Germán Estrada Mariño
Antes de adentrarnos en ideas, conceptos o teorías, quiero comenzar con una pequeña fábula que condensa lo que muchos de nosotros necesitamos entender para poder sanar:
La fábula del jardinero y las espinas
Había una vez un jardinero que cultivaba un pequeño huerto lleno de flores azules, que para él representaban la paz que tanto buscaba. Cada mañana las regaba con dedicación, las hablaba en silencio y caminaba descalzo para sentir la tierra fresca bajo sus pies.
Un día, al despertar, encontró que entre sus flores había aparecido un arbusto espinoso. Sus espinas rasgaban los pétalos azules y parecían amenazar su jardín. Al principio sintió rabia y pensó en arrancarlo de raíz, pero algo dentro de él le susurró que esperara.
Así que, por curiosidad, decidió observarlo. Pasaron los días y el jardinero descubrió algo sorprendente: gracias al arbusto espinoso, comenzó a cuidar mejor su jardín. Aprendió a moverse con más atención, a proteger lo que amaba, a distinguir lo frágil de lo fuerte. Y un día entendió que la espina nunca había venido a destruir sus flores. Su verdadera función era enseñarle a caminar con más conciencia.
Solo entonces, el arbusto se secó solo, y el jardín floreció como nunca.
La enseñanza era clara: lo que aparece como enemigo es, muchas veces, un maestro disfrazado.
El dolor como mensaje y no como sentencia
Hay seres que aparecen en nuestra vida con la fuerza de una tormenta. A veces son compañeros de escuela que ridiculizan, familiares que no validan, parejas que minimizan o jefes que hieren. Su presencia puede sentirse como una amenaza, pero también puede convertirse en una oportunidad si logramos mirarlos con otros ojos.
Los antiguos sabios solían afirmar que “cuando el discípulo está listo, aparece el maestro”. No especificaban que este maestro fuera amable. A veces se manifiesta como alguien que despierta nuestras heridas más profundas porque ese es precisamente el punto que necesita ser sanado.
El problema no está en el daño que nos hacen, sino en la interpretación que construimos alrededor de ese daño. Cuando alguien nos ataca, critica o intenta debilitarnos, solemos caer en la trampa de creer que su juicio es la verdad. Ahí comienza la herida real: no en sus palabras, sino en lo que aceptamos de ellas.
Un mantra antiguo dice:
“Nada externo puede disminuirte sin tu permiso interno.” y aunque suene duro, suele ser cierto.
La compasión que nace de entender la ceguera del otro
Quien hiere frecuentemente no es fuerte. Es alguien atrapado en su propia oscuridad.
Quien necesita destruir, señalar, humillar o aplastar no lo hace desde la fortaleza, sino desde la inferioridad emocional.
Los seres humanos evolucionados no buscan apagar a otros.
Los que aún caminan dormidos, sí.
Es curioso, pero cuando observamos a alguien que nos lastima desde esta perspectiva, algo comienza a cambiar: ya no lo vemos como un monstruo, sino como un mensajero de una lección que no habíamos aprendido.
No se trata de justificar su conducta, sino de comprender su función simbólica.
Quien hiere, aunque no lo sepa, actúa como un espejo que revela dónde aún dudamos de nuestro propio valor.
El ejemplo de Mariana: cuando la herida revela el don

Pensemos en una situación muy común en entornos toxicos, como la historia de una joven que atendí en terapia por depresión e ideación suicida por muy baja autoestima y sentimientos de inferioridad asociados a humillaciones y bullying que sufrió en su entorno que llamaremos Mariana. Ella es una chica sensible, creativa, artista y profundamente empática. Su mirada hacia los otros es noble, pero esa misma sensibilidad la vuelve muy vulnerable ante comentarios hirientes. Una compañera de la universidad que llamaremos Daniela, solía criticarla, juzgarla y ridiculizarla frente a otros.
Durante meses Mariana antes de su terapia, creyó que era débil por sentirse afectada, hasta que descubrió algo transformador: la crítica no hablaba de ella, sino de Daniela.
Su sensibilidad no era un defecto, sino un talento que la otra envidiaba, pero quien por sentirse inferior necesitaba destruirla por apariencia físico estatus dinero o apariencias mas no por lo que realmente envidiaba de maría: su esencia sensible.
