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El buen periodismo sí existe

25 noviembre 2025 11:37 pm
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Por Manuel Tiberio Bermúdez

Llegó desde La liga contra el silencio para dictar un taller de periodismo inspirado en el legado de Guillermo Cano y en su columna titulada Libreta de apuntes.

Parecería que nada puede contra el sueño de esta mujer, quien pregona que el periodismo puede ser esperanzador y, por medio de él, se puede producir información que ayude a mejorar nuestro mundo. Nada la detiene, sin ser reiterativa, para invitar a quienes dudan de que el periodismo pueda ejercerse desde la honestidad y servir para generar cambios, quizá no globales, pero si en los círculos donde se decida que este oficio puede ser reivindicativo.

Se llama Natalia, nombre que significa nacimiento,  renovación, un comenzar de nuevo. Es  vivaz, de palabra fácil y posee una energía que se refleja en su figura delgada. Habla con propiedad sobre el tema que comparte y pronto se gana la confianza de quienes la escuchan.

Natalia Ospina Meléndez es Coordinadora de Expansión e Innovación en La Liga contra el silencio. También es artista visual especialista en economía,  y encuentra tiempo para ser una gestora exitosa de proyectos. Se ha desarrollado en el campo editorial periodístico y de la comunicación para el cambio social.

Su curriculum señala que fue becaria de Latinográficas (2020), un programa internacional que promueve el periodismo visual en América Latina, y residente de R.A.R.O (2024), un programa internacional de residencias artísticas. Además, ha dictado talleres de diseño para periodistas y participando en iniciativas comunitarias como los talleres Ruido!

La liga contra el silencio es una alianza entre medios de comunicación de Colombia, con una redacción central y una red de colaboradores,  creada para investigar y divulgar historias periodísticas que la censura impide circular o que ocurren en regiones del país que no existen suficientes medios de información para lograr un mayor cubrimiento.

El objetivo del taller que dictó en la capital del valle es brindar herramientas a los ciudadanos para contar sus propias historias y retomar la libreta como método de investigación, de registro de la vida cotidiana y narraciones en general. De esta manera se busca acercar al ciudadano común al periodismo en sus diferentes  técnicas y, en el caso del taller, la elaboración de sus propias libretas.

Dialogué con ella para conocer más acerca de este proyecto.

—Estos talleres se  inspiran el legado de Guillermo Cano —dice Natalia—. A través de su columna Libreta de apuntes, él denunciaba los hechos de corrupción y narcotráfico que ocurrían en el país y esta valentía le costó la vida. Al cumplirse en 2025 los cien años de su natalicio, se decidió, en honor a él y al legado que dejó a los periodistas, realizar estos talleres para llevar a la Libreta de apuntes a todos los rincones de Colombia.

¿Qué es lo que rescatan de este trabajo que ya cubre varias regiones del país?

Ha sido muy grato conocer a tantas personas y ver tantas ganas de aprender a comunicar mejor. Nos hemos encontrado con personas deseosas de contar historias diversas, de aprender sobre periodismo, literatura y arte. Lo interesante de este trabajo es que cada taller tiene su propia personalidad: a algunos participantes les interesa más la parte manual a otros, la periodística, y algunos se enfocan las técnicas. Lo interesante es no solo  ver las ganas de contar historias, sino también la cantidad de relatos que surgen. Cada persona tiene historias muy especiales para compartir,  y gracias a ello que nos hemos podido conocer muchos sucesos que luego pueden convertirse en parte de una historia para divulgar  en la Liga contra el silencio.

También es importante resaltar que, con estos talleres, las personas aprenden a analizar las formas en que la ciudadanía puede ejercer su derecho a la comunicación.  Ese es nuestro principal objetivo, y vemos que se cumple en cada encuentro. Los participantes terminan el taller tomando conciencia de que la comunicación es un derecho y que tienen la capacidad de comunicarse y trasmitir mensajes dentro de sus propias comunidades.

¿Cómo logran que lo aprendido en los talleres se haga masivo? ¿Qué estrategias utilizan para que se vuelva plural?

Parte de lo que buscamos es que quienes asisten a los talleres puedan trasmitir lo aprendido a otras personas.  Además, muchos de ellos son facilitadores de talleres o participan en espacios colectivos como las tertulias literarias, y gracias a ello  creemos lo aprendido se va expandiendo.

Algo que quisiéramos es incrementar la cantidad de talleres, ya que esto hace parte de nuestra misión, y eventualmente, realizar algunos de manera virtual para que se puedan conectar muchas más personas. Valoramos especialmente los espacios pequeños y presenciales, pues consideramos que generan un impacto muy distinto.

