Roberto Estefan Chehab
Ha llegado el momento de buscar un espacio propio en la sociedad, en la familia, en el mundo. Un sentido de vida, pero un sentido propio. Han transcurrido aproximadamente tres lustros desde su llegada; una evolución desde la dependencia absoluta, pasando por distintas etapas en un interesante desarrollo integral pero condicionado al contexto. Claro, los contextos marcan importantes diferencias en cada persona y esa circunstancia deja una huella individual: aunque es un proceso universal cada persona trae un bagaje particular. Los primeros años han sido cruciales, se fue creciendo en consonancia con los principios inculcados por los mayores y sobre todo por el ejemplo y la coherencia o por la ambivalencia y la incoherencia y, además, con la semilla de la confianza o la inseguridad, la expresividad o la prevención, la alegría o la tristeza, el respeto o la desconsideración, la solidaridad o el egoísmo, la ilusión o la desesperanza, el amor o el desprecio, la verdad o la mentira y es ese niño el que ahora sale con un universo que ha ido moldeando su mente y su espíritu. No quiere intromisiones, solo necesita ir encontrando respuestas. Ya cree saber lo que necesita respecto a sus padres y otros actores adultos y su sensación es confusa: “todo lo que me han mostrado y enseñado ¿será o no será?” Aunque quiere estar solo, esa soledad realmente no existe pues su compañía la lleva, adecuada o no, en lo que hay en su alma y es ahí donde intenta aferrarse cuando más confundido se siente y, es ahí donde hallara estabilidad o donde sus contradicciones lo llevaran a pasar momentos muy duros. Al ser gregarios, su mejor refugio lo encontrara en el grupo social de sus “iguales” buscara el apoyo, el espacio para argumentar, para ensayar, para arriesgarse y para retar a sus mayores ytambién a sí mismos optando frecuentemente por conductas temerarias que pueden rayar en gran peligro al no medir realmente las consecuencias. Corre el riesgo de desviarpeligrosamente su rumbo. Es una necesidad mostrarle al mundo su discrepancia y eso hay que hacerlo notar a través de un nuevo argot, una forma peculiar de vestir, un gusto distinto por la música, un claro mensaje de intento de autonomía a través de señales con su cuerpo y una aprehensión defensiva. Lo llamamos rebeldía y asusta con mucha razón; sin embargo, es un momento increíblemente interesante y así es como debería afrontarse. Ellos quieren ser felices, empoderarse de sus vidas y no saben cómo se hace: lo imperativo es que hay que lograrlo. Se fue la niñez. Se entenderá entonces que, si desde los primeros días de vida no se les brinda ejemplo y saludable compañía, es muy difícil intentar corregirlo todo cuando llega ese momento. Papás: hay que ser responsables, sanos, coherentes, presentesy amorosos desde el primer día para poder caminar esa etapa muy cerca a ellos, con límites y respeto. Es un proceso que se construye. [email protected]