jueves 4 Dic 2025
Pico y placa: 1 - 2

Periódico Satanás

11 noviembre 2025 9:42 pm
Compartir:

El 8 de noviembre de 1941 lo fundó Alfredo Rosales como semanario de Armenia. En esta ciudad no había ningún otro periódico, y los 200 ejemplares de la primera edición despertaron gran acogida en el estrecho vecindario que acababa de celebrar el cincuentenario de la ciudad. Su impresión se realizó en la Empresa Tipográfica Vigig, de Vicente Giraldo, líder poderoso que marcó toda una época en la región con las varias entidades que dirigía.   

Satanás se anunció como “periódico cívico de variedades”, carente de causa política, y su empeño estaba dirigido a vigilar y denunciar los vicios públicos y proteger la moral y las sanas costumbres. Los 200 ejemplares iniciales crecieron en forma veloz, hasta volverse el medio más destacado de la comarca. Se distinguía por la amenidad y la seriedad de su contenido, con secciones novedosas y al mismo tiempo críticas que cada vez atraían más lectores. De ahí nació este pregón jocoso: “Satanás lo lee hasta el Diablo”.

Esto de contar la Armenia de aquella época con un semanario pone de manifiesto la calidad de su material. Por la misma época circulaba Mi Revista, que había sido fundada por Vicente Giraldo. Era la revista más prestigiosa del país, y tuve la suerte de admirarla en varios tomos empastados que un amigo me hizo conocer. De ella saqué información para escribir una serie de crónicas que titulé La Armenia antigua, las cuales están recogidas por la Academia de Historia del Quindío en su página institucional.

Alfredo Rosales había llegado de Toro (Valle), y en la capital quindiana encontró el ambiente propicio para hacer germinar su iniciativa. Al paso de los días –y me refiero sobre todo a cuando lo conocí en los años 70–, el periódico atravesaba por serios tropiezos económicos. Un día, el director me invitó a colaborar en sus ediciones, y en ellas quedaron varios de mis artículos. Alfredo Rosales era un periodista nato y de firme convicción, y bajo esa enseña había sido el primer presidente del Círculo de Periodistas del Quindío.

Desde tiempo atrás, la sufrida gaceta había perdido el carácter de semanario: se editaba cuando se podía. Como no tenía talleres propios, el director reunía el material y lo hacía imprimir en cualquier imprenta, bien de la ciudad o bien de otro sitio, donde el costo le resultara más favorable. De Armenia se ausentaba por épocas, se iba para Bogotá y se empleaba en alguna cooperativa, campo que lo apasionaba a la par con el periodístico.

Fue un luchador sin tregua. Hombre de los mil escollos, mantuvo, sin embargo, intactos sus principios. Nunca transigió con la mediocridad o la deshonestidad, aun a riesgo de sufrir, como las sufrió, duras adversidades. El periódico fue cerrado en la dictadura de Rojas Pinilla y duró varios años en reaparecer. La fe del director era alimentaba por el periodismo, y nunca desertó de ese oficio a pesar de los dolores que sufría en la jornada. Pero un día se sintió en extremo cansado y decidió venderlo, con todo el dolor del alma.  

En 1979, lo compró Francisco Elías Valencia. El fundador se residenció en Bogotá y allí ejerció el cargo de jefe de publicaciones de la Superintendencia Nacional de Cooperativas. Días después murió en paz: había cumplido su ideal.

Te puede interesar

Lo más leído

El Quindiano le recomienda