Por la lógica de las redes sociales, uno cree que deben alcanzar a miles de personas; sin embargo,  llegar a 25 personas y brindarles una experiencia significativa puede perdurar más y resultar mejor que un contenido masivo.

¿Qué significa la comunicación para Natalia?

Es un reto, y como alguien dijo: “la comunicación es un milagro”. Realmente es impresionante que los seres humanos podamos entendernos a pesar de las múltiples capas que tiene la comunicación: la no verbal, la gestual, la oral. En definitiva, es un desafío que nos permite conectar con las personas que tenemos a nuestro alrededor.

De esa Colombia que usted observa desde el oficio de comunicar, ¿Qué la entristece?

¡Tantas cosas! —dice exhalando un largo suspiro—. Me entristece la falta de conciencia sobre el cuidado del medio ambiente. Está muy en boga el atropello a las comunidades que defienden sus territorios, especialmente por parte de grandes empresas con intereses económicos particulares. Resulta doloroso que se pase por encima de las comunidades, en especial de los pueblos indígenas, habitantes ancestrales de esos territorios.

Me entristece que la violencia persista. Seguramente han cambiado algunas cosas, pero me duele que sigamos contando historias de asesinatos, secuestros, y de esa violencia que sigue marcando a nuestro país.

Me pone triste el asesinato de periodistas que han decidido ejercer el derecho a la comunicación y denunciar. Me duele la polarización en la que estamos en esta época preelectoral marcada por una desazón generalizada en la que ya nadie cree en nadie: no hay candidatos que generen confianza, ni opciones aceptables. Sin embargo, a pesar de que haya tantas cosas que me ponen triste, en La Liga, creemos profundamente en las narrativas esperanzadoras.

Creo que es labor del periodismo y la comunicación; hacer algo frente a esa desazón; y, sin dejar de denunciar, también mostrar los lados amables que aún tiene la realidad.  Para darle una vuelta a la moneda,  hay personas que luchan por sus territorios y muchas otras que siguen trabajando para que este país salga adelante.  

Hay mucho desencanto —notorio durante el taller— frente al periodismo. ¿Qué les dice usted a quienes sufren esa desesperanza?

Les digo, como les dije en el taller, que comprendo esa desazón, pues efectivamente porque efectivamente vivimos dinámicas de comunicación muy complejas y mucho menos transparentes de lo que se quisiera. 

Mi mensaje es que, junto conmigo,  hay muchas personas haciendo un gran esfuerzo para que la comunicación llegue de la manera más rigurosa, cuidadosa y respetuosa a nuestras audiencias. Como les insistí en el taller, les diría que diversifiquen las fuentes de información,  que busquen no solo en los medios tradicionales, sino en otros formatos como podcasts, publicaciones independientes impresas o el voz a voz; que se animen a preguntar más, y no se queden únicamente con las noticias que aparecen de forma automática en sus redes sociales o con el primer titular, ya que usualmente es el que está más cooptado por el algoritmo, pensado más en el consumo que a en la información. Que se animen a consultar otras fuentes, porque el buen periodismo, si existe. 

¿Conocía usted Cali?

Sí, soy una enamorada eterna de Cali. Me gusta la gente, su sabor, y me encanta que en cada lugar hay música. Lo de la Salsa no es solo un cliché. El clima es fascinante, sobre todo viniendo de una ciudad tan fría. Me encantan las gatas y el rió; cada que vengo disfruto volver a verlas… —“lo mismo dice el gato”, le digo para poner un toque de humor—. Pero sobre todo, afirma Natalia, en Cali se siente una energía muy bonita como de ganas de hacer cosas.

¿Cómo percibe la manera en que se comunica esta ciudad?

La ciudad trasmite muy bien la sabrosura que tiene; es algo que llega a otros lugares como una buena imagen de Cali. Lamentablemente, también se proyecta, en ocasiones, como un lugar peligroso. Por ejemplo, se dice que es muy riesgoso confrontar a la gente y que es mejor guardar silencio, porque algunas personas ante un mínimo reclamo, emprenden acciones violentas. También Cali comunica que es una ciudad muy rica culturalmente.

¿Hay alguna canción que viaje con usted en su alma?

Sonido bestial, de Richie Ray

¿Qué reflexión desea dejar a los talleristas?

Que nunca perdamos la capacidad de asombrarnos porque en cada taller, —aunque el contenido sea similar— cada encuentro es único, porque el taller finalmente lo hacen las personas que asisten. Y no olvidemos que buen periodismo, si existe.

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