su auto evaluación y conocimiento. La nostalgia, por muchas cosas de antes, ya ni vale la pena mencionarla porque ya, cada vez hay menos gente que entiende de que se trata eso. Pregú[email protected]

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