Hay que entender que la medida de pico y placa para vehículos y motos, adoptada en muchos países del mundo, proviene de un comportamiento de cultura ciudadana. La cultura ciudadana implica hacer esfuerzos individuales para el bienestar colectivo. Es tener conciencia plena de que yo no vivo solo, sino en comunidad. Es saber que la ciudad no es solo mía, sino de todos. Es reconocer el espacio donde habito como un lugar de sociedad, no solo de la individualidad.
El pico y placa restringe la movilidad individual en los vehículos de motor, para preferir la movilidad pública, colectiva, además de promover el ejercicio físico: caminar, montar bicicleta, o, simplemente quedarse en casa ese día realizando otras actividades, mucho más en la modernidad donde el trabajo virtual se va imponiendo en todo el mundo.
Todos los ciudadanos, sin excepción, estábamos reclamando obras de infraestructura urgentes en Armenia, como el cambio del vetusto sistema de alcantarillado en muchos sectores donde las inundaciones por las lluvias eran pan de cada día. Obras como el mejoramiento y mantenimiento de la red vial, los escenarios deportivos y un sistema de ordenamiento vial en sitios como la confluencia de la carrera 19 con sectores de Bomberos y Coliseo del Café. Todas esas obras están en desarrollo, y, es lógico que generen congestión vehicular.
Y para la gran congestión vehicular, en una ciudad que no ha construido nuevas vías alternas, una de las medidas de contingencia es ampliar a toda el área urbana el pico y placa que ya venía en vigencia para solo una parte de Armenia. Es decir, ese día no saque el carro o la moto de la casa, tome el bus, un taxi, viaje en el carro con un amigo, muévase a pie o en bicicleta.
Es un solo día, no son los 7 días de la semana, hagamos un esfuerzo ese día y salgamos de la zona de confort en que nos metió el avance tecnológico del transporte individual, que le cogió ventaja al avance y pensamiento político en la ampliación de la red vial y en los sistemas de transporte público colectivo.
El problema de los trancones tampoco se solucionacon más y más vías, sino en transformar la forma depensar y de movernos. Armenia, por ejemplo, necesita un mejor sistema del transporte público, un tren de cercanías que no solo mueva los pasajeros entre La Tebaida y Circasia, sino que atraviese toda la ciudad, como un sistema de metro. Eso hay que planearlo ya, y para tal fin es necesario pensar en la antigua vía férrea que venía de La Tebaida, pasaba por Armenia y seguía a Salento. Todavía es posible pensarla con un desvío hacia Circasia.
Hay que mirar la posibilidad de un teleférico que mueva colectivamente al ciudadano de Sur a Norte y de Occidente a Oriente, conectado con el tren. Los primeros en poner el ‘grito en el cielo’ de oposición son los dueños del transporte público de buses, ya lo hemos sentido. Sin embargo, es con ellos como socios como se deben adelantar estas iniciativas.
El crecimiento de Armenia es acelerado por la cantidad de gente que quiere vivir aquí, que quiere venir aquí, que está consiguiendo una segunda vivienda aquí, y eso hay que planearlo desde ahora. ¿Qué pasó con la proyectada avenida de occidente que tomaba la ruta de Mercedes del Norte-Yulima-El Niagara- detrás del barrio Centenario para salir a Américas y la Patria y tomar la vía a Montenegro?
¿Qué pasó con la cacareada avenida Los Guayacanes que el exgobernador Roberto Jairo Jaramillo dijo que ya estaba planeada y financiada? ¿Qué pasó con las conexiones de la avenida Bolívar con la carrera 19? ¿Por qué no trabajar la ampliación de la carrera 12 hacia el norte, después del sector del parque De Sucre?
Mientras elegimos un gobernante que piense mejor la ciudad, que la libere de la corrupción y pueda acometer la planeación de, esas sí, mega-obras, debemos actuar con la racionalidad colectiva de contribuir con la ampliación de pico y placa para bajar un poco el caos vehicular. Si no lo hacemos, moriremos todos en medio de los trancones.
Ah, eso sí, que el pico y placa sea para todos. Que,al alcalde, a los jueces y magistrados, a los concejales y diputados, a los parlamentarios, a los secretarios de despachos, a los periodistas, no los veamos transitando con permisos de SETTA. Que utilicen ellos también el bus, y si les da vergüenza, como a muchos que su ego no les permite subirse a este transporte, entonces que compren bicicleta, que caminen o que monten en taxi. El pico y placa no puede tener privilegios.
Y, por último, estaremos atentos para que los permisos de SETTA no se conviertan en un negocio de los concejales, que piden esa licencia para sus amigos, y mucho más en esta época electoral. La ampliación del pico y placa a toda la ciudad, todo el día, es una necesidad. Debemos de dejar de pensar con la racionalidad individualista de mi comodidad y adquirir la racionalidad colectiva del beneficio general.