Rodrigo Alberto Rico
Comunicador Social y Periodista
A raíz del anuncio de pico y placa en toda la ciudad de Armenia, me quité mis tenis y me puse los zapatos de los padres de familia que utilizan su motocicleta o su vehículo para transportar a sus hijos al colegio y después ir a laborar.
El martes de la semana pasada antes del mediodía, me senté en una butaca de la panadería Pan Pan, en el barrio La Patria a tomar tinto. Frente a mí estaban Luisa y María José, dos jóvenes madres de familia, según me di cuenta, que conversaban sobre el pico y placa, ambas mujeres tomaban solo aromática, porque según dijeron no había para más. Me llamó la atención esa amena charla porque hacía rato no escucha al común y corriente de la gente hablar de cosas importantes que fuera interesante. Casi siempre eran conversaciones relacionadas con el último capítulo del “reality” de los mediocres canales privados de televisión, donde casi pierde el equipo de azul, o que, nuevamente, los árbitros le habían regalado un penal al Atlético Nacional para poder ganarle al deportivo Cali por un gol a cero, en Atanasio Girardot de Medellín.
Las dos mamás se mostraban muy preocupadas porque si en Armenia ponían el pico y placa, como decían las redes sociales, la situación económica de sus familias podría empeorar. Luisa le pidió a la mesera de la panadería un pedacito de hoja y un lapicero para hacer cuentas. Eso me puso en alerta y dejé a un lado celular, le escribí al director de ElQuidiano.com que más tarde lo llamaba para acordar el cubrimiento noticioso sobre la presentación de un libro acerca de la vida de Luis Carlos Galán, Jorge Eliécer Gaitán y Jaime Garzón.
Luisa le explicaba a María José “vea si yo que tengo solo al niño para llevarlo a la Normal Superior del Quindío, ahora me costaría pagar dos pasajes por la mañana que me valen $5800 para llevarlo por la mañana, de regreso debo pagar otros $2900. Al mediodía debo subir por el niño, otros $2900 y para devolverme para la casa $5800, total me gasto, solo ese día de pico y placa $17.400 y eso lo debo multiplicar por 4 semanas que tiene el mes, entonces me incrementa el presupuesto en $69.800, si lo multiplicó por 10 meses que estudia el niño al año, eso se sube a $690.000, mija eso nos hace roto. Con los $69.600 que tendría que empezar a pagar de transporte en bus, pagaría el recibo de la luz y hasta el agua”. “Usted tiene razón, dijo María José, yo no lo había visto así, como usted lo ve”.
“Y si fuera que Camilo ganara más del salario mínimo” dijo Luisa, “pues uno no se preocuparía tanto. Y ahora que este mes hay que comprarle llantas a la moto y en enero se vence el Soat y en marzo la tecnomecánica. Yo no sé qué vamos a hacer, por Dios”
El caso es más grave para María José porque ella tiene dos niños y los tiene que llevar más arriba, hasta el colegio Rufino Centro, escuche que le dijo Luisa a María José, quien volteó el papel y empezó el ejercicio matemático.
“María José a ustedes le sube el gasto de transporte harto porque vea, de subida gastaría $8700 y el pasaje de bajada suyo $2900, al mediodía, para subir $2900 y bajando con los niños $8700, eso suma $23.200 ese día, que multiplicado por 4 da $92.800 por mes por 10 meses de estudio, eso son la media bobadita de $928.000, casi un millón de pesos por año”
“No, el alcalde tiene que pensar en nosotros los que no ganamos sueldos altos, que somos la mayoría, o no, que tenemos que pagar arriendo, servicios, comprar comida, ropa, no mijo esto se puso muy difícil, la verdad” dijo Luisa, a tiempo que llamó a la mesera y le preguntó por el valor de las dos aromáticas que se habían tomado.
Ambas amigas agarraron los celulares y empezaron a caminar rumbo a la manzana 40 del barrio, donde pagan arriendo, viven en unión libre, sin poder aún formalizar el sagrado sacramento del matrimonio por falta de plata. De eso me enteré cuando le pregunté por ellas a la mesera de la panadería cuando fui a pagar el tinto que me tomé.
Sinceramente estas dos jóvenes mamás tendrían problemas económicos a raíz del pico y placa por toda la ciudad.