Debe saberse que Ucrania es el teatro, no el decisor final; quien define si hay tregua son: Rusia, Estados Unidos y, en menor medida, Europa. Ucrania puede aceptar o rechazar, pero la correlación estratégica está fuera de sus manos.
Rusia controla la escalada militar; Estados Unidos controla la capacidad ucraniana de resistir y Europa quiere el fin de la guerra, pero no tiene la fuerza para imponerlo. Por eso, no habrá alto al fuego justo, sino útil para los grandes jugadores.
Rusia no quiere paz, quiere congelar la guerra en ventaja; Putin sólo aceptará un alto al fuego si conserva territorio arrebatado, si fractura la unidad de la OTAN y si muestra a su población una victoria narrable. Para Moscú, un alto al fuego es una jugada estratégica, no humanitaria. Congelar líneas, rearmarse, influir políticamente en Europa, debilitar a Ucrania económicamente y esperar un cambio en la Casa Blanca o en el liderazgo europeo. Si Rusia cree que puede ganar más avanzando que negociando, no habrá tregua.
Quiere un alto al fuego funcional, no una victoria completa; Washington está en modo gestión, tratando de evitar que Ucrania caiga, que Rusia gane decisivamente, tratando de gastar lo mínimo necesario en un conflicto periférico y, además, concentrarse en China.
Los gringos preferirían un alto al fuego sin resolver nada, siempre y cuando Ucrania quede viva, que Rusia quede contenida, que Europa asuma costos y que no haya riesgo de escalada nuclear, es decir, un congelamiento del conflicto que estabilice el frente y permita a Estados Unidos mirar hacia Asia.
Por su parte, Europa está demasiado débil para influir; es la gran perdedora estratégica: crisis energética, enormes costos económicos, dependencia militar de USA, miedo a una guerra continental y divisiones internas profundas; por eso presiona calladamente para que se termine la guerra como sea, incluso, con un acuerdo imperfecto; quiere el alto al fuego más que nadie, pero, no tiene fuerza para imponerlo.
En realidad, la guerra se está moviendo hacia una coreanización: no una paz, no un a victoria, no un final, sino fronteras congeladas, militarización permanente, negociaciones simbólicas sin avance real, hostilidades periódicas y un conflicto vivo, pero contenido. Esto favorece a Estados Unidos, a Rusia y a Europa y perjudica, esencialmente, a Ucrania que queda reducida a frontera militarizada, dependiente de Occidente.
Lo más probable es un alto al fuego impuesto, no acordado, congelamiento del conflicto con líneas provisionales, Rusia consolidando territorios ocupados, Occidente garantizando la supervivencia militar de Ucrania, y esta quedando como un estado trincherizado, no soberano plenamente.
En pocas palabras, una tregua dura, inestable y geopolíticamente cínica.