Los individuos narcisistas y psicópatas que están a nuestro alrededor (personas toxicas, cizañeras, envidiosas y resentidas) poseen tantos vacíos que necesitan destruir al otro con burlas y difamación o chismes (injuria y calumnia o daño al buen nombre) para ilusionarse con sentirse poderosos y superiores , proyectando lo vacíos y huecos que están por dentro de un alma vacía y carente de afecto.
la empatía de Mariana no era inferioridad, sino una capacidad que la otra no podía comprender porque no la poseía.
Mariana comenzó a ver la situación con mayor claridad: Daniela no era una enemiga, sino la “espina” en su jardín, la que venía a enseñarle los límites que no sabía poner, el valor que no sabía reconocer, la fortaleza interior que no sabía que tenía y de la que Daniela la había llevado a dudar cuando el mensaje era el opuesto.
Daniela en realidad vino a retar a la dulce y sensible mariana, como analizamos en terapia para resignificar esta experiencia: vino a poner a prueba y a tentar el amor propio de Mariana, como muchos maestros de vida que desde su necedad toxica y que están a nuestro lado, están listos siempre para herirnos insultarnos o criticarnos porque representamos algo que no tienen en si mismos.
Cuando Mariana dejó de creer en las palabras agresivas, éstas perdieron poder.
Cuando dejó de tomarlas como verdades, dejaron de doler.
Cuando comprendió el miedo y la inseguridad detrás de la agresora, nació la compasión.
Y lo más importante:
Cuando dejó de pelear contra la sombra, su luz se volvió más estable.
Cuando vio esto como reto y no como arma letal, se levantó con coraje.
Ese es el verdadero crecimiento.
Los que hieren son mensajeros involuntarios del despertar
Muchas tradiciones antiguas coinciden en algo:
la vida coloca figuras disruptivas en nuestro camino para enseñarnos aquello que solos no podríamos descubrir.
Quien traiciona nos enseña la importancia de elegir mejor.
Quien humilla revela la necesidad de trabajar la autoestima.
Quien abandona nos obliga a volver hacia nosotros mismos.
Quien compite desde el odio nos muestra nuestra propia grandeza.
Los sabios suelen decir que “los enemigos son maestros de energía invertida”.
El agresor, sin saberlo, te muestra dónde fortalecerte.
El arrogante te revela dónde aún dudas de ti.
El manipulador te obliga a despertar tu intuición.
El que critica te enseña a escuchar tus propias certezas, no las ajenas.
Estos encuentros no son accidentes.
Son mensajes.
El reto espiritual: no caer en la misma vibración
Cuando alguien nos ataca, la respuesta más fácil es reaccionar con ira, dolor o venganza. Pero esa reacción nos deja atrapados en la misma energía que nos hirió, y ahí perdemos libertad.
La sabiduría antigua insiste:
“La sombra solo triunfa cuando te arrastra a su oscuridad” y ese poder , está en tus manos .”
La compasión no significa permitir abusos ni tolerar injusticias.
Significa entender la razón profunda detrás de la conducta del otro y usar esa comprensión para no dejarte arrastrar.
Es elegir:
“Lo que tú haces habla de ti. Lo que yo hago habla de mí” hacia una verdadera y no aparente Superioridad espiritual y moral.
Cómo transformar el dolor en conciencia
Para que este mensaje no quede en teoría, aquí van algunas sugerencias psicoterapéuticas prácticas:
Pregúntate qué parte de tu vida está resaltando este conflicto.
• Identifica si lo que te duele es la conducta del otro o la interpretación que haces de ella.
• Reconoce la emoción sin dejar que te defina.
• Observa a la persona que hiere como un ser limitado, no como un juez legítimo.
Responde desde lo que quieres ser, no desde lo que el otro espera que seas.
Cada vez que eliges tu paz sobre la reacción, tu conciencia madura.
Cada vez que eliges tu autenticidad sobre el miedo, tu espíritu se expande.
El enemigo que vino a iluminarte
La próxima vez que alguien intente apagar tu luz, recuerda la fábula del jardinero.
Las espinas no aparecen para destruirte, sino para mostrarte lo fuerte que puedes ser cuando caminas con atención.
La verdadera fortaleza no consiste en eliminar al enemigo, sino en comprenderlo sin permitirle gobernar tu vida.
A veces, sin quererlo,
quien te hirió fue quien te despertó.
Y ese despertar, aunque a veces duela,
es siempre el comienzo de tu libertad.
GERMAN ESTRADA MARIÑO
PSICOLOGO CLINICO
PSICOTERAPEUTA INDIVUDUAL DE PAREJA Y FAMILIAR BILINGÜE ONLINE
UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA
PERITO FORENSE
LIDER CAMPAÑA PREVENCION DE SUICIDIIO JUVENIL
316 4502080
