La celebración política más importante de cada Estado, en el mundo, es el Día de la Independencia. Y esta celebración se ha extendido a las ciudades y departamentos, como en Colombia, por ejemplo. En el caso nuestro, nunca un presidente de Colombia ha dejado de asistir, el 20 de julio, a la celebración de la independencia del país.
En Estados Unidos, cuya independencia se declaró el 4 de julio de 1776, pero el presidencialismo se declaró con la Constitución de 1789, desde entonces, jamás un presidente ha dejado de asistir a los actos conmemorativos de la independencia el 4 de julio. Volviendo al país, una ciudad como Cartagena, declaró su independencia el 11 de noviembre de 1811, aunque no la obtuvo definitivamente hasta el año 1819, pero sigue conservando esa fecha como su día más importante. Y a la celebración nunca ha faltado el alcalde de la ciudad.
Muchas poblaciones colombianas tienen como fecha clave de su ciudad el día de su fundación, como Bogotá, el 6 de agosto y Armenia, el 14 de octubre. Hechas todas las consultas pertinentes, tampoco en Bogotá o en Armenia los alcaldes han faltado a esta celebración. Es decir, ni en Estados Unidos, ni en Colombia, ni en Cartagena, ni en Bogotá, ni en Armenia, por nombrar solo algunos Estados nacionales, regionales o locales, los presidentes o alcaldes le han fallado a su país o a su ciudad en la celebración de su día más importante.
En el departamento del Quindío había pasado lo mismo, en los 58 años anteriores, en la celebración del Día de creación del Quindío, cuando se separó del departamento de Caldas, que se considera como un Día de la Independencia. Todos estos 58 años de celebración de la Independencia del Quindío el primero de julio tuvieron como personaje principal al gobernador, desde Ancízar López López, el día que se posesionó.
Sin embargo, en la celebración del 59 aniversario de la creación de nuestro Departamento, el pasado primero de julio, el gobernador de este departamento del Quindío, el señor Juan Miguel Galvis Bedoya, no asistió a los actos de celebración. Una verdadera afrenta, un agravio, una ofensa, un ultraje, un desprecio, un insulto, una burla, un zaherimiento a nuestra bandera, a nuestras costumbres, a todo un pueblo.
Algunos de sus asesores dijeron a sottovoce que estaba enfermo. Pero la verdad siempre aparece, aunque los esfuerzos por esconderla sean muchos. No alcanzó a llegar de las vacaciones que se había tomado en la costa norte colombiana. Lo cierto es que en la iglesia Catedral de Armenia el malestar fue total, incluso por parte de sus propios representantes en ese acto de Te Déum por la celebración. Y, luego, el malestar de los ciudadanos, que se enteraron por algunos medios de comunicación.
Solo asistieron 4 diputados y 4 concejales, y pocos representantes de la sociedad civil y de las instituciones cívicas y gremiales de Armenia y el Quindío. Pero, eso es un asunto menor, frente a la ausencia de la primera autoridad del departamento, elegida por el pueblo. ¿Qué significa que el gobernador titular no haya asistido? Además de lo dicho, una afrenta, un agravio, una ofensa, un ultraje, esto representa un desprecio por los valores históricos, de pertenencia y de identidad local y regional. El ejemplo cunde, y si la primera autoridad del departamento no mantiene, en forma permanente, una actitud de amor por nuestros valores, nuestra identidad, una demostración de pertenencia con lo que nos heredaron los abuelos colonizadores, ¿qué diremos del ciudadano común?
Ese desprecio, esa afrenta, ese agravio, esa ofensa, ese ultraje que le hizo el gobernador Galvis Bedoya al Quindío el pasado primero de julio, se extiende a cada uno de los ciudadanos de esta comarca. Ese es el camino, señor gobernador, para sepultar nuestra historia, nuestros valores y nuestra identidad. No podemos olvidar que las celebraciones de los aniversarios históricos, las fiestas de los pueblos, no son otra cosa que el esfuerzo de los líderes, desde el Gobierno, para evitar el olvido, para mantener viva la llama de la historia que nos hizo, para revivir y conservar la memoria, la identidad y los valores de la patria chica, en este caso, que la modernidad y la globalización nos trata de arrebatar a casa instante.
¡Qué pesar del Quindío con este tipo de gobernantes!, que les importa un bledo su historia, su cultura y su gente.