Juan Fernández Cerón
Emilio Lledó, filósofo español, dice: “A mí me llama la atención que siempre se habla, y con razón, de libertad de expresión. Es obvio que hay que tener eso, pero lo que hay que tener, principal y primariamente, es libertad de pensamiento. ¿Qué me importa a mí la libertad de expresión si no digo más que imbecilidades? ¿Para qué sirve si no sabes pensar, si no tienes sentido crítico, si no sabes ser libre?”.
Leer a Zaratustra de Nietzsche, en la actualidad de nuestro contexto de guerra, corrupción, de injusticia, politiquería, de ignorancia patrocinada, de educación memorística, de traducción, encontramos mucha realidad, que nos conduce a la interrogación reflexiva.
Los tres estados que presenta la obra: El camello, el que lleva los valores impuestos e interesados; el león, el rebelde, el violento y el niño, símbolo de humildad, juego, creatividad. Que, si contextualizamos estos tres estados encontramos camellos serviles, obedientes por interés, que actúan sin pensar; leones que destruyen al otro y construyen lo suyo con el engaño, la falsedad, y el niño, símbolo de humildad, inteligencia, creatividad, observación, no lo encontramos.
En esta situación de engaño, falsedad y desinformación, recordar y leer pensando, su lectura es un mensaje no para convencer a nadie, pero su reflexión nos ilustra y nos hace reflexionar y destruir el mal uso de la libre expresión, del pensamiento amaestrador de los medios de comunicación y los discursos interesados a cada momento, saber leerlos y reflexionar, es pensar críticamente.
La razón es más que necesaria para buscar una propuesta que fortalezca la cultura y el ser educado, que articule la educación con la familia, lo popular y la sociedad.
Saber pensar, nos conduce a otro pensamiento, por la propuesta de dudar, descubrir, preguntar hasta de uno mismo.
Nuestras escuelas anteriores carecían de estos medios para hacer lecturas, otras las prohibían porque eran revolucionarias y las escasas bibliotecas no eran suficientes, que leyéndolas en la actualidad de nuestro estado lo confunden con la libre expresión, en todo espacio público, social, familiar, institucional, personal, donde la muerte se volvió paisaje, la política en politiquería y la justicia de intereses injusta, situación que nos obliga a reaccionar, a pensar críticamente y cuestionarlo todo. encontramos muchas realidades que nos lleva a la interrogación reflexiva.
El pensar crítico y consciente, es una necesidad, cuando se ha perdido la creencia en las instituciones, nos llama a volver a la cultura que es creatividad, que ayuda a fortalecer lo caído para lograr algo nuevo y al llamado del tercer motivo, el niño, que no rechaza la realidad, ni el conflicto en busca de cambio trascendental, innovador, creando, contextualizando saberes, de cuestionarnos en cada momento de cambio, haciendo buen uso de los avances de la ciencia y la tecnología, que no es mala, si, hacemos buen uso de ella, con juego limpio.
Toda buena reflexión interrogativa, nos conduce a echar para delante sin discriminaciones de ningún sentido, pero si a dudar de todo, a pensar distinto, a construir y transformar lo innecesario.
A enfrentar los conflictos, las crisis, sin suprimirlos, sino a comprenderlos e integrarlos a cada contexto. Negarlos y evadirlos es fortalecer los enfrentamientos destructivos de la vida humana.
Con esta inversión de valores se pierde la conciencia de uno mismo y del otro; convirtiéndose en hipócrita social, adulador por el interés, indiferente ante el dolor y la destrucción, no solo física e intelectual, sino también espiritual, donde lo importante es tener bienes, no importa cómo hacerlo para lograrlo.
Las grandes satisfacciones se logran a través del amor, la honestidad, la dignidad, el amor es el mejor maestro, modales antes que saberes, que es todo lo contrario al temor creado por el sistema y la sociedad dominadora actual, con la amenaza, el castigo, la sanción, el chantaje, la corrupción, etc., temores a que estamos abocados tanto las instituciones y la sociedad, desde que se nace, situación que nos va imposibilitando el amor, a aceptar el amor del otro, para manifestarnos como somos.
Esta clase de libre expresión, genera mecanismos de defensa a lo largo de la vida, donde se racionaliza y justifica la mentira, el odio, el egoísmo, la trampa, el yo, la infraconciencia, el engaño, la hipocresía y la misma corrupción.
Un pensamiento libre, crítico, claro, honesto, construye un ser con el uso a la autonomía, la libertad, no libertinaje, la dignidad que se debe ir ejercitando desde los primeros años y en forma progresiva, ejercitar sus derechos y deberes, hacerse responsable de sus actos y consecuencias, que aprenda a festejar sus aciertos y a corregir sus errores.
Si se quiere vivir y convivir en comunidad, en una sociedad culta, no hay que olvidar el conflicto, las crisis, sino a olvidarnos del ego, la infraconciencia de la razón, y compartir con los demás en forma colectiva
A lo obvio hay que darle humildad intelectual, porque no todo es guerra, amenaza, odio, corrupción, es acercarnos a lo creativo, al pensamiento crítico como germen para construir cultura, educación, innovación, y se coloquen al consenso de todos como medios de desarrollo social, económico, político, ideológico, que son los integrantes de todo conflicto que buscan solucionarlo.
Pensar colectivamente, es crecer y transformar un contexto social, institucional, personal. Con el recurso del lenguaje, la comunicación, la escucha, con una pedagogía que no se limite a trasmitir información dudosa, sino a tomar decisiones cuando hay el abandono de la certeza y la construcción de respuestas en escenarios inciertos, a una pedagogía que proponga cambios ante dilemas desconocidos
Esto nos obliga a cambiar la costumbre de preguntarnos ¿qué tienen que saber las personas? Por la pregunta ¿Qué tienen que poder ser y hacer? Esto determina la diferencia de la cantidad de información recibida, y, la capacidad de creatividad, imaginación, de ambigüedad en contextos diferente, con pensamiento crítico, creativo y ético.
Si tomamos conciencia de mundo, la inteligencia no es amenaza para la humanidad, pero no saber pensar y la estupidez, si lo son, son una fuerza poderosa demoledora, destructiva.
La diferencia es que ignorante, es el que no sabe, pero puede aprender, y estúpido, el que rechaza el conocimiento, crea personas fácilmente manipuladas, es el arma del poder que patrocina la ignorancia.