Laura González Arévalo es una joven mujer nacida en el Quindío, y es la directora ejecutiva de Marea Verde, la organización panameña que viene trabajando para limpiar la bahía de Panamá de la enorme contaminación de plásticos y otros residuos. Por esta labor ha sido escogida entre las 12 mujeres del mundo que trabajan por la conservación y protección de los humedales. Estas líderes han conseguido desbloquear recursos y aglutinar apoyo público para la conservación de los humedales, además de capacitar y preparar a jóvenes especialistas en estos ecosistemas.
El premio que le otorgan a esta quindiana se entregó en el marco de la 15a reunión de la Conferencia de las Partes Contratantes (COP15) en la Convención sobre los Humedales en Victoria Falls, Zimbabwe, bajo el lema “Proteger los humedales para nuestro futuro común”. En esta reunión participan representantes de gobiernos, científicos, Pueblos Indígenas, jóvenes delegados y líderes de todos los sectores con el fin de reforzar la cooperación mundial para detener y revertir la pérdida de humedales.
Laura González Arévalo es graduada del colegio GI School de Armenia, es hija del médico dermatólogo Carlos Horacio González y de Isabel Cristina Arévalo. Es economista de profesión, radicada en Panamá, donde vive y desarrollo el portentoso proyecto de recuperar la bahía, que empieza por ‘capturar’ el plástico y los desperdicios en los ríos, antes de que lleguen al océano.
Ramsar, la organización que organiza el premio, ha dicho: Ya sea restaurando humedales degradados, influyendo en las políticas internacionales, o liderando iniciativas comunitarias, el grupo de mujeres artífices del cambio en el ámbito de los humedales de 2025 demuestra que la diversidad de perspectivas puede dar lugar a estrategias de conservación más sólidas e inteligentes. Estas mujeres inspiradoras hacen frente a los déficits de financiación, superan los prejuicios de género, y luchan contra la resistencia institucional, en un esfuerzo que exige una gran fortaleza y entereza de carácter.
La trayectoria de Laura González
Ramsar, presentó a la quindiana Laura González Arévalo, en los siguientes términos:
“Puede decirse que su trayectoria comenzó navegando los sinuosos ríos de la Amazonía; fue allí donde Laura González se enamoró de la sostenibilidad. Economista de formación, Laura transformó su pasión en acción en tres continentes como Directora Ejecutiva de Marea Verde. Mientras lucha contra la contaminación por plásticos en las aguas de Panamá, encuentra inspiración en sus hijos, quienes le preguntan inocentemente: “¿cuándo estará limpia por fin la bahía?”. Si bien gran parte de su carrera se ha centrado en la sostenibilidad y el capital natural, su corazón sigue estando con las comunidades y ecosistemas a los que sirve, generando pequeñas olas de cambio que se expanden más allá de la costa.
Entrevista
Y también Ramsar, presenta la siguiente entrevista con Laura:
P. ¿Qué experiencia personal ha determinado o inspirado su trayectoria?
En 2011, tuve la oportunidad de trabajar en el proyecto “Amazonia Posible y Sostenible”, en el marco de la ampliación del Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete. El proyecto requirió un análisis multidimensional de la región, que contó con las aportaciones de más de diez expertos. Los temas tratados abarcaron desde la educación y los marcos jurídicos hasta el desarrollo rural.
Esta experiencia marcó profundamente mi manera de entender el desarrollo y me expuso a la riqueza del territorio y la necesidad de comprenderlo a través de diferentes lentes. También me dio la oportunidad de visitar la Amazonía, navegar por muchos de sus ríos y enamorarme de la sostenibilidad, lo que en definitiva me llevó a dedicar mi carrera a este campo.
P. ¿Se ha sentido inspirada por alguien? Si es así, ¿qué aspecto de esa persona le ha resultado motivador?
He tenido la suerte de que muchas personas influyeran en mí durante mi camino. Al principio de mi carrera, el Profesor Juan Camilo Cárdenas, de la Universidad de Los Andes, me enseñó la importancia de situar a las comunidades en el centro de mi labor. Ha dedicado años a trabajar sobre economía comunitaria en las comunidades costeras del Pacífico y ha llevado a cabo una labor extensa en los manglares.
Juan Carlos Ramírez y Olga Lucía Acosta, mis primeros mentores en la CEPAL de las Naciones Unidas, creyeron en mí desde el principio de mi carrera y me dieron la oportunidad de trabajar en la Amazonía. Su rigor y pasión por el desarrollo social y sostenible siguen siendo fuentes de inspiración hoy en día.
La capacidad de Duko Hopman de posicionar la labor sobre el capital natural en los objetivos 30×30 en un sector como el de los servicios de consultoría ha sido extraordinaria. Como parte de sus equipos, pude prestar apoyo a gobiernos nacionales sobre estrategias de conservación de la naturaleza terrestre y marina, tanto a nivel nacional como subnacional.
Mirei Endara, cofundadora de Marea Verde, quien dedicó su vida al sector ambiental en Panamá, más concretamente a la bahía de Panamá, ha confiado en mí para que dirija la organización.
Por último, tengo que mencionar a mis hijos, quienes me inspiraron para que volviera al sector sin fines de lucro. Cada día me motivan al preguntarme cuándo la bahía de Panamá estará por fin limpia y libre de plásticos.
P. En su labor de conservación de los humedales, ¿cuál ha sido el reto más importante al que se ha enfrentado y cómo ha influido esta experiencia en su dedicación para crear un impacto positivo?
Un desafío fundamental en el ámbito de la conservación de los humedales es la desconexión entre las personas (especialmente los encargados de adoptar decisiones) y estos ecosistemas. Como decía Baba Dioum: “En definitiva, solo conservaremos lo que amamos, solo amaremos lo que conocemos, y solo conoceremos lo que nos enseñen”. En el sector ambiental, todos somos conscientes de los beneficios y la importancia de los humedales como ecosistemas estratégicos, sin embargo, muchas personas, incluidos los encargados de adoptar decisiones en los sectores público y privado, no suelen conocer estos ecosistemas, no han estado en contacto con ellos, no los aman y, por ende, no los valoran.
Los beneficios de la conservación son muchas veces intangibles y a largo plazo, mientras que las decisiones sobre el consumo tienen consecuencias y recompensas inmediatas en el corto plazo. Es imperativo que la conservación vaya más allá de los hechos: debemos acercarnos a la naturaleza y acercar a otros a ella para así poder valorarla.

P. Como mujer que ha logrado importantes avances, ¿dónde cree que se necesita más inversión para acelerar los progresos y empoderar a las mujeres en su acción en favor de los humedales?
El papel de las mujeres en la conservación es innegable. Sin embargo, es frecuente que estas mujeres no solo lideren estos movimientos, lo cual requiere coraje, perseverancia y dedicación, sino que también asuman la responsabilidad del cuidado del hogar, los hijos, los padres o los familiares enfermos.
Las mujeres necesitan redes de atención, políticas que ofrezcan flexibilidad y acceso a servicios de guardería de calidad. Muchas líderes no tienen acceso a estas condiciones o solo a alguna de ellas. Les pedimos que sigan luchando y protegiendo los ecosistemas incluso cuando carecen de las herramientas necesarias para cuidar de ellas mismas. Es fundamental invertir en poner de relieve la relación entre la economía del cuidado y el cuidado del medio ambiente.