Los colombianos nos acostumbramos a vivir en medio de la violencia, la división y la desigualdad. En disputas por el poder entre conservadores y liberales, entre uribistas y antiuribistas, entre derecha e izquierda, que solo nos han dejado muerte, sufrimiento, y odio. La unión y la paz se ha convertido en una utopía.
La única que logra unirnos momentáneamente es la selección de futbol que recibe el apoyo mayoritario cuando participa en torneos internacionales. Con la ilusión de triunfos y campeonatos que nos eleven el orgullo y el sentido de pertenencia.
La selección ha contado con dos generaciones de jugadores de altísima calidad, que se han destacado en los mejores equipos europeos o suramericanos, como la de la década de los 90 y la actual, que lograron invictos de 27 y 28 partidos jugando contra las mejores selecciones del mundo y venciendo a los campeones mundiales Alemania, Francia, España, Brasil y Argentina. Lo que generó grandes expectativas de títulos.
En el mundial de 1994 Colombia llegó como favorita. Sin embargo, fue la primera eliminada. Perdimos por agrandados, disputas internas, actos de indisciplina y complacencia del cuerpo técnico al que le faltó manejo del grupo. En la Copa América del 2024 era la máxima favorita, pero siendo superior perdió la final ante Argentina. Les faltó concentración, jerarquía, carácter y hambre de gloria.
En las actuales eliminatorias para el mundial del 2026, se repite la historia, tiene todo para ser primera o segunda, pero esta de sexta y aún no ha clasificado. Solo juegan bien cuando quieren y ante los grandes rivales, pero juegan mal y con displicencia ante rivales inferiores.
El viernes pasado tuvo todo para ganarle al actual campeón del mundo, de la copa América y el primero de las eliminatorias en su estadio Monumental de Buenos Aires, después de 32 años; pero de nuevo perdió la oportunidad. Argentina tenia un jugador menos y jugaba mal, y Colombia en vez de seguir jugando como lo hizo en el primer tiempo, retrocedió y dedicó a defenderse y para quemar tiempo con ingenuidad Lucumí se tiró al piso fingiendo una lesión. El arbitro no paró el partido y por ese espacio Argentina logró el empate. Los argentinos reconocieron la superioridad del rival y que debieron haber ganado; pero que Colombia les regaló la igualdad.
Juegan bien, se destacan y ganan campeonatos en equipos extranjeros, porque les exigen el 100% y son bien orientados y les enseñan a trabajar por el éxito colectivo y no individual. En la selección juegan mal, relajados y sin ganas porque no hay exigencia. Por eso los llaman pechos fríos.
La historia demuestra que no aprenden las lecciones, y no se corrigen los errores. Para superarlos hay que conseguir entrenadores de calidad, trayectoria y autoridad, que convoque a los mejores y no ha jugadores suplentes y sin ritmo de competencia. Que exijan una excelente preparación física para que jueguen con intensidad, velocidad y movilidad, donde todos defiendan y ataquen.
También, deben tener una adecuada preparación mental para mejorar la actitud, la confianza, la mentalidad ganadora y campeona. Que sepan controlar el temperamento y las emociones, para mantener la concentración todo el partido. No se pueden seguir perdiendo partidos en los últimos minutos por desconcentración o por nervios e inseguridad al cobrar tiros desde los 12 pasos.
Lo mismo pasa con la conducción del país. Nos conformamos con resultados mediocres porque elegimos o reelegimos a gobernantes y legisladores corruptos e ineptos. Colombia tiene la extensión, la ubicación, las riquezas naturales y el potencial humano para ser un país desarrollado con el mismo nivel de vida de Estados Unidos o de Europa.
No se justifica que solo tengamos un ingreso per cápita de 6.850 dólares anuales, mientras países pequeños y sin las riquezas nuestras como Uruguay, Panamá y Costa Rica tienen ingreso per cápita de más de 10.000 dólares. Y Corea del Sur que solo tiene la 10 parte de la extensión nuestra, sea un país desarrollado con un ingreso per cápita de 34.165 dólares. Lo que demuestra que este país ha sido muy mal administrado y los colombianos no exigimos y presionamos para que lo administren bien.
Tenemos todo para ser campeones y un mejor país, solo nos falta elegir a los mejores a los más capaces e íntegros, dejar el egoísmo, trabajar unidos y en equipo para lograrlo.
P.S. La socióloga Ana María Cuesta, directora del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá, muere a los 39 años porque la EPS FAMISANAR no cumplió con un fallo de tutela y no le suministró un costoso medicamento esencial para el tratamiento de su enfermedad. ¿Quién responde por este homicidio? La Fiscalía debe investigar y condenar a los culpables.