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PENSANDO O ESPECULANDO

27 junio 2025 11:42 pm
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Uno, a veces, se pregunta ¿Por qué Dios no corrige la vida en el planeta, de modo que no existan guerras, que todos los seres humanos vivamos armoniosamente, sin hambre, sin enemigos ni homicidios entre nosotros mismos, satisfechos, creativos? Pero la respuesta inmediata es: ¡Eso es imposible!

¿Razones? Dizque somos seres libres, hechos para la competencia, no para la solidaridad o hermandad entre nosotros, para que cada quien luche por lo que más le guste o pueda y amase la riqueza que sea capaz mediante cualquier medio, lícito o no. Por eso la humanidad se ha inventado muchos sistemas para organizarse en sociedad, y como el primer sistema, llamado comunidad colectiva o comunismo primitivo, no le gustó, entonces creó el esclavismo al que también sustituyó por el feudalismo y a éste por el capitalismo, actualmente llamado ultracapitalismo, el cual parece imposible de sustituir, pues durante algún tiempo se estableció el socialismo que tampoco funcionó.

Para dirigir la sociedad han creado reinados, dictaduras, democracias de varias clases y tampoco han gustado. Para reforzar los sistemas económicos, sociales y políticos también se han inventado sistemas ideológicos mediante los cuales se domestica más fácilmente la sociedad. Las religiones y sus dioses han cumplido eficientemente la domesticación humana; miles de religiones y dioses han inundado y siguen inundando el planeta: Odín, Amón Ra, Vishnú, Horus, Zeus, Brahma, Yavé, Shiva, Alá, Jehová, etc. son algunos de ellos. Ahí estamos presenciando el genocidio de Israel contra los palestinos y está pendiente la guerra contra los fanáticos mahometanos, para no mencionar las matanzas católicas, con la Inquisición, por ejemplo, y protestantes.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, el 10 de diciembre de 1948, fue una iniciativa plausible, pero se tergiversa, se ignora, se pisotea en muchas partes y en muchos Estados del mundo. Reconocer, respetar y garantizar los derechos de todos los seres humanos sería un avance en la evolución de la humanidad, pero también ha sido imposible: seguimos imponiéndole a nuestros hijos las creencias religiosas, en lugar de dejarlos que ellos asuman sus propios credos por sí mismos, seguimos discriminándonos por origen étnico, por color de la piel; no hemos aprendido a pensar por nosotros mismos, a ser críticos en vez de obedecer ciegamente a los caudillos, no sabemos escoger a quienes nos pueden representar en organismos de dirección. Entre ignorantes no podremos construir un mundo mejor.

Expertos en leyendas, en mitología, intérpretes de la Biblia y de otros textos “sagrados” se inventan nuevas religiones, argumentando que, cada una de ellas es la verdadera. Otros personajes avivatos, menos creyentes, se roban las riquezas de la población mediante truculencias corruptas, considerando que “el mundo es de los vivos, no de los bobos” y así es como el 1% de la población mundial ya se apoderó del 90% de las riquezas de la tierra. También se han inventado los valores, es decir, cómo debemos actuar los humanos para ser ejemplos de vida: honestidad, ética, honradez, veracidad, justicia, respeto, etc., pero todo esto se ha tirado al basurero. Seguimos enfrascados en la búsqueda del significado y práctica del concepto de democracia verdadera, pero ni siquiera hemos entendido las ideas de Aristóteles sobre este tema.

Así, pues, nunca podremos vivir en paz, en igualdad y con justicia social, aunque hayamos evolucionado durante miles de años.

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