sábado 13 Dic 2025
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Enfoques para entender al Quindío

22 noviembre 2025 11:01 pm
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Jaime Lopera Gutiérrez

Un ensayo de esclarecimiento

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Se me ha preguntado nuevamente por el Quindío, y debo decir de entrada que cualquier respuesta debe obedecer a enfoques derivados de nuevos hechos y recientes experiencias que configuran el perfil de esta región. Este ensayo creo que puede contener varios elementos para esclarecer el futuro.

Regresemos al origen –mucho más original de lo que algunos creen. No es impropio evocar que este departamento es, en síntesis, el fruto de muchas evoluciones históricas y transformaciones, como las siguientes:

(1) nuestra antigüedad como región solo fue revelada en el siglo XIX con la fundación del poblado de Salento, a pesar de que su existencia como territorio ya había sido confirmada desde la Conquista y la Colonia; nuestros primeros ocupantes no fueron únicamente los quimbayas sino también los pijaos en diferentes tiempos y magnitud;

(2) el Quindío registra entonces un relativo aislamiento de las corrientes históricas de varios siglos, excepto por el hecho de ser, por muchos años, camino de paso de civiles, obispos, funcionarios, campesinos, esclavos, indígenas, generales y muchas tropas de soldados de las guerras civiles por el conocido Camino desde Toche que también algunos expedicionarios foráneos transitaron como Humboldt. El periodo de la Colonia nunca tocó las puertas de esta región, pero fue muy sobresaliente allí cerca, en Chicoral.

(3) Desde mediados del siglo XIX, surgió una política de adjudicación de tierras centrada en la mejora de las comunicaciones y el poblamiento de regiones estratégicas, usando los baldíos como incentivo. Un ejemplo de tales esfuerzos fue la construcción del Camino del Quindío, utilizando la Ley de Vagos que –a cambio de tierras– se los obligaba a trabajar forzosamente en ese objetivo. Este incentivo de tierras funcionó bien para el poblamiento de las colonizaciones en curso desde Antioquia y otras regiones. La colonización silenciosa se hizo presente: la aldea tolimense de Anaime suministró, a inicios del siglo XX, mucha mano de obra para los cafetales quindianos en embrión;

(4) el parto como región independiente se alcanzó además gracias a la ocupación y negociación de tierras, pero quitándonos mucho tiempo en la sangrienta batalla contra la oligarquía de la concesión Burila que, durante años y bastantes conflictos, cerró las puertas al desarrollo agrícola y el bienestar de los colonos a cambio de su interés en hacer parte de un gran negocio inmobiliario y despojar a los recientes colonos; y

(5) una mayor desgracia habría de suceder en este departamento con la aparición de La Violencia política en los años cincuenta que arrasó con los valores democráticos, presentó la mayor intolerancia partidista y produjo una serie de emigraciones que nos despojaron de un enorme y rico capital humano, apropiado para nuestro acontecer, que terminó aposentado y sin rumbo en Bogotá y en Cali.

2

Bajo una diferente perspectiva, se puede considerar al Quindío como una respuesta proactiva (o contracultural, según otros) a la dependencia. Por sesenta años nuestra región estaba en manos del sistema político y administrativo del Departamento de Caldas (que a veces nos premiaba con algunas migajas de puestos en Manizales y con algunos dineros cafeteros, cada día más precarios), pero también por la influencia mediática de los medios de comunicación que representaban los intereses manizaleños, causados por el prestigio de unos ilustres intelectuales que defendían la exclusión quindiana en tanto que eran precisamente los voceros y beneficiarios de esa frecuente subordinación.

