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DESDE EL OCTAVO PISO:  EL PODER DEL AGRADECIMIENTO.

8 noviembre 2025 10:15 pm
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Faber Bedoya Cadena.

Desde niños aprendimos, junto a las oraciones de nuestra madre, a saludar, decir por favor, dar las gracias, y mostrar comportamientos agradecidos. Eran las llaves indispensables para iniciar una conversación, mantener una relación e indicaban educación, cultura, y sobre todo respeto por el otro. “se demora un poquito más, pero peligra menos y gana mucho”, decía mi abuelito. Siempre nos tratamos de usted, lo de tú, fue muy tarde en la vida.

El saludo tiene efectos sublimes, es cortesía, los señores se quitaban el sombrero para saludar a las damas. Al llegar al local comercial, a la tienda, las dependientes del supermercado, al conductor del bus, primero saludamos y después lo que necesitamos y todos tan contentos. Cuando alguien llega y no saluda, la funcionaria le recuerda el detalle grande de decir, “buenos días, señor”. Algunos se ponen bravos y se van, pero la gran mayoría, saludamos y nosotros los veteranos somos especialistas en este tema, a todo mundo saludamos y donde nos pongan conversa, ahí nos quedamos.

Hay infinidad de maneras de saludar, después del buenos días o tardes o noches, está el “que hubo, hola, buenas, que tal”, seguido de unas preguntas sin respuesta, como estas, como te va, que hay de nuevo, todo bien, como están por la casa, y la familia, como sigue, o la frase encantadora, me alegra mucho verte. Pero hay mas formas de responder, “bien, muy bien, regular, hay por las buenas, hay como cuando usted era pobre, nadando y empujando la maleta, regularcito, tan bien que estoy aterrado, mejor y con tendencia al alza”, y faltan datos de otros barrios.    

Saludar es sanador, es tan agradable cuando las primeras palabras que tiene la compañera de toda la vida, o los hijos, los vecinos, son muy buenos días, te deseo el mejor de los días, Dios te bendiga. Y a propósito de esta frase, no suena nada bien, en boca de algunos cuidadores de carros o pordioseros, cuando no se les da algo, la utilizan y en un tono que denota todo, menos agradecimiento.

En el camino de la vida y gracias a que me encontré contigo, afiancé la costumbre de decir “por Favor”, la implanté e implementé en mi vocabulario conversacional. Con la empleada del servicio, los celadores, el portero, los amigos, hermanos, familiares, empleados, vecinos, a todos les decimos, por favor. Si saludar es mágico, decirle al otro, por favor es noble, engrandece, sublima, reconforta el espíritu, y es muy bueno para el hígado, que es el encargado de regular el amor. Es empatía, eleva el cociente de inteligencia emocional, sobre todo cuando se dice a la dependiente, hasta nuestra amiga, la que nos vende el chance diario.

Y empezamos otra etapa del camino, cuando sabemos decir gracias, primero a Dios, por la vida, la familia, la pensión, la salud, tantas y tantas cosas por las cuales solo le debemos gratitud al Ser Superior. A estas alturas de tantos caminos recorridos, donde miremos para atrás, no nos alcanza la vida para reconocer, que solo por la gracia de Dios, estamos contando el cuento. Pero no es necesario echar para atrás, mirémonos hoy, es que son más de ochenta natillas y buñuelos celebrados, muchos regalos del niño dios recibidos, cuantos años viejos idos, vimos nacer muchos años nuevos, y solo por la gracia de Dios, podemos prepararnos para otras festividades decembrinas.

Pero como estamos en tiempo de dar gracias, se me llena el corazón de dicha poder decirle gracias a Olga Esther, siempre estuvo al lado mío en este desierto tan largo, junto a mis alfiles sustentos, David, Betty, Emilio y Andreita. Gabriel Eduardo, Marcela y Benjamín, mi familia básica. Gracias a Dios por tenerlos.

Pero indudablemente hay amigos que hacen la tarea que la amistad les dicta, Luis Eduardo, Juan Camilo, Roberto, Pastorita, hasta un celador muy amigo, de nombre Wilson. Pero especial mención si merece Miguel Ángel Rojas, nuestro director de EL QUINDIANO, me sentí tan bien y motivado con la vida, cuando me preguntó, por qué no había enviado la columna, gracias amigo, volví a vivir. 

Esta vez sí me sobra tiempo para seguir diciendo gracias a Dios y a la vida, que me ha dado tanto.  

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