martes 11 Ago 2026
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FIESTAS QUE NOS AFLIGEN

23 junio 2025 9:54 pm
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Las fiestas aniversarias de Calarcá deberían ser nuestras fiestas, no de otras personas; un encuentro entre quienes nacimos aquí, o llegaron a vivir, para celebrar el privilegio de compartir el territorio que llamamos Calarcá, lugar y palabra que palpitan en nuestros corazones y no se repiten en los mapas del mundo; un evento cultural pleno, integral, para celebrar la vida siendo quienes y cómo somos, para recrearnos y reconocernos fortaleciendo vínculos familiares y amistosos que generan esa amable sensación de identidad y sentirnos parte de “la tierra de uno”.

Pero no, desde hace mucho son “negocio” de otros, bullicio superficial que aturde, sin sentido, de mal gusto, dominado por prácticas que dañan la naturaleza y a las personas. Creímos que la administración del “Calarcá Renace” iba a hacer algo, un poco al menos, pero, al contrario, amplía tiempos y espacios para el ruido y el desenfreno, resta momentos a la Cultura, invierte más en promover el negocio del turismo con mentiras que maquillan la realidad local presentándola “atractiva” en el mercado, para que venga más gente. ¿Cuándo nuestras fiestas se convirtieron en un espectáculo para mostrar y “vender” a otros? Se entrega el municipio a intereses privados, extraños la mayoría, que se lucran vendiendo licor y chucherías, promoviendo el desenfreno y que poco o nada positivo nos dejan.

Debemos recuperar y recrear las fiestas con actividades, propósitos y valores, que respondan mejor a la realidad y necesidades de nuestra comunidad, que promuevan nuevos sentidos para la vida a partir de conocer mejor el territorio y su historia, de la amistad, la solidaridad, las expresiones culturales propias, el deporte, la pertenencia, el civismo y la responsabilidad ambiental. Que garanticen beneficio sociales, culturales y económicos para la gente de aquí.

No más esta burda exaltación del “chupe”, el ruido, el consumismo, el escándalo, el maltrato a los animales y el mal gusto, expresiones propias de la una “narco-cultura” que tratan de imponer oscuros visitantes que llenan las calles con sus carros de lujo, vidrios polarizados y cabalgatas urbanas, ostentando poder económico y despilfarro que indignan ante la situación de tantas otras personas que buscan mitigar miseria y hambre con los desperdicios que los borrachos tiran a la basura. De este tipo de “fiestas” solo nos queda el olor indefinido de una sociedad que se descompone, montañas de basura y una vaga sensación de vergüenza.

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