En algún momento adquirimos la edad de la razón y empezamos entonces a luchar por la independencia. La rebeldía hizo su presencia viva, con los cafeteros a la cabeza, y así llegamos a los años de creación del nuevo Departamento: una clase política, un poco menos culta que los caldenses, tomó las riendas del civismo emergente y –después de la segregación– empezó a plagiar, a su manera, el sistema político que había sido instaurado por el Frente Nacional con la paridad y la alternación. Para garantizar el control electoral, los nuestros empezaron a utilizar las mismas herramientas de dar puestos y contratos para proteger la captura electoral del poder y garantizar las reelecciones, tal como se había hecho en otras partes. Es oportuno reconocer sin embargo que no hubo grandes ni notables escándalos de corrupción política antes del 91 cuando se creó la circunscripción nacional para la elección de senadores y en donde candidatos extraños al Quindío sacaban y sacan más votos que los nuestros, despojándonos de tan importante representación –cuyo ejemplo más notorio fue el senador Castaño que pudrió la política electoral de este siglo.

3

No hay razones para esquivar algunas de las magníficas orientaciones hacia el desarrollo económico que tuvieron los gestores de nuestro Departamento –como lo comprueban la creación de la CRQ dos años antes del 66, la instalación del mando militar y la diócesis, la fundación de Uniquindío, los pasos hacia la planeación de objetivos  y muchos documentos y presupuestos que revalidaban esos propósitos–, pero la distorsión de la política se hizo considerable: reproduciendo el sistema presidencial, los gobernadores eran los “virreyes” que daban empleos y contratos a cambio de la dependencia hacia el sistema político que los cobijaba. De este modo (y haciendo justicia a muchos cuyo perfil no era ese), los gobernantes se llenaban de una galería de seguidores de todos los colores cuya ciega obediencia al cacique, y su proclividad a la corrupción, a menudo deslucía los proyectos y programas por más amplio alcance que llevaran consigo.

Este es el sistema político actual que crea sometimiento y obediencia, y que impide grandes realizaciones u obras cuando caen bajo la influencia de sus ocultos e interesados promotores. Recuérdese el caso de la fábrica de compost que una empresa inversora alemana iba a realizar con las basuras de la región y que se vio frustrada cuando los inversionistas extranjeros se dieron cuenta de que debían pagar una “cuota” por adjudicar los contratos de construcción, y con ese caso se pueden evocar otros de similar y penosa factura.

4

La burocracia oficial (en todos sus sectores municipal, departamental y nacional) es la institución que tradicionalmente hace la mayor oferta de empleos en el Quindío —no importa lo improductivos que ellos sean, como los contratos temporales que se dan a dedo antes de las elecciones de cada periodo para aumentar la votación y cuya estabilidad salarial puede ponerse en peligro si no se hacen las adhesiones ordenadas por el jefe de turno. (En un hogar que conocí había tanta sumisión al jefe político que la complicidad con las transgresiones o delitos solo se redimían, decía alguno del grupo, por la confesión de la mamá cuando rezaba un sentido padrenuestro para la absolución de todos. Como puede suponerse, los valores éticos de esa familia estaban completamente fragmentados y en vías de repetición).

No obstante lo anterior, el sector privado no ha dejado de crecer en materia de turismo, construcción, servicios, exportaciones agrícolas y cafeteras, como lo muestran las estadísticas. Merece destacarse la alta producción escolar en el departamento y la existencia de importantes universidades que se han estado modernizando para satisfacer las múltiples demandas que existen en este campo educativo, incluyendo especializaciones, maestrías y doctorados.

Todo lo cual supone que todavía podemos aspirar a tener condiciones de transformación económica y de empleos si se pudiesen materializar iniciativas tales como v.g., una banca de inversión que canalice nuevos capitales bajo el principio de tener abastecimientos apropiados de energía, agua y personal especializado para emprendimientos nuevos, más la acción del Gobierno en términos de tarifas e impuestos locales, o la ejecución de leyes que aún existen y se han aplazado, para citar tres  ejemplos que pueden ser relevantes o útiles.

Algunos de estos comentarios en los párrafos anteriores de este ensayo han sido juzgados, por amigos, como pesimistas o apocalípticos. Pero me sostengo en la idea –como enfoque central– de que en el sistema político colombiano, degradado por el paso de los años, está la semilla del cambio. El revolcón constitucional será grande pero remedial: una pecera sucia no se limpia desde adentro por muchas intenciones buenas que se tengan. Solo que, por ahora, no hay quien le ponga el cascabel al gato.   Armenia, 9/10/25

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