Iván Restrepo
Estamos ad portas de entrar a la alta temporada 2025-2026, la cual incide tanto a los viajeros que vienen como a los que se van. Recordemos que casi todas las temporadas altas del mundo están determinadas por las vacaciones escolares, por lo que es pues esta la época de ir revisando maletas, haciendo cuentas de hasta donde nos alcanza el bolsillo y, sobre todo, sentarse con toda la familia y ver que nos deparan los destinos regionales, nacionales e internacionales; una vez esbozado todo, ahora si poner manos a la obra.
El turismo nunca se detiene. Cambian las motivaciones, los destinos, la forma de viajar y, sobre todo, la manera en que las personas se relacionan con el mundo cuando deciden hacer maletas. A medida que nos acercamos al 2026, se dibuja con claridad un viajero distinto: Más consciente, más exigente y mucho más intencional. La tendencia ahora no es solamente “ver”, es “sentir”, “aprender” o “reconectar”. Y esta transformación abre un abanico de oportunidades y desafíos únicos para destinos como el Quindío y el Eje Cafetero.
A continuación, les quiero compartir con ustedes algunas tendencias que se vislumbran en esta aldea global:
1. El “Why-cation”: viajar con propósito (Why: ¿Por qué?)
La gran tendencia global es el viaje motivado por un por qué. El turista o viajero quiere darle sentido a su desplazamiento: descansar la mente, redescubrir a su familia, cultivar un hobby, aprender un oficio, buscar bienestar. El alojamiento deja de ser un simple lugar para dormir y se convierte en parte integral de la experiencia. El hotel ya no vende habitaciones; vende razones para quedarse.
2. Tecnología que personaliza y anticipa
El año que viene será el año en el que la IA termine de instalarse como asistente silencioso del viajero, sea cual fuere su razón de desplazamiento. Desde la planificación del viaje hasta el check-in en el hotel escogido, la IA nos va a permitir itinerarios personalizados, precios más acordes según las temporadas, así como la situación Oferta/Demanda y experiencias ajustadas a las motivaciones de cada huésped. El reto para nosotros los hoteleros es usar la tecnología sin perder la calidez humana que sigue siendo insustituible; la hotelería es una de las pocas industrias en las que el calor humano sigue siendo protagonista.
3. Sostenibilidad y autenticidad: Los nuevos actores del turismo
El viajero de hoy detecta lo artificial a kilómetros. Busca autenticidad y contacto real con la cultura local, experiencias honestas, historias con alma. El turista exige sostenibilidad no como una moda sino como un compromiso verdadero. Esto implica alojamientos que:
- Integren a la comunidad.
- Cuiden el entorno natural y que no maquillen su impacto ambiental.
En este escenario, nuestro Quindío y el Eje Cafetero tienen una ventaja natural: su identidad es genuina. Tenemos que identificar y estudiar mas a fondo todo lo relacionado a la GENTTRIFICACION, tema este de alta actualidad.
4. Viajes multigeneracionales y el regreso del “slow travel”
Cada vez son más las familias que viajan juntas: abuelos, hijos y nietos, tíos, primos compartiendo experiencias que fortalecen vínculos. A la par, surge con fuerza el “viajar despacio”, con menos prisa, más permanencia en un destino, más conexión con la vida cotidiana del lugar. El Quindío, por su escala geográfica, es terreno fértil para este tipo de visitante que busca pausa y paisaje, al punto tal que hasta tenemos en nuestro entorno el único pueblo “Citta Slow” de Latinoamérica, tal como lo es Pijao.
5. Experiencias temáticas e inmersivas
La tendencia de vivir “mundos” completos —gastronómicos, naturales, creativos o culturales— gana protagonismo. Desde rutas del café, del cacao, de la guayaba hasta talleres de oficios, turismo literario (Alto referente Calarcá Ciudad sobre Letras), retiros artísticos o experiencias nocturnas bajo las estrellas, el viajero quiere sentirse parte de algo, no quiere ser solo un espectador.
Y… ¿qué significa todo esto para el Quindío y el Eje Cafetero?
Que tenemos frente a nosotros una oportunidad histórica. La región ofrece justamente lo que el mundo está buscando: naturaleza amable, cultura viva, consumo responsable, autenticidad que no necesita una decoración pre montada, hospitalidad que se hereda. El turista modelo 2026 podrá encontrar aquí el destino ideal para reconectar con este nuevo sentido de viajar.
Pero todo lo anterior solo sucederá si nos preparamos. Si fortalecemos nuestra oferta especial, si contamos historias que emocionen, y si hacemos de la calidad un compromiso colectivo.
El turismo del futuro no busca lugares perfectos, busca experiencias memorables.
El desafío es estar a la altura de ese viajero que ya está en camino.
Hasta la próxima,